Entre el 70 y el 80% del colesterol que circula por la sangre lo fabrica el propio hígado. La dieta solo aporta el resto. Por eso hay personas que apenas prueban la grasa y aun así reciben una analítica con el colesterol LDL por encima de los valores recomendados. Detrás de esa sorpresa suelen estar los genes, el metabolismo hepático y alimentos que no parecen grasos.
El hígado produce más colesterol del que llega con la comida
El organismo necesita colesterol para formar membranas celulares, hormonas y ácidos biliares. Si el menú aporta poco, el hígado compensa y fabrica más. Además, sus receptores de LDL retiran esas partículas de la sangre. Cuando estos receptores funcionan peor, el colesterol se acumula aunque el plato sea ligero.

Hay varias situaciones que elevan el colesterol LDL sin relación directa con la grasa de la dieta:
- El hipotiroidismo, que ralentiza la eliminación del LDL.
- La resistencia a la insulina y la grasa abdominal.
- Algunos fármacos, como los corticoides o ciertos diuréticos.
- La menopausia, por el descenso de estrógenos.
- Las variantes genéticas heredadas de uno o de ambos progenitores.
La hipercolesterolemia familiar no depende del plato
Una revisión sistemática publicada en 2022 estimó que la hipercolesterolemia familiar afecta a entre 1 de cada 400 y 1 de cada 192 personas, según el grupo étnico. Se trata de una alteración genética que daña los receptores hepáticos del LDL. Quien la tiene puede comer de forma impecable y mantener cifras altas desde la infancia.
Algunas pistas hacen sospechar esta forma hereditaria. Una es un LDL superior a 190 mg/dL en adultos. Otras son los familiares con infarto antes de los 55 años en hombres o de los 60 en mujeres y los depósitos amarillentos en párpados o tendones, llamados xantomas. El diagnóstico se confirma con un perfil lipídico y, en algunos casos, con un estudio genético.

¿Qué grasas saturadas se cuelan en la dieta sin que las veas?
Mucha gente evita la mantequilla o los fritos pero sigue tomando grasas saturadas en bollería, embutidos, quesos curados, galletas, platos precocinados y productos con aceite de palma o de coco. Estas grasas frenan la actividad de los receptores de LDL y hacen que el colesterol permanezca más tiempo en la sangre. Leer las etiquetas ayuda a localizarlas. También ayuda conocer los valores de referencia del LDL para interpretar bien cada analítica y saber cuándo la cifra se aleja de lo deseable.
¿Qué ayuda a bajar el colesterol LDL de verdad?
La fibra soluble es una de las herramientas dietéticas con más respaldo. En el intestino forma un gel que atrapa ácidos biliares. Así, el hígado gasta colesterol para fabricar otros nuevos. Un análisis complementario de 181 ensayos apuntó a una bajada de 5,6 mg/dL de LDL por cada 5 g diarios de fibra soluble añadida en suplemento. Junto a ella, suman estos hábitos:
- Tomar avena, cebada, legumbres, manzana o psyllium, ricos en betaglucanos y pectinas.
- Sustituir las grasas saturadas por aceite de oliva virgen extra, frutos secos y pescado azul.
- Hacer al menos 150 minutos semanales de actividad física aeróbica.
- Controlar el peso y la glucosa en sangre.
- Seguir el tratamiento con estatinas u otros fármacos cuando el médico lo indique.
Si el hígado produce entre el 70 y el 80% del colesterol, retirar la grasa del menú no siempre basta para corregir la analítica. En la hipercolesterolemia familiar, la avena, las legumbres y la dieta mediterránea ayudan, pero casi siempre hace falta medicación. Un perfil lipídico completo y una historia familiar detallada indican si el exceso de LDL viene de la despensa o de los genes.
Este contenido es solo informativo y no sustituye la evaluación, el diagnóstico ni el seguimiento de un profesional sanitario. Si tu analítica muestra el colesterol alto o tienes antecedentes familiares, consulta con tu médico.









