Magnesio y potasio son dos minerales esenciales que participan en la contracción muscular, el equilibrio de líquidos, la función nerviosa y el metabolismo energético. A partir de los 50 años, su papel gana peso por cambios en la masa muscular, la presión arterial, la hidratación, la función renal y el uso más frecuente de medicamentos que pueden alterar sus niveles.
¿Qué diferencia hay entre el magnesio y el potasio?
Magnesio y potasio no hacen lo mismo, aunque a menudo se mencionan juntos. El magnesio interviene en cientos de reacciones enzimáticas, ayuda a producir energía, participa en la salud ósea y favorece el funcionamiento del sistema nervioso. El potasio, en cambio, destaca por regular el balance de sodio, la transmisión del impulso nervioso y la contracción del músculo, incluido el corazón.
Los dos influyen en los músculos y en el ritmo cardiaco, pero por vías distintas. Un déficit de magnesio puede relacionarse con fatiga, debilidad o calambres. Un nivel bajo de potasio puede dar lugar a cansancio, estreñimiento, palpitaciones o alteraciones del pulso. Por eso conviene no tratarlos como si fueran intercambiables.
¿Qué dice la evidencia sobre la presión arterial y el envejecimiento?
Magnesio y potasio también se han estudiado por su relación con la circulación. Una investigación publicada en 2024 evaluó la suplementación con ambos minerales en adultos con presión arterial normal y analizó cómo la dosis y la duración podían modificar el resultado. El hallazgo más útil fue la reducción de la presión arterial sistólica con suplementación de magnesio y potasio en determinados contextos.
Después de los 50 años, este punto importa más porque la presión arterial tiende a elevarse con la edad, la rigidez vascular y algunos hábitos dietéticos. Aun así, suplementar no es una decisión automática. La ingesta total, la medicación, la función renal y el control médico cambian mucho la recomendación.

¿Para qué sirve cada uno en el día a día?
Minerales como el magnesio y el potasio sostienen funciones muy concretas. Entender esa diferencia ayuda a elegir mejor los alimentos y a evitar suplementos innecesarios.
- Magnesio: contribuye a la producción de energía, la relajación muscular, la formación ósea y la función neuromuscular.
- Potasio: ayuda a regular la presión arterial, el equilibrio de líquidos y la actividad eléctrica del corazón.
- Ambos: participan en la contracción y relajación muscular, y en la transmisión nerviosa.
- Ninguno sustituye una dieta variada rica en frutas, verduras, legumbres, frutos secos y semillas.
Si quieres revisar con más detalle funciones, alimentos y precauciones, puede ser útil leer cómo usar el magnesio dentro de una pauta alimentaria adaptada a cada etapa.
¿Por qué pueden ser más importantes después de los 50 años?
A partir de los 50 años, es más frecuente reducir el consumo de alimentos frescos, beber menos agua o usar diuréticos, laxantes e inhibidores de la acidez. Todo eso puede afectar el equilibrio de minerales. Además, la pérdida de masa muscular, la menor actividad física y ciertos problemas digestivos pueden empeorar el aprovechamiento de nutrientes.
El potasio merece una mención especial cuando hay enfermedad renal o tratamientos que alteran su eliminación. De hecho, otra investigación apuntó a que la ingesta de potasio puede cambiar según la función renal, un detalle importante en edades avanzadas. En este grupo, no siempre más es mejor.
¿En qué alimentos se encuentran y cuándo conviene revisar los niveles?
Magnesio y potasio están presentes en alimentos cotidianos, pero no siempre en cantidades suficientes si la dieta es pobre en vegetales o muy basada en ultraprocesados.
- Fuentes de magnesio: almendras, anacardos, semillas de calabaza, cacao puro, legumbres, espinacas y avena.
- Fuentes de potasio: plátano, aguacate, patata, tomate, lentejas, yogur y verduras de hoja.
- Señales para consultar: calambres repetidos, debilidad, palpitaciones, fatiga persistente o cambios en el ritmo intestinal.
- Situaciones de control: uso de diuréticos, vómitos, diarrea, enfermedad renal o suplementación por cuenta propia.
La mejor estrategia suele empezar en el plato. Una alimentación con frutas, verduras, legumbres, frutos secos y lácteos o alternativas equivalentes favorece el equilibrio electrolítico, la función muscular y el control de la presión arterial con más seguridad que recurrir a suplementos sin criterio.
Este contenido es solo informativo y no sustituye la evaluación, el diagnóstico ni el seguimiento de un profesional sanitario. Si notas síntomas, tomas medicación o tienes dudas sobre tus niveles de minerales, busca atención médica.









