Aunque el ACV suele pasar de forma repentina, hay señales de alerta que pueden aparecer horas o incluso días antes, sobre todo cuando ocurre un ataque isquémico transitorio (AIT), también llamado “mini-ACV”. En estos casos hay una disminución leve del flujo de sangre que llega al cerebro, pero se recupera en poco tiempo.
Cuando aparecen estas señales, se parecen mucho a las de un ACV e incluyen debilidad u hormigueo de un lado del cuerpo, la cara chueca, dificultad para hablar, confusión, mareo y problemas para ver. También puede presentarse un dolor de cabeza fuerte e inusual. Vea los síntomas de ACV.
En el AIT, los síntomas suelen durar pocos minutos y se quitan solos (pueden desaparecer en menos de 24 horas), por eso muchas personas piensan que “no fue nada”. Sin embargo, aunque todo parezca normal, el riesgo de un ACV puede ser mayor en los días siguientes.
Por eso, ante la sospecha de un ACV o “mini-ACV”, es importante acudir de inmediato a urgencias o llamar al 911, aunque los síntomas se quiten rápido. También conviene dar seguimiento con un neurólogo. Mantener control de la presión alta y la diabetes, y acudir a revisiones, ayuda a reducir el riesgo de complicaciones y de nuevos episodios.