La manzanilla arrastra fama de remedio para el malestar digestivo, pero sus efectos van bastante más allá del estómago. Detrás de esta infusión hay compuestos con acción sobre el sistema nervioso, la piel y la inflamación, algunos de ellos estudiados en ensayos clínicos. Distinguir lo que la ciencia respalda de lo que es pura tradición ayuda a usarla mejor.
Uno de sus usos menos conocidos cuenta incluso con un ensayo aleatorizado.
Qué hay dentro de la flor de manzanilla

Los efectos de la manzanilla no son casualidad. Sus flores concentran compuestos bioactivos como la apigenina, un flavonoide, y aceites esenciales ricos en bisabolol y camazuleno.
Estos componentes le dan propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y sedantes. La apigenina, en concreto, es la protagonista de varios de los usos que trascienden lo digestivo, porque actúa sobre el sistema nervioso.
El uso contra la ansiedad, con ensayo clínico detrás
Aquí está el efecto más sorprendente para muchos, y con respaldo directo. La manzanilla puede tener una acción calmante sobre la ansiedad leve.
Según un ensayo clínico aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo de Amsterdam y colaboradores publicado en Journal of Clinical Psychopharmacology en 2009, el extracto de manzanilla mostró una actividad ansiolítica modesta en pacientes con ansiedad generalizada leve a moderada. El mecanismo propuesto es que la apigenina se une a los receptores GABA del cerebro, produciendo una inhibición suave que reduce la tensión.
Un apoyo para conciliar el sueño
Del efecto calmante se deriva otro uso muy extendido. El mismo mecanismo que reduce la ansiedad favorece la somnolencia y puede ayudar a dormir mejor.
Varios ensayos sugieren que el extracto de manzanilla mejora la calidad del sueño, sobre todo en personas mayores o con el descanso alterado por el estrés. Una taza caliente unos treinta minutos antes de acostarse encaja bien en una rutina de higiene del sueño, aunque no sustituye el tratamiento médico si el insomnio es persistente.
Su acción antiinflamatoria sobre la piel
La manzanilla también actúa por fuera del cuerpo. El bisabolol y el camazuleno inhiben mediadores de la inflamación, lo que explica su uso tradicional sobre la piel.
Aplicada en forma de compresas o productos tópicos, puede aliviar irritaciones leves y molestias cutáneas gracias a ese efecto antiinflamatorio y calmante. Sus antioxidantes ayudan además a proteger la piel del daño de los radicales libres, un motivo por el que aparece en cosmética.
El vínculo entre nervios e intestino

Curiosamente, su fama digestiva y su efecto calmante están conectados. Muchas molestias intestinales tienen un componente nervioso, como el nudo en el estómago antes de una situación estresante.
Al relajar el sistema nervioso, la manzanilla puede aliviar esas molestias digestivas de origen funcional, además de su efecto antiespasmódico directo sobre el músculo intestinal. Por eso los beneficios del té de manzanilla abarcan tanto el aparato digestivo como el estado de ánimo.
Cómo usarla y cuándo tener precaución
Conviene mantener expectativas realistas. La manzanilla no es una cura milagrosa, sino un apoyo herbal con beneficios reales cuando se usa con moderación y sentido común.
Las personas alérgicas a plantas de la familia de las asteráceas deben evitarla, y quienes toman ciertos medicamentos, como anticoagulantes, o están embarazadas conviene que consulten antes. Como parte de otras infusiones de uso común, la manzanilla es una aliada versátil, siempre que no reemplace el tratamiento médico cuando este es necesario.
Este contenido tiene fines informativos y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Ante ansiedad o insomnio persistentes, consulta con tu médico.









