La Organización Mundial de la Salud sitúa el objetivo diario en menos de 2.000 mg de sodio y al menos 3.500 mg de potasio. La mayoría de la gente hace justo lo contrario: pasada de sal y corta de potasio. En ese desequilibrio, más que en la sal por sí sola, se decide buena parte de la presión arterial.
La balanza que casi nadie tiene equilibrada

Sodio y potasio trabajan enfrentados. El sodio tiende a retener líquido y a tensar la pared de las arterias; el potasio ayuda al riñón a soltar sodio y relaja los vasos. Cuando la dieta carga sodio y apenas trae potasio, la balanza se inclina hacia arriba y la presión sube.
Durante casi toda nuestra historia comimos justo al revés: mucho vegetal, poca sal. La comida moderna dio la vuelta a esa proporción, con pan, embutidos, quesos y platos preparados que aportan sodio de sobra, mientras las frutas y verduras escasean en muchos platos. Ese giro, sostenido durante años, es uno de los motores silenciosos de la hipertensión.
Por eso el dato que de verdad importa no es solo cuánta sal comes, sino la proporción entre ambos: el llamado ratio sodio-potasio. Es un cambio de mirada útil, porque mueve el foco de prohibir a sumar.
Lo que mostró un seguimiento de diez años
Un estudio del Tehran Lipid and Glucose Study, publicado en BMC Public Health en 2023, siguió a más de 2.000 adultos durante una mediana de 10,6 años. Los participantes con un ratio sodio-potasio más alto tuvieron casi el doble de riesgo de sufrir un evento cardiovascular frente a los que mantenían la proporción más equilibrada.
En el mismo trabajo, quienes comían más potasio registraron un riesgo bastante menor, con independencia de otros factores conocidos. La lectura práctica no es alarmista: sugiere que mirar la comida como un balance, y no como una lista de prohibiciones, describe mejor lo que le ocurre al corazón.
Conviene tomarlo con calma. Un solo estudio no cierra un tema tan discutido, y la relación entre la sal y la salud sigue teniendo matices. Pero la idea de fondo, subir potasio de origen vegetal mientras se baja el sodio de los procesados, coincide con lo que recomiendan la mayoría de las guías y no tiene contraindicaciones para la persona sana.
Suma potasio vegetal en cada plato
La forma más sencilla y segura de inclinar la balanza es añadir potasio de los alimentos, no de pastillas. Reparte a lo largo del día opciones como estas:
- Verduras de hoja, tomate, calabaza y pimiento en comidas y cenas.
- Legumbres varias veces por semana, buena fuente de potasio y fibra.
- Fruta a diario: plátano, naranja, kiwi, melón o albaricoques.
- Patata o boniato al horno, y un puñado de frutos secos sin sal.
Si quieres ampliar la lista, puedes revisar qué alimentos con más potasio ayudan a cuidar la presión y el equilibrio de líquidos, y apoyarte en frutas que ayudan a bajar la presión alta.
Baja el sodio que no ves

El salero explica menos de lo que parece. La mayor parte del sodio llega escondido en productos que no saben salados. Vigila sobre todo estos:
- Pan y bollería, que suman sodio por la cantidad que se come.
- Embutidos, quesos curados y conservas en salmuera.
- Platos precocinados, caldos concentrados y salsas comerciales.
- Aperitivos salados y snacks de picoteo.
Leer la etiqueta ayuda a decidir con datos. Como orientación, un alimento con más de 1,25 gramos de sal por cada 100 gramos se considera alto en sodio, y por debajo de 0,25 gramos, bajo. Comparar dos panes o dos quesos con ese criterio permite elegir mejor sin llevar la cuenta de cada comida.
Cocinar más en casa y condimentar con ajo, limón, hierbas o especias permite bajar el sodio sin renunciar al sabor. La sal se puede reeducar: el paladar se acostumbra en pocas semanas y luego los platos muy salados hasta molestan.
Cómo queda el día en la práctica
El plan cabe en una idea: en cada comida, un poco más de vegetal y un poco menos de procesado. Con eso la proporción se corrige sola, sin cuentas complicadas ni báscula de gramos. Puedes seguir tu evolución tomándote la tensión en casa y conociendo tus cifras de presión arterial.
Una advertencia responsable: si tienes enfermedad renal, tomas diuréticos ahorradores de potasio o ciertos fármacos para el corazón, no cargues potasio ni uses sales sustitutivas por tu cuenta, porque en esos casos un exceso puede ser peligroso. Ahí el ajuste se hace con tu médico.
Esta información es divulgativa y no sustituye la evaluación de un profesional sanitario. Si tienes hipertensión, problemas renales o tomas medicación, consulta antes de cambiar de forma importante tu consumo de sodio o potasio.









