Los alimentos con poco sodio facilitan el control de la cantidad de sal consumida durante el día. Frutas, verduras, cereales y legumbres preparados sin sal añadida aportan fibra, vitaminas y minerales útiles para la circulación. Reducir el exceso de sodio puede contribuir a bajar la presión arterial, aunque no sustituye la medicación prescrita ni otros hábitos cardiovasculares.
¿Qué significa que un alimento tenga poco sodio?
El sodio es un mineral necesario para regular los líquidos, transmitir impulsos nerviosos y permitir la contracción muscular. El problema aparece cuando la alimentación aporta más del necesario de forma habitual. El organismo retiene más agua, aumenta el volumen sanguíneo y puede elevarse la presión arterial.
Los alimentos frescos contienen pequeñas cantidades de sodio natural. La mayor diferencia suele estar en el procesamiento. Una pechuga de pollo fresca, por ejemplo, contiene mucho menos que un fiambre de pollo. Lo mismo ocurre al comparar unas lentejas cocidas sin sal con una sopa preparada o un tarro con salmuera.
¿Qué demuestra la ciencia sobre reducir la sal?
Según una revisión sistemática y metaanálisis de ensayos aleatorizados publicada en The BMJ en 2020, disminuir el sodio de la dieta produjo un descenso progresivo de la presión arterial. El efecto fue más pronunciado entre las personas que ya presentaban cifras elevadas, aunque también se observaron cambios en participantes sin hipertensión.
La investigación encontró una relación entre la cantidad de sodio reducida y la disminución de la presión. Esto no significa que sea necesario eliminar por completo la sal. Una reducción gradual, mantenida durante el tiempo y acompañada de una alimentación equilibrada, permite adaptar el paladar y controlar mejor la ingesta diaria.

¿Cuáles son los 7 alimentos con poco sodio?
Las cantidades siguientes son aproximadas y corresponden a alimentos naturales sin sal, salsas ni condimentos comerciales. El contenido puede variar según la variedad, la cocción y el tamaño de la ración. Estos 7 alimentos permiten preparar desayunos, guarniciones y platos completos con una concentración baja de sodio.
- Manzana. Una pieza mediana contiene alrededor de 2 mg de sodio. Puede tomarse entera, asada con canela o cortada en una ensalada, sin necesidad de añadir azúcar.
- Plátano. Una unidad mediana aporta cerca de 1 mg de sodio. Puede combinarse con avena o yogur natural, evitando cereales azucarados y cremas untables saladas.
- Brócoli. Una ración de 100 g contiene aproximadamente 30 mg de sodio. Puede cocinarse al vapor, al horno o salteado con ajo, limón y una cantidad moderada de aceite de oliva.
- Calabacín. Una porción de 100 g aporta alrededor de 8 mg de sodio. Funciona bien en cremas caseras, tortillas, revueltos o como guarnición, siempre que no se cubra con quesos curados o salsas preparadas.
- Patata. Una patata natural contiene muy poco sodio, alrededor de 6 mg por cada 100 g. El contenido cambia al convertirla en patatas fritas, puré instantáneo o aperitivos con sal.
- Avena. Una ración de 40 g de copos naturales suele aportar menos de 5 mg de sodio. Conviene revisar los preparados instantáneos, ya que algunos incluyen sal, azúcar y aromas.
- Lentejas cocidas sin sal. Una ración de 100 g aporta solo unos pocos miligramos de sodio. Las versiones en conserva pueden contener bastante más, aunque escurrirlas y enjuagarlas ayuda a retirar parte de la salmuera.
Estos productos también aportan potasio, fibra o compuestos antioxidantes. No obstante, las personas con enfermedad renal o que toman determinados medicamentos deben consultar antes de aumentar mucho los alimentos ricos en potasio o utilizar sustitutos de la sal que contengan este mineral.
¿Cómo comparar el sodio en la etiqueta nutricional?
En España, la información nutricional de los productos envasados suele mostrar la cantidad de sal por 100 g o por 100 ml. Esta referencia permite comparar dos alimentos similares sin dejarse confundir por tamaños de porción diferentes. Si también se quiere calcular el sodio, puede dividirse la cantidad de sal entre 2,5.
- Compara productos de la misma categoría, como dos panes, dos caldos o dos conservas.
- Revisa primero la columna por 100 g o 100 ml y después la cantidad de la porción que realmente consumirás.
- No des por hecho que un producto integral, ecológico, ligero o bajo en grasa contiene menos sal.
- Comprueba la lista de ingredientes, donde la sal, la salmuera y algunos potenciadores del sabor pueden aparecer entre los primeros puestos.
- Recuerda que “sin sal añadida” no siempre significa que el alimento no contenga sodio de forma natural.
- Elige conservas al natural o con menos sal y enjuaga verduras y legumbres antes de servirlas.
Los embutidos, quesos curados, panes, caldos concentrados, aperitivos, comidas preparadas y salsas pueden aportar una parte considerable de la ingesta diaria. Una alimentación para controlar la hipertensión prioriza productos frescos y utiliza el etiquetado para limitar las fuentes menos evidentes.
Cómo reducir la sal sin perder sabor
Los productos frescos pueden cocinarse con ajo, cebolla, pimienta, pimentón, comino, romero, perejil, limón o vinagre. Asar las verduras, dorar el ajo y añadir hierbas al final intensifica el aroma sin recurrir a cubitos de caldo, salsa de soja o aderezos comerciales. Reducir la sal poco a poco también permite que el paladar se acostumbre.
El control de la presión no depende únicamente de un ingrediente. Mantener un peso adecuado, hacer actividad física, moderar el alcohol y seguir el tratamiento indicado son medidas complementarias. Una dieta basada en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y proteínas poco procesadas reduce el sodio oculto y aporta fibra, potasio y grasas insaturadas beneficiosas para los vasos sanguíneos y el corazón.
Este contenido tiene finalidad informativa y no sustituye la evaluación médica. Las personas con hipertensión, enfermedad renal o tratamiento cardiovascular deben adaptar la ingesta de sodio con un profesional sanitario.









