Muchas personas comienzan el día con un café y no vuelven a beber agua hasta la hora de comer. Después de una noche entera sin ingerir líquidos, el organismo pasa así buena parte de la mañana con una hidratación por debajo de lo ideal, algo que suele pasar desapercibido porque la sed no siempre aparece a tiempo.
Aunque un vaso de agua no es un tratamiento para el hígado, la hidratación forma parte de las condiciones básicas que este órgano necesita para trabajar bien. Y los hábitos de bebida, mantenidos durante años, sí parecen tener relación con su salud.
Qué ocurre en el cuerpo tras una noche sin beber
Durante siete u ocho horas de sueño, el cuerpo sigue perdiendo agua a través de la respiración, la piel y la orina, sin reponerla. Por eso es habitual despertarse con la boca seca, la orina más oscura de lo normal o una ligera sensación de cansancio o dolor de cabeza en las primeras horas.
Esta deshidratación leve no suele ser peligrosa en personas sanas, pero sí se acentúa con la edad. A partir de los 50 o 60 años, la sensación de sed disminuye y muchas personas beben menos de lo que necesitan sin darse cuenta. También influyen el calor, el consumo de alcohol la noche anterior y ciertos medicamentos, como los diuréticos.

Lo que dice la ciencia sobre el agua y el hígado graso
La relación entre el consumo de agua y la salud hepática se ha estudiado poco, pero algunos trabajos aportan pistas interesantes. Un estudio publicado en 2021 en la revista European Journal of Clinical Nutrition, disponible en PubMed, analizó a 16.434 adultos de la ciudad china de Tianjin a los que se les realizó una ecografía abdominal entre 2010 y 2019.
Tras tener en cuenta factores como la edad, el estilo de vida y la alimentación, los investigadores observaron que los hombres que bebían entre cuatro y siete vasos de agua al día tenían un 16% menos de probabilidades de presentar hígado graso que quienes bebían tres o menos. En los que superaban los siete vasos diarios, la reducción llegaba al 23%. En las mujeres, en cambio, no se encontró esta asociación.
Los autores lo explican por el papel del agua en el control del peso, la reducción de la ingesta de calorías y el aumento del uso de grasa como fuente de energía. Sin embargo, se trata de un estudio transversal, que muestra una asociación y no demuestra que beber más agua prevenga la enfermedad. Además, se realizó en población asiática, por lo que sus resultados no pueden generalizarse sin más.
Por qué la hidratación importa para el hígado
El hígado recibe alrededor de una cuarta parte de la sangre que bombea el corazón en cada minuto. Una buena hidratación ayuda a mantener un volumen de sangre adecuado y, con ello, un flujo constante hacia el órgano, que depende de ese aporte para procesar nutrientes, medicamentos y sustancias de desecho.
La bilis, el líquido que el hígado produce para digerir las grasas, está formada en su mayor parte por agua. Además, muchas de las sustancias que el hígado transforma se eliminan después por la orina, de modo que hígado y riñones funcionan como un equipo que necesita líquido suficiente.
Existe también un efecto indirecto muy relevante: cuando falta agua, es frecuente sustituirla por bebidas azucaradas, zumos o refrescos, cuyo exceso de azúcar sí está claramente relacionado con la acumulación de grasa en el hígado.

Errores comunes en las primeras horas del día
Algunos hábitos matutinos muy extendidos dificultan una buena hidratación:
- Tomar solo café al despertar y no beber agua hasta el mediodía.
- Recurrir a un zumo envasado o a una bebida azucarada como primera bebida del día.
- Esperar a tener sed para beber, cuando esa señal llega tarde, sobre todo con la edad.
- Compensar beber poco por la mañana tomando mucha agua de golpe por la noche.
Reconocer a tiempo las señales de falta de líquidos ayuda a corregirlas. Para identificarlas mejor, conviene conocer los síntomas, causas y prevención de la deshidratación.
Cómo hidratarse bien desde que se levanta
Un gesto sencillo es beber uno o dos vasos de agua al levantarse, antes del café o del desayuno. A partir de ahí, lo ideal es repartir el consumo a lo largo del día en lugar de concentrarlo en pocos momentos. Tener una botella a mano y beber con cada comida facilita mantener el hábito.
El color de la orina es una buena guía práctica: un tono amarillo claro suele indicar una hidratación adecuada, mientras que uno oscuro sugiere que hace falta beber más. El café y el té pueden formar parte de la ingesta diaria de líquidos, siempre sin exceso de azúcar.
Las personas con insuficiencia cardíaca o enfermedad renal que tengan indicada una restricción de líquidos deben seguir las pautas de su médico y no aumentar la cantidad de agua por su cuenta.
Este contenido tiene carácter informativo y no sustituye la valoración de un médico. Ante alteraciones hepáticas, enfermedades crónicas o dudas sobre la cantidad de líquidos que debe tomar, consulte a un profesional de la salud.









