La deshidratación es uno de los motivos de ingreso hospitalario más frecuentes a partir de los 75 años, y casi siempre llega sin que nadie la vea venir. El problema es que la persona mayor deja de sentir sed mucho antes de que su cuerpo deje de necesitar agua. Cuando aparecen la confusión o la debilidad, el déficit ya lleva días instalado.
¿Por qué se pierde la sensación de sed con los años?
El aviso de sed nace en unos receptores del hipotálamo que detectan la concentración de la sangre. Con la edad, esos receptores pierden sensibilidad y tardan mucho más en activarse, así que la señal llega tarde o no llega. Un adulto joven bebe casi por reflejo; una persona mayor puede pasar la mañana entera sin acordarse.
A eso se suman otros cambios. El riñón concentra peor la orina y desperdicia agua, y el agua corporal total baja del 60% al 50% aproximadamente, así que el margen de reserva se estrecha. Muchas personas mayores además beben menos a propósito, por miedo a las urgencias urinarias nocturnas o por dificultad para llegar al baño.
¿Sirven los signos clásicos para detectarla?
Un equipo de la Universidad de East Anglia revisó todas las pruebas sencillas que se usan a pie de cama para decidir si una persona mayor está bebiendo suficiente.
Según la revisión sistemática publicada por la Cochrane Database of Systematic Reviews en 2015, ninguna de las 67 pruebas evaluadas resultó fiable para diagnosticar la deshidratación en mayores de 65 años. La boca seca, la sensación de sed, el color de la orina, la frecuencia cardíaca y el pliegue cutáneo dejaban pasar una proporción alta de casos y etiquetaban como deshidratadas a personas que no lo estaban. La conclusión práctica es que no conviene esperar a ver signos claros: hay que prevenir.

Las señales que deben poner en alerta
Aunque ninguna sirve por sí sola, este conjunto de cambios justifica actuar, sobre todo si aparecen en pocos días:
- Confusión o desorientación nuevas, a menudo el primer síntoma visible;
- Somnolencia inusual y dificultad para mantener la conversación;
- Debilidad marcada o caídas repetidas sin causa aparente;
- Mareo al incorporarse de la cama o de la silla;
- Orina escasa, oscura y con olor fuerte;
- Estreñimiento que empeora de golpe;
- Pérdida rápida de peso en menos de una semana.
Conviene distinguir estos episodios de otros cuadros con síntomas parecidos. Repasar los síntomas y causas de la deshidratación ayuda a valorar la situación con más criterio antes de llamar al médico.
¿Cómo prevenirla en el día a día?
La clave está en no depender de la sed y convertir la hidratación en una rutina con horarios, igual que la medicación:
- Ofrecer líquido cada hora u hora y media, aunque la persona no lo pida;
- Repartir entre 1,5 y 2 litros diarios, salvo indicación médica distinta;
- Dejar siempre una botella o un vaso a la vista y al alcance de la mano;
- Variar con caldos, infusiones, leche, gazpacho, horchata sin azúcar o agua con limón;
- Sumar alimentos con mucha agua como melón, sandía, pepino, tomate, naranja, yogur y gelatina;
- Aumentar la cantidad en olas de calor, con fiebre, vómitos o diarrea;
- Usar espesantes prescritos si hay dificultad para tragar, sin retirar los líquidos.
El café y el té cuentan como aporte, porque su efecto diurético es modesto en consumo habitual. El alcohol, en cambio, resta.
¿Cuándo hay que buscar atención médica?
La confusión de aparición reciente, la somnolencia difícil de romper, la debilidad que impide levantarse, un desmayo o la ausencia de orina durante ocho o doce horas justifican consulta médica el mismo día, y llamada al 112 si el estado de conciencia está claramente alterado. Lo mismo vale cuando hay vómitos o diarrea que impiden retener líquidos durante más de veinticuatro horas, porque en esa situación la reposición por boca no basta y suele hacer falta suero intravenoso. Hay dos matices importantes. Primero, las personas con insuficiencia cardíaca, enfermedad renal avanzada o en diálisis tienen a menudo una restricción de líquidos pautada, así que aumentar la ingesta por iniciativa propia puede ser peligroso y debe consultarse siempre. Y segundo, ante un episodio de gastroenteritis conviene usar sales de rehidratación oral de farmacia en lugar de bebidas isotónicas o refrescos, porque su proporción de sodio y glucosa está calculada para reponer lo que se pierde.
Este contenido tiene finalidad informativa y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Ante signos de deshidratación en una persona mayor, contacta con tu médico o con los servicios de urgencias.









