COVID-19 en niños: síntomas y cómo tratar

Aunque es menos frecuente que en adultos, los niños también pueden desarrollar COVID-19. Sin embargo, los síntomas parecen ser menos severos que en los adultos, siendo más comunes la aparición de fiebre, tos, cansancio, cambios en la piel y diarrea, por ejemplo.

Aun así, algunos niños pueden tener una infección más grave, conocida como síndrome inflamatorio multisistémico pediátrico, que puede causar síntomas más graves, como fiebre muy alta, vómitos y dolor abdominal intenso. 

Siempre que exista sospecha de COVID-19, se debe llevar al niño al pediatra para que realice una evaluación más completa y seguir las mismas precauciones que los adultos, como lavarse las manos con frecuencia y mantener la distancia social, ya que pueden transmitir el COVID-19 a otras personas de mayor riesgo, como los padres o los abuelos.

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Principales síntomas

Los síntomas del COVID-19 en niños son:

  1. Fiebre por encima de 38 ºC;
  2. Escalofríos;
  3. Tos persistente;
  4. Rinitis aguda (coriza)
  5. Dolor de cabeza;
  6. Disminución del olfato y gusto;
  7. Dolor de garganta;
  8. Náuseas y vómitos;
  9. Diarrea;
  10. Cansancio excesivo;
  11. Malestar general;
  12. Disminución del apetito.

Los síntomas duran entre 6 y 21 días y son semejantes a los de cualquier otra virosis y, por esta razón, también pueden estar acompañados de algunas alteraciones gastrointestinales, como dolor abdominal, diarrea o vómitos, por ejemplo. Conozca más sobre los síntomas de una virosis.

Al contrario de los adultos, la falta de aire normalmente no es común en los niños y, además, es posible que estos puedan estar infectados y no presentar síntomas.

Síndrome inflamatorio multisistémico

El síndrome inflamatorio multisistémico es una alteración de la COVID-19 que se ha visto principalmente en niños. Este síndrome provoca una inflamación generalizada, que puede afectar al corazón, los pulmones, la piel, el cerebro y los ojos. En estos casos, los síntomas de la COVID-19 suelen ser más intensos. Conozca qué es y cómo se realiza el tratamiento del síndrome inflamatorio multisistémico.

Alteraciones en la piel pueden ser más comunes en niños

Es posible que el COVID-19 en los niños cause con mayor frecuencia síntomas como fiebre alta persistente, enrojecimiento de la piel, hinchazón y labios secos o agrietados, similares a la enfermedad de Kawasaki.

Además, se han reportado casos de "dedos de covid" en niños, que se caracterizan por un cambio en el color de la piel del dedo, que puede volverse morado o rojo, además de la aparición de bultos, dolor intenso, picazón, ampollas e hinchazón. 

Cuándo llevar al niño al médico

Aunque el COVID-19 en niños parece ser menos severo, es muy importante que todos los niños con síntomas sean evaluados para aliviar las molestias de la infección e identificar su causa.

Se recomienda la evaluación por el pediatra a todos los niños con:

  • Menos de 3 meses de edad con fiebre por encima de 38 ºC en bebés;
  • Bebés entre 3 a 6 meses de edad con fiebre por encima de 39 ºC;
  • Fiebre que dura por más de 5 días;
  • Dificultad para respirar;
  • Labios y rostro con coloración azulada;
  • Dolor o presión fuerte en la región del pecho o abdomen;
  • Pérdida considerable del apetito;
  • Alteración del comportamiento normal;
  • Fiebre que no mejora con el uso de medicamentos indicados por el pediatra.

Asimismo, los niños cuando están enfermos tienen una mayor tendencia a deshidratarse debido a la pérdida de agua por el sudor y la diarrea; por esta razón, es importante consultar a un médico si existen síntomas de deshidratación como ojos hundidos, disminución de la cantidad de orina, boca seca, irritabilidad y llanto sin lágrimas. Conozca otros signos que pueden indicar deshidratación en los niños.

Cómo se realiza el tratamiento

Hasta el momento no existe un tratamiento específico para la COVID-19, por lo que el tratamiento incluye el uso de medicamentos para aliviar los síntomas y evitar que la infección empeore, como paracetamol para bajar la fiebre; antibióticos, si hay riesgo de infección pulmonar y medicación para aliviar otros síntomas como la tos o secreción nasal, por ejemplo.

En la mayoría de los casos, el tratamiento puede hacerse en casa, manteniendo al niño en reposo, con una buena hidratación y administrando los medicamentos recomendados por el pediatra. Sin embargo, también hay situaciones en las que se puede recomendar la hospitalización, especialmente si el niño tiene síntomas más graves, como falta de aire y dificultad para respirar, o si tiene antecedentes de otras enfermedades que facilitan el empeoramiento de la infección, como diabetes o asma.

Cómo proteger al niño contra el COVID-19

Los niños deben seguir el mismo cuidado que los adultos para prevenir el COVID-19, que incluye:

  • Lavarse las manos regularmente con agua y jabón, especialmente después de estar en lugares públicos;
  • Mantener el distanciamiento de otras personas, especialmente de las personas mayores;
  • Utilizar mascarilla de protección individual, en niños a partir de 2 años;
  • Evitar tocarse la cara con las manos, especialmente la boca, la nariz y los ojos;

Estos cuidados deben estar incluidos en el día a día del niño, ya que además de protegerlo frente al virus, también ayudan a reducir su transmisión, evitando que llegue a personas de mayor riesgo.

Vacuna contra el COVID-19 en niños

El Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC por sus siglas en inglés) recomiendan la primera dosis de la vacuna COVID-19 (Pfizer o Moderna) para todos los niños a partir de los 6 meses de edad hasta los 4 años. Entre los 5 y 11 años se recomienda la primera dosis y el refuerzo de la vacuna y los niños a partir de los 12 años en adelante, se recomienda la primera dosis y los dos refuerzos.

La vacuna COVID-19 para niños no solo reduce el riesgo de contraer la infección, sino principalmente reduciendo las posibilidades de desarrollar una forma grave de la enfermedad.

Los tipos de vacuna, dosis y tiempo entre cada aplicación varia de un país a otro, por lo que es importante mantenerse atento a la información indicada por las autoridades de salud de su país.