Llevas tres días con la nariz taponada. Duermes con la boca abierta y gastas un paquete de pañuelos al día. Alguien en casa te recomienda un lavado nasal con suero y te preguntas si sirve o si es solo una costumbre de farmacia. Esta limpieza arrastra la mucosidad acumulada en las fosas nasales e hidrata la mucosa. Además, puede aliviar la congestión nasal de un resfriado, siempre que la técnica sea la correcta.
El suero fisiológico arrastra la mucosidad y humedece la mucosa
El suero fisiológico es una solución de cloruro de sodio al 0,9 %. Su concentración de sal es parecida a la de los líquidos del cuerpo. Entra por un orificio nasal, recorre las fosas y sale por el otro o por la garganta. En el camino se lleva moco espeso, polvo, alérgenos y restos de virus. También humedece los cilios, unos pelillos microscópicos que empujan las secreciones hacia la faringe. Cuando la mucosa está seca o inflamada, los cilios funcionan peor y la mucosidad se queda estancada.
¿Qué dice la investigación sobre el lavado nasal en el resfriado?
Una revisión Cochrane publicada en 2010 analizó los ensayos disponibles sobre lavados con suero en el resfriado y en otras infecciones respiratorias agudas. Los autores encontraron estudios pequeños y con alto riesgo de sesgo. En la mayoría, el lavado no mostró diferencias claras frente al control. Sí confirmaron que la técnica es segura. Sus efectos adversos suelen ser leves, como escozor o sensación de oído taponado.
En la práctica, el lavado nasal no acorta el resfriado ni elimina el virus. Su valor está en el alivio de los síntomas. Despeja la nariz antes de dormir o de comer, facilita la respiración y evita tener que sonarse con fuerza. Muchos otorrinolaringólogos lo recomiendan por esa comodidad y no porque cure la infección. En niños la evidencia también es escasa y poco concluyente.
¿Cómo se hace un lavado nasal sin hacerse daño?
La técnica es sencilla, pero conviene seguir un orden para que el líquido salga sin presión hacia los oídos:
- Lávate las manos y usa el suero a temperatura ambiente o ligeramente templado.
- Inclínate sobre el lavabo y gira la cabeza hacia un lado, unos 45 grados.
- Introduce la boquilla en el orificio de arriba y deja que el suero salga por el de abajo.
- Respira por la boca durante todo el proceso y no tragues el líquido.
- Repite en el otro lado y suénate con suavidad, primero un orificio y después el otro.

En bebés se usan monodosis de 5 ml, con el niño tumbado de lado. El suero se aplica en el orificio que queda arriba. En adultos, una jeringa sin aguja, una botella de lavado o un irrigador con 60 a 120 ml por lado limpian más a fondo. Durante un resfriado se puede repetir dos o tres veces al día.
Suero isotónico o hipertónico según el problema nasal
El suero isotónico es el habitual para la higiene diaria y los catarros. El hipertónico lleva más sal y extrae agua de la mucosa inflamada, así que ayuda a desinflamarla. Un metaanálisis de siete estudios observó que el suero hipertónico alivia más la secreción y la congestión en la rinosinusitis crónica. A cambio, escuece más. Por eso no se recomienda en bebés ni durante periodos largos sin indicación médica.

Errores que irritan la nariz o favorecen infecciones
Con una mala técnica, un gesto inofensivo se convierte en una fuente de molestias. Estos son los fallos más frecuentes:
- Usar agua del grifo sin hervir, que puede contener microorganismos.
- Preparar suero casero midiendo la sal a ojo.
- Aplicar el líquido con demasiada presión, lo que lo empuja hacia la trompa de Eustaquio y provoca dolor de oído.
- Compartir la botella o no lavarla y secarla después de cada uso.
- Sonarse los dos orificios a la vez y con fuerza.
Si prefieres prepararlo en casa, usa agua hervida o embotellada y unos 9 gramos de sal por litro. Aun así, el suero fisiológico de farmacia es más seguro para quien empieza. Antes de comprar, conviene conocer formatos como las monodosis o los sprays y repasar los usos del suero fisiológico para elegir el que mejor encaja contigo.
¿Cuándo ayudan los lavados y cuándo no son suficientes?
Los lavados resultan útiles en catarros, rinitis alérgica y sequedad nasal por la calefacción. También se usan tras algunas cirugías nasales, siempre con pauta médica. Alivian la congestión nasal de los bebés, que no saben sonarse y a menudo comen o duermen mal por ello. En cambio, no sustituyen a los antibióticos en una sinusitis bacteriana ni a los corticoides nasales en la alergia persistente.
Pide cita con el médico si la congestión nasal dura más de 10 días o si aparece fiebre alta. También si la fiebre vuelve después de haber mejorado o si notas dolor intenso en la cara o la frente. La mucosidad con sangre o una secreción espesa por un solo orificio también son motivo de consulta. En bebés menores de tres meses con fiebre, dificultad para respirar o rechazo de las tomas, la atención debe ser inmediata.
Este texto es solo informativo y no sustituye la evaluación, el diagnóstico ni el seguimiento de un profesional sanitario. Si tienes síntomas que no mejoran o dudas sobre tu caso, acude a tu centro de salud.









