La metformina es el tratamiento de primera elección para la diabetes tipo 2 y una de las pastillas más recetadas del mundo. Controla el azúcar en sangre con un buen perfil de seguridad, por lo que muchas personas la toman durante años sin incidencias. Ese uso prolongado esconde un efecto poco conocido: puede ir reduciendo poco a poco los niveles de vitamina B12, una pieza clave para los nervios y para la formación de la sangre.
¿Por qué la metformina reduce la vitamina B12?

La vitamina B12 se absorbe en la parte final del intestino delgado, el íleon, mediante un proceso que depende del calcio. La metformina interfiere justo en ese paso y dificulta que la vitamina llegue a la sangre desde los alimentos.
El efecto es lento y acumulativo, de manera que puede tardar años en hacerse notar. Por eso el déficit se asocia sobre todo al tratamiento prolongado y a las dosis altas, no a quien lleva pocos meses. Al principio no produce ningún síntoma, lo que hace que pase desapercibido si nadie lo busca. A esto se suma que el cuerpo guarda reservas de vitamina B12 en el hígado, capaces de durar bastante tiempo, así que la carencia puede instalarse de forma silenciosa antes de dar la cara.
¿Qué mostró la investigación a largo plazo?
Un ensayo aleatorizado publicado en BMJ en 2010 siguió durante más de cuatro años a personas con diabetes tipo 2 tratadas con este fármaco. Los autores observaron una reducción media del 19% en los niveles de vitamina B12 frente al placebo, un descenso que se mantenía y se agravaba con el paso del tiempo.
Llevado a la práctica, calcularon que aproximadamente una de cada catorce personas tratadas durante ese periodo acababa desarrollando un déficit claro. No es una cifra menor, sobre todo porque el problema se acumula año tras año y afecta a millones de personas que dependen de este tratamiento. Distintos organismos han recogido este hallazgo y aconsejan medir la vitamina de forma periódica. Conviene recordar que la vitamina B12 forma parte de las vitaminas del complejo B, y que su carencia repercute en los nervios, la sangre y la energía de todo el organismo.
¿Cada cuánto conviene repetir los análisis?

La forma más sencilla de anticiparse es medir la vitamina en sangre. En quien toma metformina de forma continuada conviene hacerlo con cierta regularidad, dentro de los controles habituales de la diabetes:
- Un control de vitamina B12 al menos una vez al año en los tratamientos prolongados.
- Revisiones más frecuentes si ya hay síntomas o los niveles rozan el límite bajo.
- Un hemograma para detectar una posible anemia asociada.
- Atención especial en personas mayores, con dieta vegana o con problemas digestivos.
- Comentar cualquier hormigueo o cansancio nuevo en la consulta.
Estos análisis son baratos y se pueden juntar con las revisiones del azúcar, sin necesidad de citas aparte. Anticiparse evita que el déficit avance en silencio.
¿Qué síntomas neurológicos pueden aparecer?
Cuando la carencia progresa, la falta de vitamina B12 afecta a los nervios y a la producción de glóbulos rojos. Los signos pueden confundirse con otras complicaciones de la diabetes, así que conviene conocerlos:
- Hormigueo o entumecimiento en manos y pies.
- Sensación de quemazón o pérdida de sensibilidad.
- Debilidad, cansancio y falta de aire por anemia.
- Problemas de equilibrio o fallos de memoria.
- Palidez y lengua irritada.
No conviene atribuirlo todo a la neuropatía diabética sin descartar antes la falta de vitamina, porque el tratamiento es muy distinto en cada caso. De hecho, un déficit prolongado puede dejar secuelas en los nervios si no se corrige a tiempo, mientras que detectado pronto se resuelve con facilidad. Si notas hormigueo en las manos o los síntomas de anemia, coméntalo cuanto antes con tu médico.
¿Cómo se corrige el déficit?
La buena noticia es que esta carencia tiene solución. Cuando el análisis la confirma, el médico puede indicar suplementos de vitamina B12 por vía oral o en inyección, según la gravedad, y en la mayoría de los casos no hace falta suspender la metformina. En algunas personas basta con reforzar la alimentación con carne, huevos o lácteos, mientras que otras necesitan un tratamiento pautado y controles posteriores para comprobar que los niveles se recuperan. Lo que no conviene es empezar suplementos por cuenta propia ni dejar el antidiabético sin hablarlo, porque el control del azúcar sigue siendo prioritario. Con un seguimiento sencillo es posible mantener el tratamiento y unos niveles de vitamina adecuados a la vez.
Este texto es orientativo y no sustituye la evaluación de un profesional sanitario. No suspendas ni cambies por tu cuenta la metformina ni empieces suplementos sin indicación: consulta siempre con tu médico o farmacéutico antes de modificar el tratamiento.









