La temperatura corporal cambia con la edad. En la tercera edad, el metabolismo, la circulación y la respuesta del organismo ante una infección pueden hacer que los valores de referencia sean algo más bajos que en adultos jóvenes. Por eso, una cifra que parece normal en una persona puede no serlo en otra, sobre todo si hay malestar, escalofríos o confusión.
¿Qué temperatura se considera normal a partir de los 65?
Los valores habituales suelen moverse alrededor de 36,0 °C a 37,2 °C, aunque no existe un único número válido para todo el mundo. La medición varía según la hora del día, el termómetro y la zona usada, como axila, boca u oído. En muchas personas mayores, la temperatura basal está por debajo del clásico 37 °C.
La tercera edad también presenta más oscilaciones si hay deshidratación, poca ingesta, ciertos fármacos o enfermedades crónicas. Por eso conviene fijarse en la temperatura habitual de cada persona y no solo en un corte fijo.
¿Qué dice la investigación sobre fiebre y envejecimiento?
La relación entre fiebre y envejecimiento no siempre encaja con el umbral estándar. Una investigación científica de 2026 observó que, en adultos mayores hospitalizados, los umbrales orales más bajos podían mejorar la detección de fiebre, especialmente a edades avanzadas. El trabajo sugiere que en personas de 75 años o más una cifra oral cercana a 37,2 °C puede ayudar a detectar antes episodios febriles en pacientes con más riesgo.
Esto encaja con otra revisión publicada en 2021, que ya apuntaba a una temperatura basal más baja con la edad. En la práctica, una elevación pequeña respecto al valor habitual puede tener importancia clínica, aunque no alcance los 38 °C.

¿Cuándo puede indicar fiebre en una persona mayor?
La fiebre suele considerarse a partir de 38 °C, pero en personas mayores también conviene vigilar aumentos menores si aparecen síntomas. Si alguien suele estar en 36,2 °C y pasa a 37,4 °C con decaimiento, tos o somnolencia, esa subida merece atención.
Para situar mejor la cifra, puede ayudar revisar las causas frecuentes de fiebre y los signos que suelen acompañarla. El contexto importa tanto como el termómetro, sobre todo si hay infección respiratoria, urinaria o reacción a medicamentos.
- Temperatura de 38 °C o más.
- Subida de 1 °C o más sobre la basal habitual.
- Escalofríos, debilidad intensa o respiración acelerada.
- Confusión, somnolencia o menor respuesta.
¿Por qué los valores de referencia pueden ser más bajos?
Los valores de referencia cambian porque el cuerpo regula el calor de forma distinta con los años. Influyen una menor masa muscular, cambios hormonales, menor respuesta inflamatoria y algunos tratamientos, como antiinflamatorios o corticoides, que pueden enmascarar la fiebre.
La temperatura también depende del método de medición. Para evitar errores, conviene tener en cuenta estos puntos:
- La axila suele dar cifras más bajas que la boca o el recto.
- La temperatura oral cambia con bebidas frías o calientes.
- Por la tarde suele ser algo más alta que por la mañana.
- Usar siempre el mismo termómetro permite comparar mejor.
¿Qué señales acompañan a una fiebre en la tercera edad?
La tercera edad no siempre presenta fiebre alta. A veces predominan signos menos evidentes, como pérdida de apetito, apatía, mareo, desorientación o empeoramiento brusco del estado general. En una infección urinaria o respiratoria, estos cambios pueden aparecer antes que una cifra claramente elevada.
La temperatura corporal debe interpretarse junto con pulso, hidratación, color de la piel, tos, dolor al orinar o dificultad para respirar. Si la persona está más fría de lo habitual, también conviene vigilarla, porque algunas infecciones graves pueden presentarse sin una respuesta térmica intensa.
¿Cuándo conviene consultar sin esperar?
Los valores de referencia individuales ayudan, pero hay situaciones en las que no conviene demorar la valoración. Una fiebre persistente, una subida rápida o un cambio del estado mental requieren atención, aunque el termómetro no marque cifras muy altas.
Si la persona mayor tiene enfermedad pulmonar, insuficiencia cardíaca, diabetes, cáncer o defensas bajas, una variación térmica pequeña puede ser clínicamente relevante. Medir bien, comparar con la basal y observar síntomas asociados permite actuar antes ante una infección, deshidratación o descompensación.
Este contenido es exclusivamente informativo y no sustituye la evaluación, el diagnóstico ni el seguimiento de un profesional sanitario. Si presentas síntomas o dudas sobre el estado de salud de una persona mayor, busca atención médica.









