Septicemia: qué es, síntomas, causas y tratamiento

La septicemia es una respuesta inflamatoria exagerada del organismo ante una infección causada por bacterias, hongos o virus, que puede provocar alteraciones en el funcionamiento de los órganos.

También conocida como septicemia generalizada, esta condición puede causar síntomas como fiebre, presión arterial baja, respiración acelerada y confusión, aunque estos pueden variar según la gravedad de la infección, el microorganismo causante y el estado general de salud de la persona.

Debido a que se trata de una condición grave, es importante acudir de inmediato al hospital ante la sospecha de septicemia para confirmar el diagnóstico e iniciar el tratamiento adecuado, reduciendo así el riesgo de complicaciones, como choque séptico

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Principales síntomas 

Los síntomas de la septicemia son:

  • Dolor de cabeza y fiebre alta;
  • Escalofríos o temblores;
  • Respiración rápida o sensación de falta de aire;
  • Sudoración excesiva;
  • Mareos o aturdimiento;
  • Pérdida del apetito;
  • Cansancio intenso;
  • Cambios en el estado mental, como confusión o dificultad para pensar con claridad.

Cuando la septicemia no se trata de manera oportuna, la condición puede agravarse y evolucionar a un choque séptico, una complicación grave.

Choque séptico

El choque séptico es una complicación muy grave de la septicemia que ocurre cuando la presión arterial disminuye de forma repentina y significativa.

Como consecuencia, órganos vitales como el cerebro, el corazón, los pulmones, los riñones y el hígado no reciben suficiente sangre y oxígeno, lo que puede comprometer su funcionamiento y aumentar el riesgo de muerte.

Los síntomas del choque séptico suelen indicar que el organismo ya no está recibiendo suficiente oxígeno en los órganos vitales e incluyen somnolencia profunda o dificultad para mantenerse despierta, confusión intensa o cambios importantes en el estado mental, además de tener dificultad o incapacidad para mantenerse de pie.

Ante estos síntomas, es fundamental buscar atención médica de emergencia de forma inmediata.

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Diferencia entre septicemia y sepsis

Aunque en la práctica clínica muchas veces se usan como sinónimos, existe una diferencia técnica entre septicemia y sepsis.

La septicemia ocurre cuando las bacterias entran en el torrente sanguíneo y provocan una infección en la sangre, es decir, un envenenamiento de la sangre.

En cambio, la sepsis es una respuesta intensa y descontrolada del cuerpo frente a una infección, que puede provocar daño en los tejidos, falla de órganos y, en los casos más graves, la muerte.

Sin embargo, aunque existe una diferencia técnica entre ambos términos, suelen utilizarse para describir una afección grave que requiere atención médica urgente, por lo que en algunos sistemas de salud se está dejando de usar el término septicemia y se prefiere emplear únicamente sepsis.

Posibles causas

La septicemia puede desarrollarse a partir de una infección, como una infección urinaria, intestinal o una neumonía, y es más frecuente en niños y adultos mayores, ya que suelen tener un sistema inmunológico más vulnerable.

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Además, las personas con quemaduras o heridas graves, que utilizan dispositivos invasivos, como sondas intravenosas o endotraqueales, o que tienen el sistema inmunológico debilitado debido a enfermedades como el VIH, tratamientos contra el cáncer o el uso de corticoides, también presentan un mayor riesgo de desarrollar septicemia.

Asimismo, el riesgo es mayor en personas con enfermedades crónicas, como diabetes, enfermedad renal o enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), así como en aquellas que permanecen hospitalizadas durante períodos prolongados, especialmente en unidades de cuidados intensivos, o que han recibido tratamiento con antibióticos en los últimos 90 días.

Cómo se realiza el diagnóstico

El diagnóstico de la septicemia debe realizarse en el hospital por un médico, quien primero evalúa los signos y síntomas que presenta la persona.

Para confirmar el diagnóstico, el médico puede medir la presión arterial y solicitar análisis de sangre, estudios de la función hepática y análisis de orina.

Además, se recomienda realizar un hemocultivo para identificar el microorganismo responsable de la infección, junto con pruebas de sensibilidad y resistencia a los antibióticos, lo que permite definir el tratamiento más adecuado.

También pueden solicitarse pruebas de imagen, como radiografías, ecografías, tomografía computarizada (TAC) o resonancia magnética, para identificar el foco de la infección y evaluar la extensión del daño en los órganos.

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Cómo se realiza el tratamiento

El tratamiento de la septicemia debe realizarse en el hospital, iniciarse lo antes posible y llevarse a cabo bajo la supervisión de profesionales de la salud con experiencia en el manejo de personas en estado crítico, siendo fundamental durante todo el proceso mantener la estabilidad de la presión arterial.

Dado que la mayoría de los casos son causados por bacterias, el tratamiento suele iniciarse con antibióticos para controlar la infección.

Una vez obtenido el resultado del hemocultivo, el médico puede ajustar el tratamiento, utilizando antibióticos más específicos según el microorganismo identificado o adaptándolo al agente infeccioso detectado, en caso de que se trate de hongos, virus u otros microorganismos.

Posibles complicaciones

Las principales complicaciones de la septicemia incluyen:

  • Daño en órganos vitales: el cerebro, el corazón, los riñones, los pulmones y el hígado pueden dejar de recibir suficiente sangre, lo que puede afectar gravemente su funcionamiento.
  • Coágulos sanguíneos anómalos: pueden formarse coágulos de manera irregular y, junto con la posible ruptura de vasos sanguíneos, dañar los tejidos del cuerpo.
  • Choque séptico: ocurre cuando la presión arterial desciende de forma importante y repentina, lo que reduce aún más el flujo de sangre a los órganos.
  • Alto riesgo de muerte: cuando el daño es severo, especialmente en el choque séptico, el riesgo de mortalidad aumenta de forma significativa.
  • Mayor riesgo de infecciones futuras: después de un episodio grave, el organismo puede quedar más vulnerable a nuevas infecciones.

Estas complicaciones suelen aparecer cuando la septicemia generalizada progresa y el flujo de sangre a los órganos se ve comprometido de forma importante, por lo que el reconocimiento y tratamiento temprano son fundamentales para reducir el riesgo de evolución grave.