El poleo menta cierra miles de comidas cada día en España.
Su fama de digestivo se apoya en el mentol y en otros aceites esenciales que relajan la musculatura del estómago y del intestino. Pero la planta arrastra también un compuesto llamado pulegona que obligó a la Agencia Europea de Medicamentos a fijar límites en 2016.
Dónde está exactamente ese límite, y por qué la infusión y el aceite esencial no se parecen en nada, se explica más abajo.
El poleo, Mentha pulegium, es una menta silvestre que crece en zonas húmedas de la península ibérica y que se seca para preparar infusiones. En muchas herboristerías se vende mezclado con hierbabuena o menta piperita, y la etiqueta poleo menta designa a veces la mezcla y no la especie botánica pura.
Qué alivia realmente una taza después de comer

El efecto que la gente nota tiene una base fisiológica identificable. Los aceites esenciales de las mentas actúan como antiespasmódicos, es decir, reducen las contracciones excesivas del músculo liso digestivo y con ellas el retortijón y la sensación de plenitud.
A eso se suma un efecto carminativo que facilita la salida de los gases. Lo que la infusión no hace es acelerar la digestión de las grasas ni compensar una comida copiosa, y el motivo por el que conviene medir la cantidad, como muestran los documentos oficiales más adelante, poco tiene que ver con el mentol.
La pulegona, el compuesto que obliga a poner límites
El poleo es la menta con mayor contenido en pulegona, una molécula que el hígado transforma en mentofurano. Ese metabolito es hepatotóxico y está detrás de los casos graves descritos en la literatura médica, casi todos asociados a la ingestión de aceite esencial concentrado, no a la infusión.
El Panel científico sobre aditivos alimentarios, aromatizantes, auxiliares tecnológicos y materiales en contacto con los alimentos de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria publicó su dictamen sobre la pulegona y el mentofurano presentes en los aromatizantes en la revista EFSA Journal, un texto que sirvió de base para regular su presencia en alimentos y bebidas.
Lo que la agencia europea del medicamento pidió en 2016
La revisión más reciente llegó desde el ámbito farmacéutico. El Comité de Medicamentos a base de Plantas actualizó el 27 de julio de 2016 su documento público sobre los medicamentos que contienen pulegona y mentofurano, con referencia EMA/HMPC/258725/2015 Rev.1.
El comité estableció valores límite mediante una evaluación de peso de la evidencia y los calificó de provisionales, porque persisten incertidumbres sobre el mecanismo de la posible carcinogenicidad. Su recomendación fue explícita: mantener la exposición a estos dos compuestos tan baja como resulte prácticamente posible.
Infusión y aceite esencial no juegan en la misma liga

Y aquí está la distinción que cambia todo el panorama. La pulegona es poco soluble en agua caliente, de modo que una taza preparada con hoja seca arrastra una cantidad muy inferior a la que contiene un mililitro de aceite esencial.
Los cuadros de necrosis hepática documentados se produjeron por ingestión de aceite, en dosis que ninguna infusión doméstica alcanza. Una o dos tazas al día de poleo menta preparado con agua no equivalen, ni de lejos, a ese escenario.
Eso no convierte la infusión en agua. Beber varias tazas diarias durante meses, o usar hoja fresca en cantidades generosas, sí acerca la exposición a los umbrales que preocupan a los reguladores. La pauta razonable es tratarla como lo que es: una infusión ocasional después de las comidas, no una bebida de hidratación. Sobre este mismo terreno resulta útil comparar con los beneficios del té de menta, que contiene mucha menos pulegona.
Embarazo, lactancia y los primeros años
Existen situaciones en las que la recomendación deja de ser de moderación y pasa a ser de evitación. Estas son las principales:
- Embarazo, por el efecto abortivo tradicionalmente atribuido al poleo y por el paso de la pulegona al hígado fetal.
- Lactancia, ante la falta de datos de seguridad.
- Lactantes y niños pequeños, en quienes la infusión no debe usarse para los cólicos.
- Enfermedad hepática conocida o tratamientos que sobrecargan el hígado.
- Reflujo gastroesofágico, porque las mentas relajan el esfínter que cierra el esófago y pueden aumentar el ardor.
En este último caso el cambio es sencillo: sustituir la menta por manzanilla o por hinojo, que alivian sin ese efecto sobre la válvula esofágica.
A partir de ahora la etiqueta merece una lectura: si pone Mentha pulegium, la prudencia es mayor que si pone Mentha spicata o Mentha piperita. Alternar infusiones en lugar de repetir siempre la misma reduce la exposición a cualquier compuesto concreto, y guardar la hoja seca en un tarro opaco preserva los aceites esenciales que dan el efecto buscado. Si el ardor aparece justo después de la taza, conviene revisar qué hay detrás de la acidez estomacal antes de seguir tomándola.
Lo que acabas de leer tiene carácter informativo y no equivale a un consejo médico personalizado. Si estás embarazada, das el pecho, tomas medicación crónica o tienes antecedentes hepáticos, consulta antes con tu médico o con el farmacéutico.









