La vitamina B12 participa en la formación de glóbulos rojos, en la función neurológica y en la síntesis del ADN. Cuando baja, pueden aparecer cansancio, hormigueo, palidez o fallos de memoria, síntomas que a veces se confunden con el envejecimiento normal. En los mayores de 50, además, el problema no siempre está en lo que se come, sino en una absorción intestinal menos eficiente.
¿Qué señales pueden indicar un déficit vitamínico de B12?
El déficit vitamínico de B12 puede dar pistas muy distintas entre sí. Algunas afectan a la sangre, como debilidad, falta de aire al esfuerzo, mareo o piel más pálida. Otras se notan en la boca, con lengua dolorida o sensación de ardor, y también en el apetito.
El sistema nervioso suele verse afectado cuando la carencia se mantiene. Son frecuentes el hormigueo en manos o pies, la torpeza al caminar, los despistes, la irritabilidad y una menor concentración. Entre las señales que conviene vigilar están estas:
- Cansancio persistente y fatiga sin causa clara.
- Hormigueo, adormecimiento o pinchazos en extremidades.
- Pérdida de equilibrio o marcha inestable.
- Palidez, taquicardia o sensación de debilidad.
- Problemas de memoria, confusión o niebla mental.
¿Por qué la absorción empeora después de los 50 años?
La B12 de los alimentos necesita ácido gástrico, enzimas digestivas y factor intrínseco para liberarse y absorberse bien. Con la edad, algunas personas producen menos ácido en el estómago o desarrollan cambios en la mucosa gástrica que dificultan este proceso. Por eso, en los mayores de 50, una analítica alterada puede deberse a malabsorción más que a una ingesta baja.
Una investigación publicada en 2021 en adultos mayores observó niveles más bajos de B12 cuando había gastritis atrófica y cambios gástricos asociados a la edad. El trabajo también sugiere que la hipoclorhidria reduce la liberación de la vitamina presente en carne, pescado, huevos y lácteos, lo que ayuda a explicar por qué el déficit vitamínico aumenta con los años.

¿Qué factores aumentan el riesgo además de la edad?
La edad no actúa sola. Hay fármacos y trastornos digestivos que interfieren con la absorción, sobre todo si ya existe poca acidez gástrica. Los inhibidores de la bomba de protones, usados para el reflujo o la gastritis, y la metformina son dos ejemplos bien conocidos en la práctica clínica.
También elevan el riesgo ciertas situaciones que afectan al estómago o al intestino. Si quieres revisar las causas del déficit de B12, conviene tener presentes estas posibilidades:
- Gastritis atrófica o menor producción de ácido gástrico.
- Uso prolongado de antiácidos o inhibidores de la bomba de protones.
- Tratamiento con metformina durante meses o años.
- Cirugía bariátrica o resección de parte del estómago o intestino.
- Enfermedad celíaca, enfermedad de Crohn u otros problemas de absorción.
- Dieta muy restrictiva sin una planificación adecuada.
¿Cómo afecta la vitamina B12 al sistema nervioso?
La vitamina B12 es clave para mantener la mielina, una capa que protege las fibras nerviosas y facilita la transmisión del impulso eléctrico. Cuando falta, el sistema nervioso puede empezar a fallar antes incluso de que aparezca anemia. Por eso, algunas personas consultan primero por hormigueo, torpeza, calambres o cambios cognitivos.
En fases más avanzadas, la alteración neurológica puede dejar secuelas si no se corrige a tiempo. La pérdida de sensibilidad, la inestabilidad al caminar y ciertos problemas de memoria merecen valoración médica, sobre todo en mayores de 50 o en quienes toman medicación que reduce la absorción digestiva.
¿Cuándo conviene pedir análisis y qué opciones de tratamiento existen?
Conviene pedir una valoración si hay síntomas compatibles, anemia macrocítica, antecedentes digestivos o uso prolongado de fármacos que interfieren con la absorción. Además de la B12 sérica, el profesional puede solicitar hemograma y, según el caso, otras pruebas para aclarar si el problema está en la ingesta, en el estómago o en el intestino.
Corregir el déficit vitamínico depende de la causa. A veces basta con suplementación oral y seguimiento, y otras se necesitan dosis más altas o tratamiento inyectable. En personas con gastritis atrófica, cirugía digestiva, factor intrínseco alterado o síntomas neurológicos, actuar pronto ayuda a proteger la médula ósea, los nervios periféricos y el rendimiento cognitivo.
Este contenido tiene carácter exclusivamente informativo y no sustituye la evaluación, el diagnóstico ni el seguimiento de un profesional sanitario. Si presentas síntomas o tienes dudas sobre tu estado de salud, busca atención médica.









