Sales del trabajo una tarde de octubre, pasas junto al puesto de castañas asadas y el olor te frena en seco. Pides una docena en su cucurucho de papel y, mientras te quemas los dedos pelándolas, surge la duda: ¿engordan tanto como las nueces o las almendras? Las castañas comparten mostrador con otros frutos secos, pero su perfil de nutrientes, su aporte de energía y su forma de saciar funcionan de otra manera.
¿Qué nutrientes aportan las castañas en cada ración?
La castaña es, sobre todo, una fuente de hidratos de carbono complejos en forma de almidón. Cien gramos de castaña asada rondan las 200 a 245 kcal, con unos 45 a 50 g de carbohidratos y apenas 2 g de grasa. Casi la mitad de su peso en crudo es agua. Por eso su densidad calórica es mucho menor que la de una nuez.

Además del almidón, una ración aporta micronutrientes que conviene conocer:
- Fibra: entre 5 y 8 g por cada 100 g, según la variedad y la cocción.
- Vitamina C: rara en un fruto seco, aunque parte se pierde con el calor.
- Potasio, magnesio, manganeso y cobre, útiles para la función muscular y el metabolismo.
- Vitaminas del grupo B, como el ácido fólico y la B6.
- Proteína en poca cantidad, alrededor de 3 g por cada 100 g.
La ciencia describe la castaña como un alimento rico en almidón
Una revisión publicada en 2024 recogió los datos disponibles sobre la composición de la castaña y su aprovechamiento. Los autores destacan su aporte de hidratos de carbono, fibra, vitaminas y minerales como su rasgo nutricional principal. También subrayan que la grasa y la proteína aparecen en cantidades pequeñas. Ese equilibrio la acerca más a un cereal o a una patata que a una almendra. La revisión además analiza cómo usar sus cáscaras y otros restos de la industria, que concentran compuestos fenólicos con acción antioxidante.
Asadas, cocidas o en harina, cada preparación cambia su perfil
La forma de cocinar las castañas modifica su textura y su valor nutricional. Asadas pierden agua, así que concentran más calorías e hidratos por cada 100 g. Cocidas con un poco de anís o laurel absorben líquido y quedan más ligeras y fáciles de digerir. La harina de castaña, típica de Galicia, Asturias o el Bierzo, es naturalmente sin gluten y sirve para bizcochos, crepes o para espesar guisos. En los purés, conviene vigilar la nata y el azúcar que se añaden, porque son los que disparan la energía del plato y no la castaña en sí.

¿En qué se diferencian del resto de frutos secos?
Las nueces, las almendras o las avellanas son frutos oleaginosos, con más de un 50 % de grasa, sobre todo insaturada. Si quieres repasar qué alimentos se consideran oleaginosos, verás que la castaña encaja mal en ese grupo. Un análisis complementario sobre la composición de los distintos frutos secos apuntó en la misma dirección: menos lípidos y más carbohidratos.
Las diferencias más claras frente a una nuez o una almendra son estas:
- Unas tres veces menos calorías por cada 100 g.
- Menos de 3 g de grasa frente a los 50 o 65 g de las oleaginosas.
- Mucho más almidón, lo que influye en la glucosa tras comerlas.
- Menos proteína vegetal y menos omega 3 que la nuez.
- Más agua, por eso se estropean antes y se guardan en frío.
¿Cómo encajan las castañas en la alimentación de otoño?
En temporada, de octubre a diciembre, una ración razonable son unas 8 a 10 castañas asadas, unos 80 a 100 g. Puedes tomarlas como merienda, en lugar del pan en una comida o junto a legumbres, setas y carnes de caza. Las personas con diabetes deben contarlas como una ración de carbohidratos, igual que un plato de arroz. Quien tenga alergia a otros frutos secos debería consultar antes, aunque la reactividad cruzada no siempre se da.
Al final, la castaña se comporta como un tubérculo que crece en un árbol: almidón, agua, potasio y fibra, con muy poca grasa. Tratarla como un acompañamiento de hidratos, y no como un picoteo graso, permite disfrutar del cucurucho caliente en los meses fríos sin descuadrar el reparto de calorías del día.
Este texto es divulgativo y no sustituye la evaluación de un profesional sanitario ni la pauta de un dietista nutricionista. Si tienes diabetes, alergias alimentarias u otras dudas sobre tu dieta, consulta con tu médico.









