Antibióticos y antiinflamatorios pueden aparecer juntos cuando una persona tiene dolor, fiebre o hinchazón, pero no cumplen la misma función. Los primeros actúan contra determinadas bacterias, mientras que los segundos reducen la inflamación y alivian síntomas. Confundirlos puede retrasar el tratamiento adecuado y favorecer problemas relacionados con el uso innecesario de medicamentos.
¿Qué diferencia hay entre una infección y una inflamación?
Una infección aparece cuando un microorganismo, como una bacteria, un virus, un hongo o un parásito, invade el organismo y puede causar enfermedad. La inflamación, en cambio, es una respuesta del cuerpo frente a una infección, una lesión, una irritación o determinadas alteraciones del sistema inmunitario. Por eso, puede existir inflamación sin infección bacteriana.
Una infección también puede provocar inflamación. En esos casos, el tratamiento depende de la causa. Los antibióticos pueden ser necesarios frente a determinadas infecciones bacterianas, mientras que un antiinflamatorio puede utilizarse para controlar dolor o inflamación cuando está indicado. Ninguno de estos medicamentos debe elegirse únicamente por la presencia de fiebre, dolor o hinchazón.

¿Qué muestran los estudios sobre el uso inadecuado de antibióticos?
Una revisión sistemática publicada en BMJ Open en 2023 analizó los factores relacionados con la prescripción inadecuada de antibióticos en atención primaria. La investigación identificó múltiples factores asociados a este problema, entre ellos la percepción de que el paciente espera recibir un antibiótico y determinadas características del contexto clínico.
La revisión ayuda a entender por qué el tratamiento antibiótico debe basarse en la indicación concreta y no solo en los síntomas. Además, investigaciones sobre los factores asociados a la prescripción inadecuada de antibióticos muestran que mejorar su uso requiere decisiones clínicas ajustadas a cada infección y paciente.
¿Para qué sirven los antibióticos y cuándo no funcionan?
Los antibióticos están diseñados para combatir determinadas bacterias, ya sea eliminándolas o impidiendo que se multipliquen. No sirven contra los virus responsables de la mayoría de los resfriados y de muchas infecciones respiratorias. Por eso, tomar un antibiótico ante un catarro, gripe o dolor de garganta sin confirmar la causa no acelera necesariamente la recuperación.
Entre los errores más frecuentes conviene evitar los siguientes:
- tomar antibióticos sin una indicación profesional;
- utilizar sobras de un tratamiento anterior;
- compartir antibióticos con otra persona;
- elegir un medicamento por suponer que es más potente;
- modificar la dosis o la duración indicada por cuenta propia.
El uso innecesario también puede provocar diarrea, reacciones alérgicas y otros efectos adversos. Además, favorece la resistencia bacteriana, un fenómeno en el que las bacterias desarrollan mecanismos que dificultan que determinados antibióticos vuelvan a ser eficaces.

¿Qué hacen los antiinflamatorios y qué riesgos tienen?
Los antiinflamatorios reducen sustancias implicadas en la respuesta inflamatoria y pueden ayudar a disminuir dolor, hinchazón y fiebre en determinadas situaciones. Entre los antiinflamatorios no esteroideos se encuentran ibuprofeno, naproxeno y diclofenaco. Los corticosteroides, como la prednisolona, pertenecen a otro grupo y tienen efectos diferentes.
Estos medicamentos tampoco son adecuados para todas las personas. Los antiinflamatorios no esteroideos pueden aumentar el riesgo de irritación y sangrado digestivo y afectar a la función renal o cardiovascular en determinadas circunstancias. Las personas con enfermedades crónicas, antecedentes de úlcera, problemas renales, embarazo o tratamientos concomitantes deben consultar antes de utilizarlos.
¿Se pueden tomar antibióticos y antiinflamatorios juntos?
En algunas enfermedades puede ser necesario utilizar ambos, pero cada uno responde a una parte diferente del problema. Por ejemplo, ante una infección bacteriana confirmada, el antibiótico trata el microorganismo responsable, mientras que un analgésico o antiinflamatorio puede aliviar determinados síntomas cuando el profesional sanitario considera que es apropiado.
La clave es no utilizar un antiinflamatorio para sustituir un antibiótico cuando existe una infección bacteriana que necesita tratamiento, ni tomar un antibiótico para cualquier cuadro inflamatorio. Para utilizar los antibióticos de forma adecuada, es necesario respetar el medicamento, la dosis y el tiempo indicados, sin reutilizar tratamientos antiguos ni modificarlos al notar una mejoría.
Este contenido es exclusivamente informativo y no sustituye la evaluación médica. Ante una infección, dolor persistente, fiebre elevada o dudas sobre un medicamento, consulta con un profesional sanitario.









