Saber si el peso corporal está dentro de un rango saludable es una pregunta habitual en cualquier revisión médica. La herramienta más extendida en el mundo para hacer esa estimación es el índice de masa corporal, más conocido como IMC. Se calcula en pocos segundos con la altura y el peso, y ofrece una primera orientación sobre el estado nutricional, aunque no cuenta toda la historia.
¿Qué es el IMC y cómo se calcula?
El índice de masa corporal es una fórmula matemática que relaciona el peso con la altura. Se obtiene dividiendo los kilogramos entre la estatura en metros al cuadrado. Por ejemplo, una persona que pesa 70 kilos y mide 1,70 metros tiene un IMC de 24,2, resultado de dividir 70 entre 2,89.
La Organización Mundial de la Salud establece los rangos de referencia para adultos: por debajo de 18,5 se considera bajo peso, entre 18,5 y 24,9 normopeso, entre 25 y 29,9 sobrepeso, y a partir de 30 se habla de obesidad en distintos grados. Estas franjas se usan como cribado poblacional, no como diagnóstico individual.
¿Qué dice la ciencia sobre las limitaciones del IMC?
Un estudio publicado en Diagnostics en 2020 por la Universidad de Córdoba evaluó a 57 hombres jóvenes clasificados según su circunferencia de cintura. Los investigadores compararon marcadores lipídicos y de riesgo cardiovascular entre quienes tenían menos o más de 100 cm de perímetro abdominal.
Los resultados mostraron que el riesgo cardiovascular se multiplica por 2,5 en obesos frente a no obesos, incluso con IMC similares. La conclusión del equipo fue clara: la medida del contorno de cintura funciona como una alternativa sencilla y válida al IMC para detectar personas en riesgo.
¿Por qué el IMC no lo cuenta todo?
El IMC no diferencia entre masa grasa y masa muscular. Un deportista con mucha musculatura puede tener un IMC elevado sin apenas grasa corporal, mientras que una persona sedentaria delgada por fuera puede acumular grasa visceral peligrosa alrededor de los órganos.
Tampoco tiene en cuenta la distribución de la grasa, un factor determinante para la salud metabólica. La grasa acumulada en el abdomen se relaciona con más resistencia a la insulina, hipertensión y enfermedad cardiovascular que la que se deposita en caderas y muslos.
¿Qué otras medidas complementan al IMC?
Las guías clínicas actuales recomiendan combinar el IMC con al menos una medida de adiposidad central. Estas herramientas son accesibles, no requieren aparatos costosos y aportan información valiosa sobre el reparto de la grasa corporal.
Las alternativas más usadas incluyen:
- Circunferencia de cintura, medida a la altura del ombligo con el abdomen relajado.
- Índice cintura-cadera, dividiendo el perímetro de cintura entre el de cadera.
- Índice cintura-altura, un cociente que debería mantenerse por debajo de 0,5.
- Porcentaje de grasa corporal, estimado por bioimpedancia o pliegues cutáneos.
- Fórmula CUN-BAE, desarrollada en España, que incluye edad y sexo.

¿Qué cifras se consideran de referencia para la cintura?
La Federación Internacional de Diabetes fija umbrales de riesgo elevado en 94 cm para hombres europeos y 80 cm para mujeres europeas. La American Heart Association eleva el corte masculino a 102 cm. Superar estos valores se asocia con un incremento del riesgo metabólico, aunque el IMC esté dentro de la normalidad.
Estos números tienen más peso cuando se acompañan de otros marcadores. Una analítica con perfil lipídico, glucemia y tensión arterial da un retrato más completo que cualquier fórmula aislada. Para profundizar en este tema conviene revisar la tabla completa de rangos por edad y comparar con la propia situación.
¿Qué hacer si los números no encajan con lo esperado?
Los resultados de una fórmula nunca deberían leerse en solitario. Factores como la edad, el sexo, la etapa vital, la genética, el nivel de actividad física y las patologías previas modifican por completo la interpretación. Un IMC de 26 en una persona mayor con buena movilidad no implica lo mismo que en un adulto joven sedentario. Del mismo modo, una cintura ligeramente por encima del umbrale puede convivir con un excelente estado cardiometabólico si la analítica y la forma física acompañan.
El propio concepto de peso ideal ha evolucionado. Hoy se habla más de peso saludable, un rango en el que la persona se encuentra bien, mantiene buenos parámetros clínicos y puede vivir con energía. Perseguir una cifra concreta sin considerar el resto puede llevar a decisiones poco acertadas para la salud física y emocional.
Este contenido tiene finalidad informativa y no sustituye la valoración de un profesional. Si tienes dudas sobre tu peso, la composición corporal o el riesgo cardiovascular, consulta con tu médico de familia o con un dietista-nutricionista colegiado que evalúe tu situación completa.









