Los adultos deberían consumir menos de 5 gramos de sal al día, equivalentes a menos de 2 gramos de sodio. Esta cantidad incluye tanto la que se añade al cocinar como la presente en panes, embutidos, quesos, conservas, salsas y platos preparados. Reducir el exceso puede ayudar a controlar la presión arterial, aunque la respuesta varía según la edad, la genética y el estado de los riñones.
¿Por qué el sodio puede elevar la presión arterial?
El sodio es un mineral necesario para transmitir impulsos nerviosos, mantener el equilibrio de líquidos y permitir la contracción muscular. El problema aparece cuando la alimentación aporta más del que el organismo necesita de forma habitual.
El exceso de sodio favorece la retención de agua y puede aumentar el volumen de sangre que circula por las arterias. Esto obliga a los vasos sanguíneos, los riñones y el corazón a regular una carga mayor. Algunas personas son especialmente sensibles a este efecto, por lo que su presión responde más a los cambios en la ingesta.
¿Qué muestra la investigación al reducir el consumo?
Según un metaanálisis publicado en Circulation en 2021, la reducción del sodio produjo un descenso progresivo de la presión arterial en estudios experimentales. El trabajo analizó ensayos con personas con y sin hipertensión y observó que el efecto tendía a ser mayor entre quienes ya presentaban cifras elevadas.
Los investigadores encontraron una relación cercana a lineal entre la cantidad reducida y el cambio de la tensión, sin identificar un único punto de respuesta válido para todos. El hallazgo respalda que una menor ingesta puede reducir la presión arterial, pero no significa que retirar la sal sustituya los medicamentos ni otras medidas indicadas por el médico.
¿Cuánta sal representa el límite diario?
La recomendación de menos de 5 gramos se refiere al total consumido durante toda la jornada. Esa cantidad equivale aproximadamente a una cucharadita rasa, pero utilizar esa medida solo sirve como orientación si toda la comida se prepara en casa y no contiene otros productos salados.
La relación entre ambos términos permite hacer conversiones sencillas:
- 1 gramo de sal contiene aproximadamente 400 miligramos de sodio.
- 2,5 gramos de sal equivalen a cerca de 1 gramo de sodio.
- 5 gramos de sal aportan alrededor de 2 gramos de sodio.
- La cantidad del salero debe sumarse a la contenida en todos los alimentos.
El límite está pensado para adultos en general. Los niños necesitan cantidades menores, ajustadas a sus requerimientos energéticos. Las personas con hipertensión, enfermedad renal, insuficiencia cardíaca u otras alteraciones pueden recibir una pauta más específica.

¿Dónde se encuentra el sodio oculto?
Una parte importante no procede de la sal añadida en la mesa, sino de alimentos procesados consumidos con frecuencia. Un producto no necesita tener un sabor intensamente salado para aportar una cantidad considerable. El pan, por ejemplo, puede sumar bastante al total cuando se toma varias veces al día.
Entre las fuentes que conviene vigilar se encuentran:
- Jamón, chorizo, salchichas, fiambres y carnes curadas.
- Quesos curados, fundidos y porciones procesadas.
- Pan de molde, panes industriales, galletas saladas y cereales.
- Conservas, aceitunas, encurtidos y pescados en salazón.
- Sopas instantáneas, cubitos de caldo y fideos preparados.
- Salsa de soja, kétchup, mostaza y aderezos comerciales.
- Pizzas, croquetas, lasañas y otros platos preparados.
- Aperitivos, patatas fritas, frutos secos salados y snacks.
Consultar los alimentos con mayor contenido de sodio puede ayudar a reconocer productos que suman sal aunque no se utilice el salero. Cocinar con ingredientes frescos permite controlar mejor la cantidad total.
¿Cómo se interpreta la sal en las etiquetas?
En España y el resto de la Unión Europea, el etiquetado nutricional de la mayoría de los alimentos envasados muestra la cantidad de sal por 100 gramos o por 100 mililitros. Esta referencia permite comparar dos productos similares sin dejarse confundir por raciones comerciales de tamaños diferentes.
Para calcular cuánto se consume realmente hay que observar también el peso de la porción. Si un alimento contiene 1,2 gramos de sal por cada 100 gramos y se toman 50 gramos, la ingesta será de 0,6 gramos. Si se comen 200 gramos, aportará 2,4 gramos, casi la mitad del máximo diario recomendado.
Algunas etiquetas o aplicaciones pueden indicar sodio en lugar de sal. En ese caso, se multiplica la cantidad de sodio expresada en gramos por 2,5. Por ejemplo, 0,4 gramos de sodio equivalen aproximadamente a 1 gramo de sal. Además de mirar el dato principal, conviene revisar la lista de ingredientes:
- Comparar siempre valores por 100 gramos o 100 mililitros.
- Comprobar el tamaño real de la porción consumida.
- Buscar sal, cloruro sódico, glutamato monosódico y bicarbonato sódico.
- Elegir, entre productos parecidos, el que aporte menos sal.
- No asumir que las versiones artesanales, ecológicas o integrales contienen menos sodio.
Reducir la cantidad sin dejar la comida insípida
Disminuir la sal de manera gradual permite que el paladar se adapte. Puede retirarse el salero de la mesa, aclarar algunas conservas y dar sabor con ajo, cebolla, pimienta, pimentón, limón, vinagre, perejil, orégano o romero. También ayuda limitar salsas comerciales y combinar menos productos salados en una misma comida.
Mantener la ingesta por debajo de 5 gramos diarios puede favorecer el control de la presión arterial, especialmente cuando se acompaña de verduras, frutas, legumbres, actividad física y el tratamiento prescrito. Los sustitutos con potasio no son apropiados para todas las personas y requieren precaución ante enfermedad renal o medicamentos que aumentan este mineral.
Este contenido es únicamente informativo y no sustituye la evaluación médica. La cantidad adecuada puede necesitar ajustes en personas con hipertensión, enfermedad renal, insuficiencia cardíaca o tratamientos específicos.









