Cuando aparecen los calambres musculares, mucha gente corre a la farmacia a por un bote de magnesio. Sin embargo, este mineral también está repartido en numerosos alimentos, y el cuerpo no lo trata igual según de dónde venga. Entender las diferencias en la absorción y en las formas químicas ayuda a decidir si de verdad hace falta suplementarse o basta con revisar el plato.
¿En qué se diferencia el magnesio de la pastilla y el del plato?

El magnesio de los alimentos llega acompañado de fibra, proteínas y otros minerales que regulan su entrada en el organismo de forma gradual. En una dieta variada, el intestino absorbe una parte suficiente para cubrir las necesidades diarias sin sobresaltos.
El de los suplementos, en cambio, llega concentrado y unido a distintas sales, lo que cambia mucho su comportamiento. Algunas formas se disuelven y se absorben bien, mientras que otras apenas pasan a la sangre y tiran hacia el efecto laxante. Por eso no todos los botes rinden igual, aunque en la etiqueta figure la misma cantidad de miligramos. Conviene fijarse en el magnesio elemental, que es la cantidad real de mineral disponible, y no solo en el peso total de la sal. Dos suplementos con los mismos miligramos en el envase pueden aportar cantidades muy distintas de magnesio aprovechable.
¿Sirve el magnesio para los calambres según la ciencia?
Aquí conviene bajar las expectativas. Una revisión de la Cochrane publicada en 2020 reunió los ensayos disponibles sobre el mineral y los calambres musculares para comprobar si el suplemento realmente los evitaba. Es una de las revisiones más citadas sobre el tema y agrupó varios ensayos con cientos de participantes.
La conclusión fue que, en adultos mayores con calambres frecuentes, el magnesio no ofrece una reducción clínicamente relevante frente al placebo. Dicho de otro modo, tomarlo por si acaso rara vez resuelve unos calambres cuya causa es otra. La cosa cambia cuando existe un déficit real del mineral o en situaciones como el embarazo, donde sí puede tener sentido. Antes de gastar en suplementos merece la pena descartar otras causas y probar estos remedios para los calambres.
¿Qué formas se absorben mejor?
La biodisponibilidad, es decir, la parte que el cuerpo aprovecha de verdad, depende de la sal a la que va unido el mineral. Estas son las diferencias más útiles:
- Bisglicinato: muy bien tolerado y con buena absorción, suele sentar bien al estómago.
- Citrato: se absorbe con facilidad y ayuda cuando hay tendencia al estreñimiento.
- Cloruro y lactato: opciones equilibradas, con una absorción razonable.
- Óxido: es el más barato y abundante, pero se aprovecha poco y tira al efecto laxante.
Si te interesa el detalle de cada sal, puedes comparar el bisglicinato de magnesio con el cloruro de magnesio según tu tolerancia digestiva. Empezar con una dosis baja y repartirla a lo largo del día reduce las molestias intestinales y mejora lo que el cuerpo asimila.
¿Qué alimentos aportan este mineral?
Cubrir las necesidades a través de la comida es más sencillo de lo que parece y evita depender de las pastillas. Los alimentos más ricos son:
- Frutos secos como las almendras, los anacardos y las nueces.
- Semillas de calabaza, de girasol y de chía.
- Legumbres, en especial las alubias y los garbanzos.
- Verduras de hoja verde como las espinacas y las acelgas.
- Cereales integrales, el cacao puro y el plátano.
Repartir estos alimentos a lo largo del día aporta un flujo constante del mineral, algo que el organismo aprovecha mejor que una única dosis alta de golpe. Además, cocinar al vapor en lugar de hervir en abundante agua ayuda a conservar el magnesio de las verduras, que de otro modo se pierde en el caldo. Acompañar estos alimentos de una buena hidratación y de potasio, presente en la fruta y la verdura, favorece que el músculo funcione sin sobresaltos.
¿Cuándo conviene tomar un suplemento?

El suplemento tiene su lugar, pero no es la primera respuesta para todo el mundo. Está justificado cuando un análisis confirma niveles bajos, en algunas enfermedades digestivas que reducen la absorción, con ciertos diuréticos o en calambres que no ceden pese a cuidar la alimentación y la hidratación. En esos casos, elegir una forma bien absorbida como el bisglicinato o el citrato marca la diferencia frente al óxido. Para la mayoría de las personas sanas, una dieta con frutos secos, legumbres y verdura de hoja cubre las necesidades sin comprar nada. Y si los calambres persisten, lo sensato es buscar la causa real antes que acumular botes en el armario. Entre esas causas figuran la deshidratación, el ejercicio intenso, algunos medicamentos y ciertos problemas de circulación, que ningún suplemento corrige por sí solo.
Este contenido es orientativo y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Si sufres calambres frecuentes o intensos, consulta con tu médico para descubrir su origen antes de empezar cualquier suplemento.









