La marca del calcetín tarda media hora en borrarse.
Los pies hinchados al final del día aparecen cuando el líquido que sale de los capilares hacia los tejidos supera lo que el sistema venoso y linfático devuelve hacia arriba. En España, un trabajo con 19.800 pacientes de atención primaria encontró que el 63 % de quienes tenían síntomas venosos los notaban peor al terminar la jornada.
La diferencia entre la hinchazón banal y la que exige consulta se apoya en un gesto de cinco segundos que se explica más adelante.
El nombre técnico de esa acumulación es edema, y su versión más común, la que cede al elevar las piernas, se llama edema postural o gravitacional. La sangre venosa de los pies tiene que subir hasta el corazón en contra de la gravedad, empujada por la contracción de los gemelos y frenada por unas válvulas que impiden el retroceso. Cuando esas válvulas fallan, aparece la insuficiencia venosa crónica, que en la población española atendida en centros de salud alcanza cifras muy altas.
Por qué el pie se hincha justo al caer la tarde

La gravedad trabaja todo el día en la misma dirección. Ocho horas de pie o sentado en la misma postura aumentan la presión dentro de las venas del tobillo y empujan agua hacia el tejido que rodea los vasos.
La bomba muscular de la pantorrilla es lo que contrarresta ese empuje: cada paso comprime las venas profundas y expulsa la sangre hacia arriba. Sin pasos, no hay bomba muscular. Y hay un matiz, visible más adelante, que separa este edema inofensivo de otro que no puede esperar al día siguiente. Por eso la hinchazón golpea con más fuerza a quien trabaja de cajero, en una peluquería o frente a un ordenador sin levantarse, y por eso el calor del verano español la agrava al dilatar los vasos superficiales.
La cifra española que sitúa el problema
El fenómeno es mucho más frecuente de lo que sugiere el silencio en la consulta. El programa internacional Vein Consult Program recogió datos de pacientes atendidos en centros de salud de toda España.
Según los resultados publicados en la revista Cirugía Española en 2014, firmados por Escudero Rodríguez, Fernández Quesada y Bellmunt Montoya, el 67,2 % de los 19.800 pacientes evaluados presentaba algún signo de enfermedad venosa crónica. Los síntomas más frecuentes fueron pesadez de piernas, en el 55 %, dolor, en el 46 %, e hinchazón, en el 36 %. Y ahí está el dato que ordena todo lo demás: entre quienes referían síntomas, estos empeoraban al final del día en el 63 % de los casos, en verano en el 51 % y tras periodos prolongados de pie en el 40 %.
La enfermedad venosa crónica afectaba al 58,5 % de las mujeres y al 32,1 % de los hombres. La edad media de la muestra era de 53,7 años.
El gesto de cinco segundos que orienta el diagnóstico
Presiona con el dedo pulgar sobre el hueso del tobillo o sobre el empeine y mantén la presión unos cinco segundos. Si al retirarlo queda una fosa que tarda en rellenarse, se trata de edema con fóvea.
Ese hoyuelo apunta a acumulación de agua y sal en el tejido, el patrón típico del origen venoso, cardiaco, renal o hepático. Si la piel no se hunde y el tobillo tiene consistencia firme, elástica, el mecanismo suele ser linfático o inflamatorio, y el circuito diagnóstico es distinto. La segunda comprobación es la simetría: la hinchazón postural afecta a los dos pies por igual.
Cuando un solo tobillo cambia el guion

Aquí es donde conviene afinar. Un pie hinchado, caliente, enrojecido o doloroso, con la pantorrilla más gruesa que la contraria, no es un edema de final de jornada.
Ese cuadro obliga a descartar una trombosis venosa profunda el mismo día, sobre todo si ha habido un viaje largo, una inmovilización reciente, una cirugía o un embarazo. La asimetría es el detalle que muchas personas pasan por alto porque miran el pie que les molesta y no comparan con el otro. Compararlos de pie y descalzo, delante de un espejo, cuesta diez segundos.
Las señales que piden cita médica
La mayoría de los casos se resuelven con reposo nocturno y no significan enfermedad. Hay excepciones que conviene reconocer.
Pide valoración médica si aparece alguna de estas circunstancias:
- Hinchazón en un solo miembro, con dolor, calor o enrojecimiento.
- Falta de aire al andar o al tumbarte, o necesidad de dormir incorporado.
- Aumento rápido de peso en pocos días junto con la hinchazón.
- Edema que ya no desaparece por la mañana después de dormir.
- Cambios de color, endurecimiento de la piel del tobillo o una úlcera que no cierra.
- Inicio tras empezar un fármaco nuevo, como antagonistas del calcio, corticoides o antiinflamatorios.
La Fundación Española del Corazón describe entre los signos de insuficiencia cardiaca la retención de líquidos en piernas, tobillos o abdomen, acompañada de fatiga con esfuerzos que antes no la causaban y de nicturia, es decir, orinar más de noche que de día. Esa combinación es la que más urge consultar.
Mientras tanto, lo que sí cambia el final de la tarde es sencillo: elevar los pies por encima del nivel del corazón durante quince minutos, caminar cinco minutos cada hora si el trabajo es sedentario, mover los tobillos en círculos bajo la mesa y valorar con el médico o el farmacéutico una media de compresión adecuada a tu caso. Vigila la marca del calcetín durante una semana: si por la mañana el pie ya no vuelve a su tamaño, esa es la señal para pedir cita. Si además notas las manos hinchadas al despertar, el mecanismo suele ser otro y lo tienes explicado en el artículo sobre por qué se hinchan las manos, junto con los remedios caseros para las piernas hinchadas.
Este contenido cumple una función informativa y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Si la hinchazón persiste, es asimétrica o se acompaña de dificultad respiratoria, acude a tu centro de salud.









