La tendinitis es la inflamación de un tendón, esa estructura fibrosa que une el músculo al hueso. Aparece cuando la zona se somete a esfuerzos repetidos o gestos bruscos, y provoca dolor al mover la parte afectada. Es una de las lesiones más frecuentes en oficinas, deportistas aficionados y personas que trabajan con las manos.
Por qué se inflama el tendón
El tendón funciona como un muelle que transmite la fuerza del músculo al hueso. Cuando el gesto se repite miles de veces sin descanso, las fibras se micro-rompen y se inflaman. El proceso se agrava con la mala postura, el equipo inadecuado o la falta de calentamiento previo.
Factores como la edad, la diabetes tipo 2, el colesterol alto y el tabaquismo debilitan los tendones. Por eso la lesión es más común a partir de los 40 años y en quienes descuidan la elasticidad muscular.
Cuáles son las zonas más afectadas
Casi cualquier tendón puede inflamarse, pero algunos concentran la mayoría de los casos. La localización orienta el diagnóstico y también el tratamiento posterior.
- Hombro, sobre todo en el manguito rotador de personas que levantan los brazos con frecuencia.
- Codo, conocido como codo de tenista o de golfista según el lado afectado.
- Muñeca, típica en quienes teclean, cosen o tocan instrumentos.
- Rodilla, con la tendinitis rotuliana o de la pata de ganso en corredores.
- Talón, en el tendón de Aquiles de bailarines y aficionados al running.
La tendinitis de Quervain, en el pulgar, ha crecido mucho por el uso intensivo del móvil. Cada localización tiene sus gestos desencadenantes y sus rutinas de prevención específicas.
Qué síntomas hacen sospechar
El dolor es el signo dominante, pero aparece acompañado de otras molestias que ayudan a identificar el cuadro. Estas son las señales más habituales.
- Dolor localizado que empeora con el movimiento y mejora en reposo.
- Sensibilidad al presionar directamente sobre el tendón.
- Rigidez matinal que cede tras unos minutos de actividad.
- Hinchazón leve y a veces enrojecimiento en la zona.
- Sensación de crujido o roce al mover la articulación.
La debilidad progresiva y la limitación del movimiento aparecen si el cuadro no se atiende. Los síntomas suelen agudizarse por la noche o tras horas de actividad repetida.
Qué respalda la ciencia sobre su frecuencia
Según datos publicados por la Organización Mundial de la Salud, los trastornos musculoesqueléticos afectan a cerca de 1.700 millones de personas en el mundo, y las tendinopatías figuran entre las causas más frecuentes de consulta ortopédica. La incidencia crece con el envejecimiento poblacional y el trabajo sedentario prolongado.
La mayoría de los casos se resuelven con medidas conservadoras en menos de seis semanas. Solo una minoría requiere infiltraciones o cirugía.
Qué hacer en los primeros días
El protocolo inicial se resume en la sigla RICE: reposo, hielo, compresión y elevación. Aplicar frío durante 15 a 20 minutos, tres o cuatro veces al día, reduce el dolor y la hinchazón en las primeras 48 horas. Conocer más sobre las causas de la tendinitis y sus tipos ayuda a identificar los gestos que están provocando el cuadro.
Evitar el movimiento que desencadenó el problema es clave. El reposo total no está recomendado, pero sí modificar la rutina para no sobrecargar la zona.

Qué ejercicios ayudan durante la recuperación
Una vez que baja la inflamación aguda, el movimiento controlado acelera la curación. Los estiramientos suaves y el fortalecimiento progresivo devuelven la funcionalidad al tendón.
- Estiramientos suaves de 20 a 30 segundos, sin llegar al dolor.
- Ejercicios excéntricos, muy efectivos en tendones de Aquiles y rótula.
- Movimientos isométricos con carga ligera para reactivar el músculo.
- Automasaje con pelota de tenis en la zona muscular asociada.
- Trabajo de movilidad articular sin resistencia durante 5 a 10 minutos.
La fisioterapia con ultrasonido, ondas de choque o electroestimulación acelera los resultados. Cada tendón responde mejor a técnicas específicas que un profesional puede indicar.
Cuándo el dolor exige revisión
No todo dolor articular es tendinitis, y no todos los casos responden al reposo casero. Algunas señales indican que la evaluación médica no puede posponerse.
- Dolor intenso que impide el uso normal de la extremidad.
- Hinchazón que no cede después de una semana con hielo.
- Fiebre o enrojecimiento marcado sobre la articulación.
- Sensación de crujido brusco tras un esfuerzo, con incapacidad inmediata.
- Recaídas frecuentes en el mismo tendón cada pocas semanas.
El médico puede solicitar ecografía o resonancia magnética para confirmar el diagnóstico. En casos rebeldes, una infiltración con corticoide o plasma rico en plaquetas resuelve el cuadro.
Cómo prevenir nuevos episodios
La mejor defensa es el hábito diario. Calentar 5 o 10 minutos antes de cualquier actividad, hacer pausas de 2 minutos cada hora frente al ordenador y adaptar la silla, el ratón y el teclado a la altura correcta reducen mucho el riesgo. Fortalecer la musculatura complementaria y mantener el peso corporal en rangos saludables protege los tendones a largo plazo, y un episodio bien tratado suele resolverse en 3 a 6 semanas sin secuelas.
Este contenido tiene fines informativos y no sustituye la evaluación médica. El dolor persistente o intenso en un tendón requiere valoración por un ortopedista o fisioterapeuta para descartar lesiones mayores y ajustar el tratamiento.









