El corazón late en reposo entre 60 y 100 latidos por minuto en la mayoría de los adultos, y esa cifra cambia con la edad, con la medicación y con el estado general del organismo. En las personas mayores, las variaciones son más frecuentes y a veces pasan desapercibidas. Saber qué es normal, qué depende de las pastillas y qué merece una consulta evita tanto los sustos innecesarios como las demoras que sí importan.
¿Qué cambia en el corazón con la edad?
El nódulo sinusal, el marcapasos natural del corazón, va perdiendo células con los años. Eso hace que el ritmo tienda a ser algo más lento en reposo y que el corazón responda con menos agilidad a los cambios de postura o de esfuerzo.
También desciende la frecuencia máxima alcanzable durante el ejercicio, en torno a un latido por año de vida, y disminuye la variabilidad entre latidos. Son cambios fisiológicos, no una enfermedad, aunque conviene distinguirlos de los que sí lo son.
Lo que mostró un metaanálisis con más de un millón de personas
Un equipo de la Universidad Médica de Qingdao reunió 46 estudios prospectivos que habían medido la frecuencia cardíaca en reposo y seguido después a los participantes durante años, con más de 1,2 millones de personas en total.
Según una investigación publicada en Canadian Medical Association Journal en 2016, cada 10 latidos por minuto de más en reposo se asociaron con un 9% más de mortalidad por cualquier causa y un 8% más de mortalidad cardiovascular. Es una asociación estadística en grandes grupos, no un pronóstico individual, pero explica por qué el pulso en reposo interesa tanto en consulta.
¿Cuáles son los valores de referencia?
La franja habitual en reposo va de 60 a 100 latidos por minuto, y no cambia oficialmente con la edad. Lo que sí varía es la facilidad para salirse de ella.
- Bradicardia: por debajo de 60 latidos por minuto en reposo.
- Taquicardia: por encima de 100 latidos por minuto en reposo.
- Personas entrenadas: entre 40 y 60 latidos, sin que eso indique problema alguno.
- Frecuencia máxima orientativa durante el esfuerzo: alrededor de 220 menos la edad, con mucha variación individual.

¿Qué causas explican los cambios?
La primera sospecha en una persona mayor suele estar en el botiquín. Los betabloqueantes, muy usados tras un infarto o en la insuficiencia cardíaca, frenan el pulso de forma deliberada, igual que algunos antagonistas del calcio, la digoxina y ciertos antiarrítmicos.
Otras causas frecuentes:
- Alteraciones de la tiroides, que aceleran o frenan el ritmo según el caso.
- Anemia, fiebre, infección o deshidratación, que suben la frecuencia.
- Dolor, ansiedad, cafeína o falta de sueño.
- Fibrilación auricular, cuya frecuencia aumenta mucho con la edad y supera el 10% en mayores de 80 años.
El ejercicio regular hace el efecto contrario y baja el pulso en reposo con el tiempo, así que merece la pena saber cómo entrenar la capacidad aeróbica con seguridad.
¿Cómo tomarse el pulso correctamente?
Basta con apoyar los dedos índice y corazón sobre la cara interna de la muñeca, en el lado del pulgar, sin usar el dedo pulgar para palpar porque tiene latido propio. Conviene estar sentado y en reposo desde hace cinco minutos, sin café ni tabaco en la media hora previa.
Lo ideal es contar durante un minuto completo, sobre todo si el ritmo no parece regular, en lugar de contar quince segundos y multiplicar. Además del número, importa el patrón: unos latidos que llegan de forma desordenada, con pausas y aceleraciones sin sentido, aportan más información que la cifra. Los relojes y pulseras detectan irregularidades, pero cualquier hallazgo necesita confirmarse con un electrocardiograma.
¿Cuándo hay que preocuparse?
Un pulso irregular nuevo merece consulta aunque no cause molestias, porque la fibrilación auricular multiplica el riesgo de ictus y a menudo no da síntomas. Lo mismo ocurre con una frecuencia en reposo que se mantiene por debajo de 40 o por encima de 120 sin explicación.
Hay situaciones que requieren atención urgente: desmayo o sensación de pérdida inminente de conocimiento, dolor en el pecho, falta de aire en reposo o con esfuerzos mínimos, palpitaciones acompañadas de mareo intenso y confusión repentina. En una persona mayor, una caída sin causa aparente también puede tener origen cardíaco y conviene comentarla. Nunca debe suspenderse por cuenta propia un fármaco que frena el pulso, aunque las cifras parezcan bajas: ese ajuste lo hace el médico.
Este contenido tiene carácter informativo y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Ante cambios persistentes en tu frecuencia cardíaca, consulta con tu médico.









