Las uñas de los pies crecen despacio, así que no hace falta cortarlas cada semana. Lo habitual es recortarlas cada dos o tres semanas, un ritmo que evita roturas y uñas encarnadas. Cortarlas demasiado a menudo o dejarlas demasiado cortas suele traer más problemas que beneficios. La forma del corte importa tanto como la frecuencia para mantener los pies sanos.
¿Cada cuánto crecen las uñas de los pies?
Las uñas de los pies crecen mucho más despacio que las de las manos. Avanzan alrededor de un milímetro al mes, frente a los tres milímetros de las uñas de las manos. Por eso no necesitan el mismo mantenimiento.
Con ese ritmo, un corte cada dos o tres semanas suele ser suficiente. Algunas personas necesitan hacerlo cada mes y otras con algo más de frecuencia. La referencia práctica es cortarlas cuando el borde libre empieza a rozar el calzado.
¿Qué dice la ciencia sobre el corte y las uñas encarnadas?
La uña encarnada aparece cuando el borde de la uña se clava en la piel del dedo. Duele, se inflama y puede llegar a infectarse. La forma de cortar es uno de los factores que más influye.
Según un estudio publicado en Archives of Dermatological Research en 2024, el corte inadecuado de las uñas multiplicó por siete el riesgo de sufrir una uña encarnada. El trabajo comparó a 130 personas afectadas con otras tantas sanas. Ese respaldo confirma que la técnica del corte no es un detalle menor.
¿Cómo cortar las uñas de los pies correctamente?
La regla básica es cortar recto y sin apurar. Redondear las esquinas favorece que el borde crezca hacia dentro y se clave en la piel. Un corte cuidadoso previene la mayoría de los problemas.
Estas pautas ayudan a hacerlo bien:
- Corta la uña recta, sin curvar los laterales.
- Deja un pequeño borde blanco visible, sin apurar hasta la piel.
- Usa un cortaúñas limpio y de punta recta, mejor que tijeras curvas.
- Lima las esquinas con suavidad para quitar solo los picos.
- Corta después de la ducha, cuando la uña está más blanda.

¿Por qué el cuidado incorrecto causa problemas?
Cortar demasiado corto deja el dedo sin la protección natural de la uña. La piel del lateral queda expuesta y el borde nuevo crece contra ella. Ahí empieza la uña encarnada.
El calzado añade presión y agrava el problema. Los zapatos estrechos o de punta cerrada empujan los dedos y clavan la uña. Otros factores como el exceso de sudor o una higiene deficiente favorecen la infección. Puedes conocer más sobre esta inflamación en esta guía sobre los síntomas del uñero y cómo curarlo.
¿Cuándo conviene acudir al podólogo?
El corte casero funciona bien mientras las uñas están sanas. Pero hay situaciones que requieren manos expertas. Una uña que se clava y duele no debe recortarse en casa, porque el intento suele empeorarla.
Conviene acudir al podólogo o al médico si aparece dolor persistente, enrojecimiento, hinchazón o pus alrededor de la uña. También si la uña cambia de color, se engrosa, se vuelve quebradiza o se despega, ya que puede indicar un hongo u otra alteración. Las personas con diabetes o mala circulación deberían dejar el cuidado de sus uñas en manos de un profesional, ya que cualquier herida en el pie se complica con más facilidad.
Este contenido tiene fines informativos y no sustituye la evaluación de un profesional sanitario. Ante uñas encarnadas o cambios en su aspecto, acude a tu podólogo o médico.









