La artrosis es un problema frecuente en las articulaciones, sobre todo con la edad. Aparece cuando el cartílago se desgasta y el hueso pierde parte de su amortiguación natural. Esto puede causar dolor articular, rigidez, inflamación leve y dificultad para mover con normalidad rodillas, manos, caderas o columna.
¿Qué ocurre en la articulación cuando aparece artrosis?
La artrosis no es solo “desgaste”. En la articulación cambian varias estructuras a la vez. El cartílago se vuelve más fino, el hueso que está debajo se endurece y pueden formarse osteofitos, conocidos como pequeños picos óseos. Además, la membrana sinovial puede irritarse, lo que aumenta los síntomas y la sensación de rigidez al levantarse o tras pasar tiempo sentado.
El dolor articular suele empeorar con la carga y mejora con el reposo, al menos en fases iniciales. Con el tiempo puede aparecer crujido, pérdida de movilidad y menor fuerza muscular alrededor de la zona afectada. Las articulaciones más afectadas son la rodilla, la cadera, las manos y la columna lumbar o cervical.
¿Qué dice la evidencia sobre el ejercicio y el alivio del dolor?
Una investigación publicada en 2021 evaluó el papel del ejercicio en personas con artrosis. Los resultados apuntaron a una mejoría a corto plazo del dolor y de la función física, aunque la certeza global fue baja y no hubo diferencias claras a más largo plazo. Aun así, el movimiento pautado sigue siendo una de las medidas más útiles para reducir la limitación diaria y mantener la articulación activa, como muestra esta revisión sobre la mejoría del dolor y la función con ejercicio.
Esto encaja con lo que se observa en consulta. El reposo absoluto suele empeorar la rigidez, mientras que el trabajo muscular adaptado mejora la estabilidad, reparte mejor la carga y ayuda a tolerar actividades como caminar, subir escaleras o levantarse de una silla.

¿Cuáles son las causas principales y los factores de riesgo?
La artrosis tiene varias causas y casi siempre se desarrolla por la suma de factores mecánicos y biológicos. La edad aumenta el riesgo, pero no es la única explicación. También influyen el exceso de peso, lesiones previas, movimientos repetidos, debilidad muscular y ciertos antecedentes familiares.
- Edad, por cambios progresivos en el cartílago y el hueso.
- Sobrepeso u obesidad, por mayor carga sobre rodillas y caderas.
- Lesiones articulares previas, como rotura de menisco o ligamentos.
- Trabajo físico repetitivo o deportes de alto impacto mantenidos.
- Alteraciones de alineación, como rodillas en varo o valgo.
- Predisposición genética, sobre todo en manos.
Cuando hay dudas sobre la evolución, puede ser útil revisar los síntomas y opciones de manejo para entender mejor cómo progresa y qué medidas suelen indicarse según la articulación afectada.
¿Qué síntomas comunes pueden alertar de este problema?
Los síntomas suelen empezar poco a poco. El dolor aparece al caminar, cargar peso o usar la articulación durante bastante tiempo. Después puede surgir rigidez matutina breve, sensibilidad al tocar la zona, chasquidos y menor amplitud de movimiento. En fases más avanzadas, actividades simples como abrir un tarro, agacharse o ponerse los zapatos pueden costar más.
- Dolor articular al mover o apoyar.
- Rigidez tras el reposo, sobre todo al iniciar la marcha.
- Inflamación leve o sensación de articulación hinchada.
- Crujidos al flexionar o extender.
- Pérdida de movilidad y menor función.
- Debilidad muscular por evitar el movimiento.
No todos los casos duelen igual. Hay personas con cambios visibles en radiografías y pocas molestias, y otras con dolor importante sin tanto daño estructural. Por eso, el diagnóstico combina exploración física, historia clínica y, cuando hace falta, pruebas de imagen.
¿Qué tratamiento suele recomendarse para controlar la artrosis?
El tratamiento depende de la articulación afectada, la intensidad del dolor y el impacto en la vida diaria. La base suele incluir ejercicio terapéutico, pérdida de peso si existe exceso ponderal, fisioterapia y cambios en la carga mecánica. En algunos casos se añaden analgésicos o antiinflamatorios, siempre valorando riesgos, edad y enfermedades previas.
También pueden usarse férulas, bastón, plantillas o infiltraciones en situaciones concretas. Otra investigación de 2021 observó reducciones del dolor y mejoría funcional con ácido hialurónico en artrosis de rodilla durante 24 semanas, aunque esta opción no se indica igual en todas las personas. Si el daño es avanzado y hay limitación marcada, la cirugía protésica puede considerarse para recuperar función y aliviar el dolor persistente.
¿Cuándo conviene pedir valoración médica?
Conviene buscar valoración si el dolor dura semanas, interrumpe el sueño, limita la marcha o impide tareas básicas. También si una articulación se hincha mucho, se pone roja, hay fiebre o el dolor apareció de forma brusca, porque en esos casos pueden existir otras causas y no solo artrosis.
Un abordaje temprano ayuda a ajustar ejercicio, medicación, peso corporal y medidas de protección articular antes de que la rigidez y la pérdida de función avancen. En este contexto, reconocer los síntomas, medir la movilidad y elegir bien el tratamiento puede cambiar de forma clara el control del dolor y la capacidad para moverse.
Este contenido tiene carácter exclusivamente informativo y no sustituye la evaluación, el diagnóstico ni el seguimiento de un profesional sanitario. Si presentas síntomas o dudas sobre tu estado de salud, busca atención médica.









