¿Qué significa realmente ese “clac” en mis articulaciones?
¿Cuándo debo preocuparme por un crujido?
Casi todo el mundo ha escuchado alguna vez la advertencia de que crujirse los dedos causa artritis o daña las articulaciones. Es uno de los mitos médicos más extendidos y más longevos, y la ciencia lo ha desmontado con suficiente evidencia como para cerrar el debate. El crujido articular aislado no es una señal de daño, pero hay situaciones concretas en las que sí merece atención. Saber distinguirlas evita tanto la preocupación innecesaria como ignorar algo que requiere evaluación.
Por qué crujen las articulaciones: la explicación científica
Las articulaciones están bañadas por líquido sinovial, una sustancia viscosa que actúa como lubricante y amortigua el rozamiento entre los cartílagos. Cuando la articulación se estira o se mueve con rapidez, la presión dentro del espacio articular cae de forma brusca. Esa caída de presión hace que los gases disueltos en el líquido sinovial, principalmente nitrógeno y dióxido de carbono, formen una burbuja que se expande o colapsa casi instantáneamente. Ese colapso produce el chasquido característico, un fenómeno conocido como cavitación.
Un estudio publicado en la revista PLOS ONE en 2015, que utilizó resonancia magnética en tiempo real para observar lo que ocurre dentro de la articulación durante el crujido, confirmó que el sonido se produce en el momento en que se forma la burbuja de gas, no cuando colapsa, lo que aclara un debate que había durado décadas sobre el mecanismo exacto. La burbuja tarda entre 15 y 30 minutos en reabsorberse, que es el tiempo necesario para que la articulación pueda volver a crujir.

El mito de la artritis y el experimento de 60 años
El caso más llamativo para desmontar el mito de que crujirse los dedos causa artritis es el del médico estadounidense Donald Unger, que durante más de 50 años chasqueó los dedos de su mano izquierda al menos dos veces al día, dejando la mano derecha completamente en reposo. Al cabo de ese período, ninguna de las dos manos presentó artritis ni diferencias apreciables en el estado de las articulaciones. El experimento le valió el Premio Ig Nobel de Medicina en 2009.
Estudios de mayor tamaño realizados posteriormente en grupos de adultos con y sin hábito de crujirse los dedos no encontraron diferencias significativas en la prevalencia de artrosis entre ambos grupos. Lo que sí encontraron algunos estudios en personas con el hábito muy forzado y sostenido durante décadas fue cierta laxitud en los ligamentos de los dedos, sin que eso se tradujera en daño cartilaginoso. Para entender mejor qué es la artrosis y cuáles son sus verdaderas causas, conviene revisar también los factores de riesgo que sí están respaldados por la evidencia.
Otros mecanismos que producen el crujido
La cavitación no es el único origen posible de los ruidos articulares. Hay otros mecanismos igualmente inofensivos que producen sonidos distintos.
- Desplazamiento de tendones y ligamentos: al realizar ciertos movimientos, un tendón o ligamento puede deslizarse sobre una protuberancia ósea y volver a su posición con un chasquido. Es especialmente frecuente en la cadera, el hombro y la rodilla, y no indica ningún daño estructural cuando no va acompañado de dolor.
- Movimiento de gas en el intestino: algunos ruidos que parecen proceder de la cadera o la zona lumbar tienen su origen en el tracto digestivo, especialmente después de las comidas.
- Crepitación fina: un sonido continuo y suave, parecido al de papel arrugándose, puede producirse por el deslizamiento de superficies cartilaginosas ligeramente irregulares, sin que eso implique artrosis establecida.

Cuándo el crujido sí puede ser una señal de alerta
El ruido articular aislado no requiere atención médica. Lo que cambia esa valoración es la presencia de síntomas acompañantes que apuntan a un proceso estructural o inflamatorio activo.
- Dolor simultáneo o inmediatamente después del crujido: un chasquido sin dolor es benigno; uno que genera dolor en el momento o que deja molestia persistente merece evaluación.
- Inflamación, calor o enrojecimiento en la articulación: señales de inflamación activa que pueden indicar artritis, bursitis o una lesión ligamentosa.
- Bloqueo articular: cuando la articulación queda atrapada en una posición y no puede moverse con normalidad, puede indicar la presencia de un cuerpo libre intraarticular o daño meniscal en el caso de la rodilla.
- Crepitación constante con sensación de arena o roce rugoso: un sonido continuo y áspero, diferente al chasquido puntual, puede indicar desgaste del cartílago articular propio de la condropatía o la artrosis en fases iniciales.
- Sensación de inestabilidad: la impresión de que la articulación cede o está suelta puede apuntar a laxitud ligamentosa o a una lesión que no se resolvió completamente.
Qué articulaciones crujen más y por qué
No todas las articulaciones tienen la misma tendencia a producir ruidos. Los dedos, las rodillas, los tobillos, el cuello y la columna dorsal son las zonas donde el crujido es más frecuente, por razones anatómicas distintas en cada caso.
En la rodilla, el crujido al subir o bajar escaleras o al ponerse en cuclillas es especialmente frecuente después de los 40 años. En ausencia de dolor, no indica artrosis; en presencia de dolor, especialmente localizado bajo la rótula, merece valoración por condropatía rotuliana. En el cuello y la columna dorsal, los crujidos al girar o al estirarse son habituales y generalmente inofensivos, aunque la aparición de dolor irradiado hacia el brazo o la pierna asociado a esos movimientos requiere evaluación neurológica.
El crujido articular es uno de los fenómenos fisiológicos más escuchados y más malinterpretados. La regla práctica es sencilla: si el ruido aparece sin dolor, sin inflamación y sin limitación de movimiento, no hay motivo de preocupación. Si aparece con cualquiera de esos acompañantes, la consulta con el médico o el traumatólogo permite descartar o confirmar una causa que sí requiere tratamiento.
Este artículo tiene una finalidad exclusivamente informativa y no sustituye la evaluación médica profesional. Ante crujidos articulares acompañados de dolor, hinchazón o limitación de movimiento, consulte con su médico o traumatólogo para recibir una evaluación adecuada.









