¿Por qué el calor prolongado me hace sentir inflamado?
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El calor intenso no solo provoca sudoración y cansancio. Cuando las temperaturas son muy elevadas durante días seguidos, el organismo activa mecanismos de termorregulación que pueden favorecer un estado inflamatorio de bajo grado, especialmente en personas mayores de 50 años, con enfermedades crónicas, obesidad o deshidratación habitual. No se trata de alarmarse, sino de saber leer ciertas señales del cuerpo para actuar a tiempo con medidas sencillas.
Por qué el calor puede inflamar el organismo
Cuando la temperatura ambiental supera la capacidad del organismo para disipar el calor de forma eficiente, el corazón trabaja más, los vasos sanguíneos periféricos se dilatan y la pérdida de líquidos por la sudoración altera el equilibrio de electrolitos. Ese conjunto de adaptaciones puede favorecer un aumento de citoquinas proinflamatorias y de proteína C reactiva, marcadores medibles de inflamación sistémica, especialmente en personas con procesos inflamatorios previos ya activos.
Un estudio publicado en la revista Environment International en 2023 confirmó que durante las olas de calor aumentan de forma estadísticamente significativa los niveles de marcadores inflamatorios en sangre en adultos mayores y personas con enfermedades cardiovasculares o metabólicas, con mayor riesgo de eventos adversos en quienes ya tenían una inflamación de base elevada. El calor no crea la inflamación de la nada, pero sí puede amplificar procesos que ya estaban en marcha.

Las 4 señales que el cuerpo envía cuando el calor lo sobrecarga
Estos cuatro síntomas no son diagnósticos por sí solos, pero cuando aparecen o se intensifican en los días de mayor calor y mejoran con el frescor, indican que el organismo está sufriendo una sobrecarga térmica que merece atención.
- Cansancio desproporcionado y persistente: cuando el cuerpo destina energía a la termorregulación y a mantener la presión arterial con los vasos dilatados, la fatiga aparece incluso sin haber realizado un esfuerzo físico relevante. Se acompaña con frecuencia de dificultad para concentrarse, cefalea leve e irritabilidad que no tienen otra causa aparente.
- Empeoramiento de dolores musculares y articulares: la vasodilatación, la leve deshidratación de los tejidos y el aumento de mediadores inflamatorios pueden hacer más perceptibles los dolores en personas con artrosis, fibromialgia o dolor crónico. El calor no daña las articulaciones directamente, pero puede amplificar la percepción del dolor ya existente de forma significativa.
- Hinchazón, pesadez y hormigueo en las piernas: la vasodilatación periférica y el mayor paso de líquidos hacia los tejidos por el calor favorecen la retención de líquidos en los pies y los tobillos, especialmente al final del día. Si al quitarse el calcetín queda la marca de la goma o los pies están tensos y pesados al levantarse por la mañana, el cuerpo está acumulando líquido de forma anormal.
- Sueño alterado y cambios de humor: dormir mal en verano no es solo una cuestión de temperatura ambiental. La combinación de calor, deshidratación y activación del sistema nervioso simpático reduce las fases de sueño profundo y fragmenta el descanso. Y un sueño insuficiente, a su vez, eleva los marcadores inflamatorios, creando un ciclo que se retroalimenta y que explica el estado de irritabilidad y bajo ánimo característico de las olas de calor prolongadas.
¿Qué personas tienen más riesgo de sufrirlo?
No todas las personas responden igual al calor. Hay perfiles con mayor vulnerabilidad que conviene conocer para extremar las precauciones.
- Mayores de 65 años, cuyo mecanismo de termorregulación es menos eficiente y cuya sensación de sed está disminuida.
- Personas con enfermedades cardiovasculares, diabetes, enfermedad renal crónica o obesidad, donde la inflamación de base ya está elevada.
- Quienes toman diuréticos, betabloqueantes o antihipertensivos, que pueden alterar la respuesta vascular al calor.
- Personas con poca movilidad o que pasan muchas horas sentadas, con menor retorno venoso en las piernas.
- Quienes viven solos y pueden deshidratarse sin que nadie lo detecte a tiempo.

Estrategias concretas para reducir la carga inflamatoria del calor
Antes de que los síntomas aparezcan o se intensifiquen, hay medidas prácticas que amortiguan el impacto del calor sobre el organismo. Para entender mejor qué alimentos tienen mayor efecto antiinflamatorio y cómo incorporarlos en la dieta de verano, conviene revisar también el papel de los polifenoles y los omega-3 en ese contexto.
- Hidratarse de forma activa, sin esperar a tener sed: las personas mayores tienen el umbral de sed disminuido y pueden deshidratarse de forma significativa antes de notarlo. Beber agua de forma regular a lo largo del día, incluyendo alimentos con alto contenido en agua como frutas, gazpacho, yogur y verduras crudas, es la medida con mayor impacto.
- Evitar la exposición solar entre las 12:00 y las 17:00 horas: mantener ambientes ventilados, usar ropa ligera y de colores claros, y refrescar la piel con duchas tibias reduce la sobrecarga térmica del sistema cardiovascular.
- Elevar las piernas por la tarde: pasar entre 30 y 60 minutos tumbado con las piernas elevadas por encima del nivel del corazón antes de cenar facilita el retorno venoso y reduce el edema vespertino.
- Alimentación ligera y antiinflamatoria: priorizar frutas, verduras, pescado azul, legumbres y aceite de oliva virgen extra, y reducir el alcohol, los alimentos muy salados y los ultraprocesados que amplifican la retención de líquidos y la inflamación.
- Favorecer el sueño en un ambiente fresco: dormir con la habitación ventilada, reducir el uso de pantallas antes de acostarse y mantener horarios regulares de sueño reduce la activación nocturna del sistema nervioso que perpetúa la inflamación.
Cuándo los síntomas requieren atención médica inmediata
La mayoría de las señales descritas son manejables con los cambios indicados y se resuelven cuando mejoran las condiciones térmicas. Hay situaciones, sin embargo, que requieren atención médica urgente sin esperar a que el cuadro mejore solo.
Acudir al médico o a urgencias de forma inmediata ante fiebre alta superior a 39 °C, confusión mental, desorientación o pérdida del conocimiento, dificultad para respirar, dolor torácico, piel muy seca y caliente sin sudoración, o vómitos que impiden la hidratación oral. Esos síntomas pueden indicar un golpe de calor, una emergencia médica que requiere enfriamiento inmediato y atención hospitalaria. La diferencia entre el agotamiento por calor y el golpe de calor es que en el segundo la temperatura corporal supera los 40 °C y el sistema de regulación térmica ha fallado por completo.
Este artículo tiene una finalidad exclusivamente informativa y no sustituye la evaluación médica profesional. Las personas con enfermedades crónicas o que toman medicación habitual deben consultar con su médico cómo gestionar su condición durante los períodos de calor intenso.









