Sales a hacer la compra, recorres dos o tres calles y notas que las piernas se cargan, arden o se acalambran hasta obligarte a parar. Te sientas en un banco, pasan unos minutos y el dolor desaparece. Este patrón tiene nombre médico, claudicación, y suele señalar un problema en los nervios de la columna o en el riego sanguíneo de los músculos. Saber cuál de los dos está detrás orienta el diagnóstico y el tratamiento.
La claudicación, un síntoma que aparece con la marcha
La claudicación describe el dolor, la pesadez o el entumecimiento de las piernas que surge al caminar y cede con el reposo. Los médicos distinguen dos grandes tipos. La forma neurogénica nace en la columna lumbar, cuando el canal por donde pasan los nervios se estrecha y los comprime al estar de pie. La forma vascular depende de la circulación arterial. Durante el esfuerzo, los músculos de la pantorrilla piden más oxígeno y unas arterias estrechadas por placas de colesterol no logran aportarlo.
El ejercicio guiado alivia la estenosis lumbar
La estenosis lumbar es la causa habitual de la variante neurogénica, sobre todo a partir de los 60 años, por el desgaste de discos, articulaciones y ligamentos. Una revisión de ensayos aleatorizados publicada en 2024 analizó los programas de ejercicio para estos pacientes. Encontró que la supervisión, la flexión lumbar y el ejercicio aeróbico como pilares del tratamiento se repiten en la mayoría de los planes. La flexión tiene lógica. Inclinar el tronco hacia delante abre el canal vertebral y libera espacio a los nervios, y por eso sentarse calma el dolor.

Cuando la circulación arterial no llega a los músculos
La circulación arterial de las extremidades se resiente con el tabaco, la diabetes, la hipertensión y el colesterol alto. En este caso, el dolor aparece casi siempre en la pantorrilla, tras una distancia bastante fija, y se alivia solo con detenerse, aunque sigas de pie. Este cuadro es una de las señales típicas de la enfermedad arterial periférica, un problema que también eleva el riesgo de infarto e ictus. Un análisis complementario de 2025 apuntó que el ejercicio en casa alarga la distancia caminada sin dolor, aunque sus autores reconocen que los estudios disponibles todavía son pocos.
¿Cómo saber si el origen está en la columna o en las arterias?
Algunas pistas ayudan a orientar la sospecha antes de la consulta, aunque solo la exploración médica confirma el origen:
- Postura: en la estenosis lumbar, el dolor mejora al sentarte o al inclinarte hacia delante, como al empujar el carro del supermercado. En la forma vascular basta con dejar de andar.
- Localización: la afectación nerviosa suele bajar desde las nalgas y los muslos, con hormigueo. La arterial se concentra en la pantorrilla.
- Pulso y piel: unas piernas frías, pálidas, con poco vello o con pulsos débiles en el pie apuntan a un fallo del riego.
- Cuestas: subir pendientes empeora la claudicación vascular. La neurogénica a veces molesta menos al subir, porque el tronco se flexiona.
Para aclarar la causa, el médico suele medir el índice tobillo brazo, que compara la presión arterial en el tobillo y en el brazo. Si sospecha un origen nervioso, pedirá una resonancia magnética de la zona lumbar. Ambas situaciones pueden coexistir en la misma persona, algo frecuente en fumadores mayores con artrosis.
Hábitos que protegen las piernas y señales de alarma
Mientras llega el diagnóstico, varias medidas reducen las molestias y mejoran la tolerancia a la marcha:
- Caminar a diario por intervalos, parando al notar dolor moderado y retomando la marcha cuando cede.
- Dejar de fumar, el factor que más acelera el estrechamiento de las arterias.
- Controlar la glucosa, la tensión arterial y el colesterol con revisiones periódicas.
- Practicar bicicleta estática o ejercicios en flexión, mejor tolerados en la estenosis lumbar.
- Mantener un peso adecuado para descargar la columna y las articulaciones.
Conviene pedir cita con el médico de cabecera si el dolor limita cada vez más la distancia que recorres o si aparece en reposo, sobre todo de noche. Acude a urgencias ante una pierna fría, pálida y muy dolorosa de forma repentina, heridas en los pies que no cicatrizan, pérdida de fuerza en las piernas o problemas nuevos para controlar la orina o las heces. Estos signos apuntan a una isquemia grave o a una compresión nerviosa que requiere tratamiento sin demora.

Este contenido es solo informativo y no sustituye la evaluación, el diagnóstico ni el seguimiento de un profesional sanitario. Si notas estos síntomas o tienes dudas sobre tu estado de salud, busca atención médica.








