Cada vez más personas dejan el pan, la pasta o la cerveza porque notan hinchazón abdominal o malestar después de comer. Muchas lo hacen sin pasar antes por la consulta. En atención primaria la duda es frecuente: ¿es celiaquía o una sensibilidad al gluten? La diferencia importa. La primera es una enfermedad que daña el intestino y la segunda es un trastorno de la digestión sin lesión demostrada. Además, quitar el gluten antes de hacerse las pruebas puede falsear los resultados.
Dos trastornos que alteran la digestión de forma distinta
La celiaquía es una enfermedad autoinmune. Aparece en personas con predisposición genética, sobre todo las portadoras de los genes HLA DQ2 o DQ8. En ellas, el gluten activa el sistema inmunitario, que ataca la mucosa del intestino delgado y aplana las vellosidades intestinales. Así se absorben peor nutrientes como el hierro, el ácido fólico o la vitamina D. La sensibilidad al gluten no celíaca da molestias parecidas, pero sin anticuerpos específicos ni lesión en la mucosa. Tampoco es lo mismo que la alergia al trigo. Esa alergia depende de la inmunoglobulina E y puede provocar urticaria o dificultad para respirar a los pocos minutos de comer.
Lo que la ciencia aclara sobre celiaquía y sensibilidad al gluten
Una investigación publicada en 2024 comparó la celiaquía, la sensibilidad al gluten no celíaca y la alergia al trigo. Su objetivo era ayudar a los médicos a decidir qué diagnóstico encaja con cada paciente. Los autores ordenaron los criterios clínicos y analíticos que permiten distinguir los tres trastornos relacionados con el gluten y propusieron un manejo diferente para cada uno.
En la práctica, esto cambia la forma de comer. Con la enfermedad celíaca, la dieta sin gluten tiene que ser estricta y para toda la vida. Los productos aptos no pueden pasar de 20 partes por millón de gluten, que es el límite legal en la Unión Europea. Con la sensibilidad no celíaca, la restricción suele ajustarse a lo que tolera cada persona, y hay quien soporta pequeñas cantidades sin síntomas.
¿Qué síntomas separan una reacción al gluten de otra?
Los síntomas digestivos se parecen mucho entre los dos cuadros, así que por sí solos no bastan para diferenciarlos. Aun así, hay pistas que orientan al médico:
- En la celiaquía son frecuentes la diarrea crónica, la pérdida de peso y la anemia por falta de hierro.
- La enfermedad celíaca también puede dar señales fuera del intestino, como dermatitis herpetiforme, aftas bucales, osteoporosis precoz o alteraciones de la regla.
- En la sensibilidad no celíaca predominan la hinchazón, los gases, la digestión pesada, el cansancio, la niebla mental y el dolor de cabeza.
- En la sensibilidad no celíaca las molestias suelen aparecer horas después de comer y ceden al retirar el gluten, sin carencias nutricionales asociadas.
Hay un detalle que confunde a muchas familias. En adultos, la celiaquía puede pasar casi desapercibida y descubrirse por una anemia o por una analítica con las transaminasas altas. Por eso conviene conocer bien cómo se manifiesta la enfermedad celíaca en sus distintas formas, desde la clásica hasta la que apenas da síntomas.
¿Cómo se confirma el diagnóstico sin equivocarse?
El diagnóstico de la celiaquía sigue unos pasos definidos. La sensibilidad al gluten, en cambio, se confirma descartando otras causas. En consulta, el orden habitual es este:
- Análisis de sangre con anticuerpos antitransglutaminasa IgA y el nivel total de IgA.
- Biopsia del duodeno mediante endoscopia si los anticuerpos salen positivos, para valorar el daño en las vellosidades.
- Estudio genético HLA DQ2 y DQ8 en los casos dudosos. Si sale negativo, la celiaquía es muy improbable.
- Si se descartan la celiaquía y la alergia al trigo, se retira el gluten y luego se reintroduce de forma controlada para ver si vuelven los síntomas.

La regla más importante es no retirar el gluten antes de las pruebas. Sin gluten en la dieta, los anticuerpos bajan, la mucosa se recupera y el resultado puede salir falsamente negativo. La reintroducción también tiene sus trampas. Otra investigación en la misma línea observó que, en una prueba de provocación, casi la mitad reaccionaba también al placebo. Además, quienes sí respondían al gluten tenían una microbiota intestinal distinta.
Señales y controles que conviene revisar con el tiempo
Una vez hecho el diagnóstico, el seguimiento depende de cada caso. En la celiaquía se suelen repetir los anticuerpos a los 6 y 12 meses de empezar la dieta y después una vez al año. A la vez se controlan la hemoglobina, la ferritina, la vitamina D y la función tiroidea. Si la diarrea o el dolor siguen a pesar de una dieta correcta, hay que buscar contaminación cruzada en la cocina, en restaurantes o en productos mal etiquetados. En la sensibilidad no celíaca ayuda llevar un diario con los alimentos y las cantidades que provocan hinchazón. También conviene revisar con un dietista si los síntomas encajan mejor con un intestino irritable o con una intolerancia a los FODMAP, para cuidar la digestión sin restringir más de lo necesario.
La información de este texto es divulgativa y no sustituye la evaluación, el diagnóstico ni el seguimiento de un profesional sanitario. Si tienes molestias digestivas persistentes o dudas sobre tu tolerancia al gluten, pide cita con tu médico.








