Cada riñón contiene alrededor de un millón de filtros microscópicos que depuran la sangre sin descanso. La sal que sobra en la dieta los somete a una presión que no estaba prevista, y el daño avanza durante años sin dar la cara. Reducirla no es solo cuestión de tensión arterial: hay ensayos que midieron directamente lo que ocurre dentro de ese filtro.
¿Qué le hace el exceso de sal al glomérulo?

El glomérulo es un ovillo de capilares que trabaja a presión. Cuando sobra sodio, el organismo retiene agua, aumenta el volumen circulante y esa presión se transmite hacia dentro del ovillo. El filtro pasa entonces a un régimen de hiperfiltración, que a corto plazo compensa la carga y a largo plazo desgasta la estructura de forma irreversible.
La consecuencia visible es el escape de proteína a la orina. Ese escape no es solo un marcador: la propia proteína que atraviesa el filtro irrita el tejido de alrededor y acelera la cicatrización. Es uno de los mecanismos centrales en varias enfermedades del sistema urinario.
Lo que comparó un ensayo entre la dieta y un segundo fármaco
La pregunta era práctica y algo incómoda. Un ensayo cruzado y aleatorizado publicado en el BMJ en 2011 siguió a 52 pacientes con enfermedad renal no diabética, todos ya tratados con un inhibidor de la enzima convertidora a dosis máxima. Cada participante pasó por cuatro periodos de seis semanas combinando dieta baja en sodio o dieta habitual, con un segundo fármaco o con placebo.
El orden de los resultados sorprendió. Bajar la sal redujo la pérdida de proteína un 51%, frente al 21% que aportó añadir el segundo medicamento. La combinación de ambas medidas llegó al 62%, así que el cambio de dieta no funcionó como un complemento menor, sino como la intervención más potente de las dos comparadas.
¿Cuáles son los cinco cambios que más rinden?
No hace falta renunciar al sabor de la comida. Estos cinco ajustes concentran casi todo el beneficio:
- Leer la etiqueta buscando sal, no sodio. Si solo figura el sodio, hay que multiplicarlo por 2,5. Por encima de 1,25 gramos de sal por cada 100 es un producto salado
- Cambiar el pan habitual. Es la principal fuente de sal en España, no por concentración sino por cantidad diaria
- Escurrir y enjuagar las conservas. Pasar por agua las legumbres de bote elimina una parte importante del sodio del líquido
- Sustituir con ácido y aromáticos. Limón, vinagre, ajo, pimentón y hierbas rellenan el hueco que deja la sal en el paladar
- Vigilar los salados que no saben salados. Embutidos, quesos curados, pastillas de caldo, salsas y aceitunas suman más que el salero
El paladar se reajusta en unas ocho semanas, así que la bajada gradual funciona mejor que el recorte brusco que acaba en abandono.
¿De dónde viene realmente la sal que se come?
Aquí está el malentendido más extendido. El salero de la mesa y el que se añade al cocinar aportan una parte pequeña del total, mientras que alrededor de tres cuartas partes llegan ya incorporadas en alimentos procesados. Quien retira el salero y no toca el resto apenas mueve la aguja al cabo del día.
El objetivo de referencia son menos de 5 gramos de sal al día, unos 2 gramos de sodio. El consumo medio en España casi duplica esa cifra, así que el margen de mejora es amplio incluso sin llegar a las dietas estrictas de los ensayos clínicos.
¿Cómo se sabe si el filtro está funcionando bien?

El riñón no duele mientras se deteriora, así que la única vía es la analítica. Dos datos bastan para una primera aproximación: el valor de creatinina en sangre, del que se calcula el filtrado glomerular estimado, y la presencia de albúmina en una muestra de orina.
La albúmina en orina suele alterarse antes que la creatinina, así que pedir ambas juntas detecta el problema en una fase más tratable. Una tira reactiva de farmacia orienta, pero no sustituye esa medición de laboratorio ni permite calcular el filtrado.
¿Quién debería extremar la precaución?
Conviene ser más estricto con diabetes, hipertensión, obesidad, antecedentes familiares de diálisis o uso prolongado de antiinflamatorios. Un aviso concreto para ese grupo: los sustitutos de la sal que reemplazan sodio por potasio están desaconsejados cuando existe enfermedad renal, porque el riñón dañado elimina mal ese mineral y puede acumularse hasta niveles peligrosos. Ante hinchazón de tobillos, orina espumosa o cambios en la cantidad diaria, merece la pena revisar los síntomas de riñones inflamados y acudir a consulta.
Este contenido tiene finalidad informativa y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Ninguna dieta debería sustituir el tratamiento pautado para la enfermedad renal o la hipertensión.









