La boca seca es una queja mucho más común de lo que parece y casi nunca aparece sola. Suele venir acompañada de sed continua, saliva pegajosa, labios agrietados o mal aliento al despertar. Detrás hay causas sencillas en la mayoría de los casos, aunque cuando se prolonga en el tiempo conviene averiguar el motivo.
¿Qué hace la saliva y por qué se nota su falta?
Las glándulas salivales producen entre medio litro y litro y medio al día. Esa saliva lubrica la mucosa, neutraliza los ácidos de la placa, aporta calcio y fosfato al esmalte, controla las bacterias y permite percibir los sabores. También inicia la digestión del almidón.
Cuando el flujo baja, todo eso se resiente a la vez. La saliva que queda procede sobre todo de las glándulas mucosas, más viscosas, y de ahí la sensación de saliva espesa y pegajosa. Por la noche el flujo cae de forma natural, y por eso las molestias se notan más al despertar.
¿Es un problema frecuente?
Un equipo brasileño reunió los estudios poblacionales publicados sobre el tema para poner cifras a algo que rara vez llega a la consulta.
Según la revisión sistemática publicada en el Brazilian Dental Journal en 2018, que analizó 29 trabajos de distintos países, la boca seca alcanza una prevalencia media del 22% en la población. Los autores encontraron un rango amplio entre estudios y señalaron la edad como factor determinante, con cifras claramente mayores en personas mayores. Buena parte de esa diferencia se explica más por la medicación acumulada que por el envejecimiento en sí.
Las causas más habituales
Estas son las que aparecen con más frecuencia, ordenadas de lo más común a lo menos:
- Beber poca agua a lo largo del día, sobre todo en olas de calor o con fiebre;
- Respirar por la boca al dormir, con o sin ronquido de por medio;
- Medicamentos como antihistamínicos, antidepresivos, diuréticos, antihipertensivos y algunos analgésicos;
- Tabaco, alcohol y exceso de cafeína;
- Estrés y ansiedad, que reducen el flujo salival de forma temporal;
- Diabetes mal controlada, que se acompaña de sed intensa y orina abundante;
- Síndrome de Sjögren, radioterapia de cabeza y cuello o quimioterapia.
La causa más simple suele ser también la primera a descartar. Merece la pena repasar los síntomas y causas de la deshidratación antes de buscar explicaciones más complejas.

¿Qué ayuda en el día a día?
Estas medidas alivian los síntomas y, sobre todo, protegen los dientes, que quedan expuestos sin la barrera de la saliva:
- Beber agua a sorbos con frecuencia, en lugar de grandes cantidades de golpe;
- Masticar chicle sin azúcar con xilitol, que estimula el flujo salival;
- Usar pasta con flúor y valorar con el dentista una concentración más alta;
- Evitar colutorios con alcohol, que resecan todavía más la mucosa;
- Recurrir a salivas artificiales en gel o espray, disponibles en farmacia;
- Poner un humidificador en el dormitorio y tratar la congestión nasal que obliga a respirar por la boca;
- Reducir alimentos muy salados, picantes o ácidos mientras dure el problema.
El riesgo de caries se dispara en esta situación, así que las revisiones dentales pasan a ser semestrales en lugar de anuales.
¿Cuándo conviene consultar?
Cuando la sequedad persiste más de dos o tres semanas pese a mejorar la hidratación, cuando dificulta tragar, hablar o dormir, o cuando aparecen llagas, ardor en la lengua, manchas blancas compatibles con una candidiasis o varias caries en poco tiempo. También si se suma sequedad ocular y dolor articular, un trío que orienta hacia el síndrome de Sjögren, y muy especialmente si la sed constante viene con orina abundante, cansancio y pérdida de peso, porque ese cuadro exige descartar una diabetes con un análisis de sangre.
En consulta, el primer paso suele ser revisar la lista completa de medicación, ya que a menudo basta con cambiar un fármaco o ajustar la hora de la toma. Esa decisión corresponde al médico y nunca debe tomarse por cuenta propia. El dentista, por su parte, valora el estado de la mucosa y del esmalte y pauta las medidas preventivas que correspondan.
Este contenido tiene finalidad informativa y no sustituye la evaluación de un profesional sanitario. Si la boca seca persiste, consulta con tu odontólogo o con tu médico de familia.









