Los riñones filtran unos 180 litros de sangre al día y ajustan la tensión, los electrolitos y el equilibrio de líquidos sin dar señal alguna de su trabajo. Cuando fallan, tampoco avisan: la enfermedad renal crónica avanza en silencio durante años. Cuidarlos no consiste en depurarlos, sino en controlar las dos causas que más los dañan.
¿Qué hacen los riñones y por qué no avisan?
Además de filtrar, regulan la tensión arterial, activan la vitamina D y producen la hormona que ordena a la médula ósea fabricar glóbulos rojos. Cada riñón contiene alrededor de un millón de nefronas, las unidades microscópicas que hacen ese trabajo.
Ahí está la clave de su silencio: existe una reserva funcional enorme. El organismo funciona con normalidad aunque se haya perdido más de la mitad de la capacidad de filtrado, y los síntomas como cansancio, hinchazón o cambios en la orina aparecen en fases avanzadas. Por eso la detección depende de un análisis, no de cómo se sienta uno.
¿Sirve beber mucha agua para limpiarlos?
Es la creencia más extendida y la que más productos vende. Un equipo canadiense la puso a prueba con un ensayo aleatorizado en personas que ya tenían el riñón dañado.
Según el ensayo CKD WIT, publicado en JAMA en 2018, con 631 pacientes con enfermedad renal crónica en estadio 3 seguidos durante un año, beber más agua no frenó el deterioro de la función renal. El grupo que aumentó su ingesta entre uno y litro y medio diario sí redujo la hormona antidiurética, pero su filtrado glomerular cayó igual que el del grupo control. La hidratación adecuada es necesaria; el exceso no aporta beneficio añadido.
Los hábitos que sí protegen
La diabetes y la hipertensión causan la mayoría de los casos de enfermedad renal crónica, así que ahí se concentra el margen de actuación:
- Mantener la tensión arterial en los objetivos que marque el médico, con mediciones periódicas en casa;
- Controlar la glucemia si hay diabetes o prediabetes;
- Reducir la sal por debajo de 5 gramos diarios, la referencia de la Organización Mundial de la Salud;
- Beber según la sed, en torno a litro y medio o dos litros diarios salvo indicación distinta;
- No fumar, porque el tabaco daña los pequeños vasos del riñón;
- Mantener un peso y un perímetro abdominal razonables;
- Moverse a diario, con al menos 150 minutos semanales de actividad moderada.
El apartado de la sal se decide más en el supermercado que en la mesa. Revisar qué alimentos ayudan a bajar la tensión permite organizar la compra alrededor de ese objetivo.

¿Qué conviene evitar?
Algunas costumbres muy normalizadas cargan al riñón sin que nadie lo relacione:
- Tomar ibuprofeno o naproxeno de forma habitual y prolongada sin control médico;
- Zumos, infusiones y planes depurativos que prometen limpiar el organismo;
- Suplementos proteicos en polvo por iniciativa propia, sobre todo si ya hay daño renal;
- Productos de herboristería sin control, algunos con sustancias nefrotóxicas;
- Bebidas energéticas y refrescos consumidos a diario;
- Deshidratarse durante olas de calor o ejercicio intenso, un desencadenante clásico de fallo renal agudo.
La idea de la limpieza renal carece de base fisiológica. El riñón no acumula toxinas que necesiten un lavado externo: filtrar es precisamente lo que hace cada minuto.
¿Cómo se controla la salud renal?
Con dos pruebas sencillas y baratas. La primera es la creatinina en sangre, a partir de la cual se calcula el filtrado glomerular estimado, y la segunda es el cociente albúmina y creatinina en una muestra de orina, que detecta la pérdida de proteína antes de que el filtrado descienda. Esa combinación identifica el problema en fases tempranas, cuando todavía hay margen para frenarlo.
Conviene hacerlas al menos una vez al año en personas con diabetes, hipertensión, obesidad, antecedentes familiares de enfermedad renal, mayores de 60 años o en tratamiento prolongado con fármacos que afecten al riñón. Si el resultado sale alterado, el médico valora la causa y ajusta el seguimiento, que en muchos casos se resuelve en atención primaria sin necesidad de derivación. Ningún síntoma sustituye a ese control, y esperar a notar algo suele significar llegar tarde.
Este contenido tiene finalidad informativa y no sustituye la evaluación de un profesional sanitario. Consulta con tu médico para saber qué controles renales necesitas según tu situación.









