Las redes sociales y la cultura fitness han normalizado el uso de suplementos proteicos en edades cada vez más tempranas. Algunos padres añaden whey protein al biberón o a los batidos de sus hijos convencidos de que les ayuda a crecer más fuertes. Sin embargo, las principales sociedades de pediatría son categóricas: los niños y adolescentes sanos no necesitan estos productos y su uso rutinario no tiene respaldo científico.
Qué son el whey y la creatina y por qué generan debate en pediatría
El whey protein es una proteína derivada del suero de la leche, ampliamente usada por adultos para favorecer la recuperación muscular tras el ejercicio. La creatina es un compuesto que el propio organismo sintetiza y que también se encuentra en alimentos como la carne y el pescado; en forma de suplemento, se usa para mejorar el rendimiento en esfuerzos de alta intensidad. Ambos están diseñados y estudiados en población adulta, y su comercialización libre los ha convertido en productos de fácil acceso para familias que los perciben como inofensivos.
Una revisión publicada en el Jornal de Pediatria en 2024 evaluó el uso de suplementos dietéticos en niños y adolescentes y concluyó que el consumo de proteínas y aminoácidos en esta población ha aumentado de forma sostenida, y que la mayoría de los casos no están prescritos por un profesional sanitario, lo que expone a los menores a dosis inadecuadas con riesgo de ineficacia o sobredosificación.

¿Qué riesgos conlleva su uso en niños y adolescentes sanos?
El organismo infantil está en pleno desarrollo y responde de forma diferente a los suplementos que el adulto. El exceso crónico de proteína obliga a los riñones y al hígado a metabolizar y excretar compuestos nitrogenados en mayor cantidad de la habitual, lo que puede sobrecargar esos órganos cuando se mantiene en el tiempo.
- Riñones e hígado: posible sobrecarga de las vías de metabolización y excreción de compuestos nitrogenados con el uso crónico.
- Desarrollo metabólico: el exceso de proteína en la primera infancia se asocia a mayor riesgo de sobrepeso en años posteriores.
- Aditivos ocultos: muchos suplementos comerciales contienen colorantes, conservantes, edulcorantes y emulsificantes no recomendados en edades pediátricas.
- Relación con la comida: la normalización del suplemento puede interferir en el aprendizaje alimentario y desconectar al niño de los alimentos reales.
¿Qué dicen las guías pediátricas oficiales?
La posición de las principales sociedades pediátricas es uniforme. La Sociedad Brasileña de Pediatría publicó en mayo de 2026 la Nota de Alerta nº 42, en la que afirma explícitamente que no existe indicación para el uso rutinario de whey protein ni de creatina en niños y adolescentes sanos. La suplementación queda reservada a situaciones clínicas específicas como desnutrición, enfermedades crónicas, síndromes de malabsorción o aumento de la demanda metabólica, siempre bajo evaluación y seguimiento profesional. Para entender mejor cómo debe ser una alimentación equilibrada en la infancia y qué nutrientes son imprescindibles en cada etapa, conviene revisar las recomendaciones por grupos de edad.

¿Cuánta proteína necesita realmente un niño?
Las necesidades proteicas de los niños son perfectamente cubiertas por una dieta variada y basada en alimentos reales. No existe déficit proteico en un niño sano que come bien, aunque su ingesta pueda parecer pequeña comparada con los criterios de rendimiento deportivo adulto.
- Carnes, huevo, leche y derivados aportan proteína de alta calidad y biodisponibilidad sin necesidad de suplementos.
- Legumbres, cereales integrales y frutos secos complementan el aporte proteico desde fuentes vegetales.
- Un niño en edad escolar con dieta equilibrada cubre sus necesidades proteicas sin ningún producto adicional.
- En adolescentes con deporte de alta exigencia, la evaluación debe hacerla un pediatra o nutricionista, no basarse en tendencias de redes sociales.
Cuándo sí puede estar indicada la suplementación y quién debe decidirlo
Existen situaciones clínicas concretas en las que el pediatra puede considerar la suplementación proteica: niños con patologías que afectan la absorción de nutrientes, enfermedades crónicas que aumentan el gasto metabólico o casos documentados de desnutrición. En esos contextos, la indicación es individualizada, monitorizada y tiene un objetivo terapéutico claro. No es lo mismo un suplemento prescrito por un especialista para corregir un déficit real que añadir whey a la merienda de un niño sano porque un influencer lo recomienda.
Antes de incorporar cualquier suplemento a la dieta de un menor, la consulta con el pediatra o el nutricionista pediátrico es el único camino seguro y basado en evidencia. La infancia no debe asociarse a la lógica del rendimiento físico ni de la estética corporal, y los padres tienen un papel clave en proteger a sus hijos de esas presiones desde edades muy tempranas.
Este artículo tiene una finalidad exclusivamente informativa y no sustituye la evaluación médica profesional. Ante cualquier duda sobre la alimentación o la necesidad de suplementos en niños y adolescentes, consulte siempre con su pediatra o con un nutricionista especializado en población pediátrica.









