Duermes seis horas entre semana y crees que las recuperas el domingo. El cuerpo no lleva esa contabilidad, y el corazón todavía menos. Las horas de sueño influyen en la tensión, en la frecuencia cardiaca y en cómo descansan las arterias durante la noche, y la cifra que te conviene cambia con los años. Aquí tienes las preguntas que más se repiten, con respuestas claras.
¿Cuántas horas pide el corazón en cada etapa de la vida?

No existe un número mágico, sino una franja. En la edad adulta, entre los 18 y los 64 años, la mayoría de las guías del sueño sitúan el descanso saludable entre siete y nueve horas. A partir de los 65, el rango baja un poco, de siete a ocho horas, y es habitual que el sueño se vuelva más ligero y que uno se despierte más veces por la noche.
Los adolescentes necesitan algo más, cerca de ocho a diez horas, y quien atraviesa una fase de esfuerzo físico o de estrés también lo nota. La idea que conviene retener es sencilla: ni muy poco ni demasiado. Tanto quedarse corto de forma habitual como pasarse deja huella en el sistema cardiovascular. Por eso las recomendaciones se dan en horquillas y no en cifras cerradas, para dejar margen a las diferencias entre personas.
¿Qué encontró la investigación sobre el sueño y el corazón?
Uno de los trabajos más citados reunió datos de casi medio millón de personas seguidas durante años. Se publicó en European Heart Journal en 2011 y combinó quince estudios previos para ver qué ocurría entre el descanso y la enfermedad del corazón. Es un volumen de datos difícil de ignorar, aunque se trate de estudios de observación.
Sus autores observaron que dormir de forma habitual menos de seis horas se asociaba a un riesgo un 48% mayor de sufrir o morir por enfermedad coronaria, además de más ictus. No demuestra que la falta de sueño sea la única causa, pero sí que camina muy cerca de los problemas cardiacos.
¿Por qué dormir demasiado tampoco es buena señal?
Suele sorprender, pero pasarse también puntúa. En ese mismo análisis, quienes dormían de forma sostenida más de ocho o nueve horas registraron más ictus y más enfermedad cardiovascular. El sueño muy largo no siempre equivale a un descanso reparador.
Muchas veces es la consecuencia de un sueño de mala calidad, de apneas, de un ánimo bajo o de una enfermedad de fondo que conviene mirar. Si necesitas diez u once horas para funcionar, o te levantas agotado pese a dormir mucho, es un motivo para consultarlo, no para presumir de dormilón.
¿Importa más la calidad o el número de horas?

Las horas son solo la mitad de la historia. Un sueño fragmentado, con despertares y ronquidos fuertes, castiga a la presión arterial aunque el total parezca correcto. Durante el descanso profundo, la tensión baja y el corazón afloja el ritmo; si ese descenso nocturno no llega, las arterias trabajan de más.
La somnolencia diurna es una buena pista. Si te vence el sueño en cualquier momento del día, quizá no descansas tan bien como crees, y vale la pena revisar por qué aparece tanto sueño durante el día antes de achacarlo solo a la edad.
¿La siesta cuenta para el corazón?
Una siesta corta, de veinte a treinta minutos y a primera hora de la tarde, puede ayudar a recuperar y no interfiere con la noche. El problema llega con las siestas largas, de más de una hora, que se asocian a peor descanso nocturno y a más riesgo cuando se convierten en la norma diaria.
Si duermes bien de noche, la siesta es opcional. Si la necesitas cada día para llegar a la tarde, más que una solución puede ser una señal de que el sueño nocturno se está quedando corto.
¿Qué puedes hacer esta noche para descansar mejor?
Empieza por un horario estable, también el fin de semana, porque el corazón agradece la regularidad más que las horas sueltas. Cena ligero y temprano, aparca las pantallas un rato antes y deja el dormitorio fresco y a oscuras. Si te cuesta arrancar, una infusión relajante ayuda a crear rutina, y aquí tienes algunos tés que favorecen el sueño.
Quédate con una referencia práctica: si rondas de forma cómoda las siete u ocho horas, con un sueño seguido y te levantas descansado, vas por buen camino. Ajustar media hora arriba o abajo importa menos que sostener ese ritmo casi todos los días. Y si un mal día duermes poco, no lo arregles encadenando noches de diez horas, porque el vaivén cansa más al corazón que una noche corta suelta.
Esta información es divulgativa y no sustituye la evaluación de un profesional sanitario. Si duermes mal de forma habitual, roncas con pausas o notas palpitaciones al despertar, coméntalo con tu médico.









