El dolor en los ojos no es un diagnóstico sino una señal. El globo ocular, los párpados, la conjuntiva, la córnea y las estructuras que rodean el ojo pueden producir dolor por mecanismos muy diferentes, y la diferencia entre un ojo seco por exceso de pantallas y un glaucoma agudo no está solo en la intensidad del dolor sino en sus características específicas, en lo que lo acompaña y en la velocidad con que aparece. Identificar a cuál de las tres categorías pertenece el dolor que se siente orienta hacia la acción correcta: medidas de alivio en casa, consulta programada con el oftalmólogo, o atención urgente sin demora.
Sequedad ocular y fatiga visual: el dolor más frecuente en la era de las pantallas
El síndrome del ojo seco y la fatiga visual digital son las causas más frecuentes de dolor ocular en adultos activos, y su prevalencia ha aumentado de forma proporcional al uso de pantallas. El mecanismo es el siguiente: cuando se trabaja frente a una pantalla, la frecuencia de parpadeo, que en condiciones normales es de entre 15 y 20 veces por minuto, cae a entre cuatro y siete veces por minuto. Ese parpadeo reducido permite que la película lagrimal que lubrica y protege la córnea se evapore de forma incompleta entre parpadeo y parpadeo, exponiendo la superficie corneal a un desecamiento parcial que activa los receptores del dolor.
El dolor de la sequedad ocular tiene características específicas que lo distinguen de otras causas: sensación de ardor, de arena o de cuerpo extraño en el ojo, que aparece progresivamente a lo largo del día y es peor al final de la jornada laboral. Suele afectar ambos ojos de forma simétrica, mejora con el parpadeo voluntario frecuente y con el cierre ocular durante unos minutos, y empeora en ambientes con aire acondicionado o calefacción que reducen la humedad ambiental. No produce visión borrosa persistente ni enrojecimiento intenso, aunque puede haber un ligero enrojecimiento conjuntival al final del día. Una revisión publicada en la revista Ophthalmology en 2023 confirmó que el síndrome del ojo seco asociado al uso de pantallas afecta a más del 50% de los trabajadores con uso intensivo de ordenador, con mejoría significativa de los síntomas mediante la aplicación de la regla 20-20-20 y el uso de lágrimas artificiales sin conservantes.

Presión ocular elevada y glaucoma agudo: la emergencia que no puede esperar
El glaucoma agudo de ángulo cerrado es la causa de dolor ocular que requiere atención oftalmológica urgente con mayor frecuencia. Se produce cuando el iris bloquea de forma súbita el drenaje del humor acuoso dentro del ojo, produciendo un aumento brusco de la presión intraocular que puede llegar a valores de 50 a 70 mmHg, frente a los 10 a 21 mmHg normales. Esa presión extrema daña el nervio óptico de forma rápida e irreversible si no se trata en horas.
El dolor del glaucoma agudo es cualitativamente diferente al de la fatiga ocular: es profundo, intenso, descrito como una presión o un aplastamiento dentro del globo ocular, de inicio brusco y que no mejora con el cierre de los ojos ni con el reposo. Se acompaña típicamente de visión borrosa con halos alrededor de las luces, enrojecimiento ocular intenso, y frecuentemente náuseas y vómitos producidos por la estimulación del sistema nervioso autónomo por el dolor intenso. Esa combinación de dolor ocular profundo, visión borrosa y náuseas es la tríada de alarma del glaucoma agudo. Para entender mejor qué es el glaucoma, cuáles son sus tipos, cómo se diagnostica mediante tonometría y campo visual, y qué tratamientos están disponibles según el estadio, conviene revisar también las diferencias entre el glaucoma agudo de ángulo cerrado y el glaucoma crónico de ángulo abierto en cuanto a presentación y urgencia.
Inflamaciones e infecciones: conjuntivitis, uveítis y sinusitis
El tercer grupo de causas de dolor ocular incluye las inflamaciones e infecciones de las estructuras oculares y periorbitarias. Cada una tiene características que la distinguen de las otras.
- Conjuntivitis: la inflamación de la conjuntiva produce un enrojecimiento difuso del blanco del ojo, secreción que puede ser acuosa en la conjuntivitis viral o purulenta amarillenta en la bacteriana, sensación de cuerpo extraño o arena, y en algunos casos fotofobia leve. El dolor de la conjuntivitis es superficial, nunca profundo, y no produce pérdida de visión. La conjuntivitis viral es altamente contagiosa y suele acompañarse de síntomas de infección respiratoria alta. La conjuntivitis bacteriana produce más secreción y responde al tratamiento antibiótico.
- Uveítis: la inflamación de la úvea, la capa media del ojo que incluye el iris, el cuerpo ciliar y la coroides, produce un dolor profundo diferente al de la conjuntivitis, acompañado de fotofobia intensa, visión borrosa y un enrojecimiento que es más intenso alrededor del iris que en la periferia de la conjuntiva. La uveítis anterior es la más frecuente y puede estar asociada a enfermedades autoinmunes como la espondilitis anquilosante, la sarcoidosis o la artritis reactiva. Requiere evaluación oftalmológica urgente y tratamiento específico.
- Sinusitis: la inflamación de los senos paranasales produce una presión y un dolor que se perciben en la zona periorbitaria y retroorbitaria, con la característica de que el dolor empeora al inclinar la cabeza hacia adelante o al mover los ojos hacia los lados. No produce enrojecimiento ocular ni secreción, lo que lo diferencia de la patología ocular primaria.
- Infecciones sistémicas como el dengue: producen una sensación de dolor retroorbitario característico, descrito como dolor al mover los ojos, que forma parte del cuadro sistémico con fiebre alta y dolor óseo y muscular intenso.

Cómo aliviar el malestar leve en casa y cuándo no es suficiente
Las medidas domiciliarias son eficaces únicamente para el dolor ocular leve producido por fatiga visual o sequedad, nunca para las causas inflamatorias, infecciosas o de presión elevada que requieren evaluación médica específica.
- Regla 20-20-20: cada 20 minutos frente a la pantalla, apartar la vista y mirar un objeto situado a al menos seis metros de distancia durante 20 segundos. Ese descanso permite que la musculatura ciliar se relaje y que la frecuencia de parpadeo se normalice.
- Lágrimas artificiales sin conservantes: los colirios lubricantes de hialuronato sódico o carboximetilcelulosa sin conservantes pueden aplicarse con la frecuencia necesaria sin producir efectos secundarios. Las versiones con conservantes no deben usarse más de cuatro veces al día porque el conservante puede irritar la córnea con el uso repetido.
- Compresas frías: una gasa o paño limpio humedecido en suero fisiológico frío sobre los párpados cerrados durante cinco a diez minutos reduce el ardor y la inflamación superficial.
- Nunca usar colirios con corticoides o antibióticos sin prescripción: los corticoides oculares sin diagnóstico pueden empeorar de forma grave una infección herpética o elevar la presión intraocular en personas predispuestas al glaucoma.
Acudir a urgencias oftalmológicas sin demora es la acción correcta ante pérdida súbita o emborronamiento brusco de la visión, dolor ocular profundo e intenso de inicio brusco, enrojecimiento muy intenso que no mejora en 24 horas, fotofobia extrema con dolor al movimiento ocular, o la combinación de dolor ocular con náuseas y vómitos. El dolor ocular leve que aparece al final de un día de trabajo intenso frente a pantallas es esperable y manejable en casa. El que aparece de forma brusca, es profundo y se acompaña de visión borrosa o náuseas es una emergencia que no admite espera.
Este artículo tiene una finalidad exclusivamente informativa y no sustituye la evaluación médica profesional. Ante dolor ocular intenso de inicio brusco, visión borrosa súbita, fotofobia extrema o enrojecimiento severo, consulte con un oftalmólogo o acuda a urgencias sin demora.









