Las cataratas son la principal causa de ceguera reversible en el mundo y afectan sobre todo a personas mayores de 60 años. Se producen cuando el cristalino, la lente natural del ojo, pierde transparencia y provoca visión borrosa, deslumbramiento y pérdida progresiva de calidad visual. La cirugía es el único tratamiento eficaz y ofrece resultados excelentes cuando se realiza en el momento adecuado. Conocer los primeros signos y acudir al oftalmólogo a tiempo marca la diferencia en la evolución del cuadro.
Qué dice la ciencia sobre la cirugía de cataratas
La evidencia sobre este trastorno visual y su tratamiento se ha consolidado en las últimas décadas. Una revisión magistral publicada en The Lancet en 2023 analizó el panorama global de las cataratas, sus factores de riesgo, las técnicas quirúrgicas actuales y los resultados obtenidos en distintos entornos sanitarios.
Los autores subrayaron que la cirugía de cataratas es una de las intervenciones más costoeficaces en medicina, capaz de restaurar la visión en la mayoría de los pacientes y con más de 20 millones de operaciones realizadas cada año en el mundo. Las técnicas modernas permiten intervenir en fases más tempranas del cuadro, con menor tiempo de recuperación y una mejora sustancial en la calidad visual. El principal reto sigue siendo el acceso equitativo a la operación.
Qué son exactamente las cataratas y por qué aparecen
El cristalino es una lente transparente situada detrás del iris que enfoca los rayos de luz sobre la retina. Con el paso de los años, las proteínas que lo componen se van agrupando y forman zonas opacas que reducen el paso de la luz. El resultado es una visión turbia, como si se mirase a través de un cristal empañado.
El envejecimiento es la causa principal, aunque no la única. La exposición prolongada a la radiación ultravioleta, la diabetes mal controlada, el tabaquismo, ciertos medicamentos como los corticoides, los traumatismos oculares y algunas enfermedades hereditarias pueden acelerar su aparición. Existen también cataratas congénitas que se detectan al nacer y requieren atención especializada temprana.
Cuáles son los síntomas más frecuentes
El cuadro suele instalarse de forma progresiva, en meses o incluso años. Muchas personas se adaptan a los cambios sin darles importancia hasta que la visión limita las actividades diarias.
- Visión borrosa que no mejora con gafas nuevas.
- Sensación de mirar a través de una niebla o de un cristal sucio.
- Deslumbramiento con las luces de los coches al conducir de noche.
- Colores apagados o con tonos amarillentos.
- Necesidad de más luz para leer o hacer trabajos manuales.
- Cambios frecuentes en la graduación de las gafas.
- Visión doble en un solo ojo en algunos casos.
- Dificultad para reconocer caras a distancia media.
Cómo se diagnostican las cataratas
El diagnóstico corresponde al oftalmólogo y se realiza en la consulta con pruebas sencillas e indoloras. La exploración con lámpara de hendidura permite ver directamente el cristalino y valorar el grado de opacidad. Se completa con la medición de la agudeza visual, la tonometría para descartar glaucoma asociado y un examen del fondo de ojo.
Antes de la cirugía se realizan pruebas específicas como la biometría, que calcula la potencia de la lente intraocular que se implantará, y la topografía corneal. Estas mediciones son esenciales para elegir el modelo de lente y obtener el mejor resultado visual posible. Quien quiera conocer con más detalle otros problemas oculares puede revisar las enfermedades más frecuentes de los ojos junto a su especialista.

En qué consiste el tratamiento quirúrgico
No existen colirios, gafas ni suplementos capaces de eliminar la opacidad del cristalino. La única solución eficaz es la cirugía, que se realiza de forma ambulatoria con anestesia local en la mayoría de los casos. La técnica más extendida es la facoemulsificación, que fragmenta el cristalino opaco con ultrasonidos a través de una incisión de apenas 2-3 milímetros.
Una vez retirado el cristalino dañado, se implanta una lente intraocular transparente que ocupa su lugar de forma definitiva. Existen distintos tipos de lentes: monofocales, que corrigen una única distancia; multifocales, que ofrecen visión de lejos y de cerca; y tóricas, indicadas cuando se asocia astigmatismo. La elección se decide entre el paciente y el oftalmólogo en función de las necesidades visuales y del estado ocular.
Cómo es el postoperatorio y la recuperación
La intervención dura entre 15 y 30 minutos por ojo y el paciente regresa a casa el mismo día. La mejora visual se aprecia en pocas horas y se estabiliza a lo largo de las semanas siguientes. Durante el postoperatorio conviene seguir unas pautas básicas para reducir el riesgo de complicaciones.
- Aplicar los colirios prescritos con la frecuencia indicada.
- Evitar frotarse el ojo y usar el protector nocturno los primeros días.
- No hacer esfuerzos físicos intensos ni levantar peso durante dos semanas.
- Evitar piscinas, saunas y ambientes con polvo o humo durante un mes.
- Utilizar gafas de sol al salir a la calle para reducir el deslumbramiento.
- Acudir a todas las revisiones postoperatorias programadas.
- Consultar sin demora si aparece dolor intenso, pérdida de visión o enrojecimiento marcado.
Qué se puede hacer para reducir el riesgo
Ninguna medida evita del todo la aparición de cataratas asociadas al envejecimiento, pero algunos hábitos pueden retrasar su desarrollo. Proteger los ojos del sol con gafas homologadas frente a los rayos UVA y UVB, mantener un buen control de la diabetes, evitar el tabaco, seguir una dieta rica en frutas y verduras con antioxidantes naturales y usar los corticoides solo bajo prescripción médica son medidas con respaldo científico.
Las revisiones oftalmológicas periódicas a partir de los 60 años, o antes si existen factores de riesgo, permiten detectar el cuadro en fases iniciales. También ayudan a identificar otras patologías silenciosas como el glaucoma o la degeneración macular, que pueden coexistir y requieren un abordaje distinto.
Cuándo consultar al oftalmólogo sin demora
La progresión de las cataratas suele ser lenta, pero conviene no dejar pasar los primeros signos. Notar visión borrosa que no mejora con gafas, dificultades crecientes para conducir de noche, sensación de deslumbramiento o cambios frecuentes en la graduación son motivos suficientes para pedir una valoración especializada. La decisión de operar depende del impacto en la vida diaria, no de un valor exacto de agudeza visual.
Retrasar demasiado la cirugía puede complicar la técnica quirúrgica, ya que las cataratas muy avanzadas endurecen el cristalino y aumentan el riesgo durante la operación. Cualquier pérdida brusca de visión, dolor ocular intenso o visión de destellos y moscas volantes requiere atención inmediata, ya que puede indicar otras patologías graves como el desprendimiento de retina.
Este contenido tiene carácter informativo y no sustituye la valoración médica ni el criterio de un oftalmólogo. Ante cualquier cambio en la visión o dudas sobre el tratamiento, siempre conviene consultar con el especialista de referencia para recibir un diagnóstico y una recomendación personalizada.









