El sarampión en niños es una infección viral altamente contagiosa que afecta principalmente a menores no vacunados o con esquemas incompletos. Se manifiesta con fiebre, síntomas respiratorios y un brote característico en la piel.
Esta enfermedad es causada por un virus del género Morbillivirus, que se transmite fácilmente por el aire al toser, estornudar o incluso al hablar. Por esta razón, el sarampión en niños sigue siendo un problema de salud pública, especialmente en contextos con baja cobertura de vacunación.
Lea también: Sarampión: qué es, síntomas y cómo se cura tuasaude.com/es/sarampionAunque en muchos casos el sarampión evoluciona de forma favorable, el tratamiento adecuado y la vigilancia médica son fundamentales para reducir riesgos. Ante cualquier sospecha, es importante que el niño sea valorado por el pediatra para confirmar el diagnóstico y evitar complicaciones.
Principales síntomas
Los principales síntomas del sarampión en niños son:
- Fiebre alta, generalmente mayor a 38.5 °C;
- Tos seca persistente;
- Escurrimiento nasal;
- Ojos rojos y sensibles a la luz;
- Cansancio e irritabilidad;
- Disminución del apetito;
- Manchas blanco-azuladas dentro de la boca;
- Brote rojo que inicia en el rostro y se extiende al cuerpo.
Estos signos suelen aparecer entre 8 y 12 días después del contacto con el virus. El brote cutáneo no provoca comezón y suele desaparecer en pocos días, pero la fiebre puede mantenerse durante casi una semana.
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El sarampión en niños suele comenzar como una infección respiratoria aguda acompañada de fiebre elevada y malestar general. Con el paso de los días, aparecen manifestaciones más específicas, como lesiones en la boca y manchas rojizas en la piel.
En la mayoría de los casos, la enfermedad sigue un curso definido, con una fase inicial de síntomas generales y una fase posterior con erupción cutánea. La intensidad puede variar según la edad del niño, su estado nutricional y si ha recibido alguna dosis de la vacuna.
Cómo empieza el sarampión en niños
El inicio del sarampión en niños suele confundirse con un resfriado o una gripe común. Primero aparecen fiebre, congestión nasal, tos y enrojecimiento ocular, lo que puede retrasar el reconocimiento de la enfermedad.
Después de dos a tres días, pueden observarse pequeñas manchas claras dentro de la boca. Posteriormente, surge el brote rojo en la piel, que comienza en la cara y desciende progresivamente hacia el resto del cuerpo.
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En algunos niños, especialmente aquellos que han recibido al menos una dosis de la vacuna, el sarampión puede presentarse de forma más leve. En estos casos, los síntomas suelen ser menos intensos y el brote puede ser discreto o atípico.
Este cuadro es conocido como enfermedad modificada por vacunación y no significa que el niño no pueda contagiar. Aun con síntomas leves, se requiere valoración médica para confirmar el diagnóstico y realizar el seguimiento adecuado.
Cómo se realiza el diagnóstico
El diagnóstico del sarampión en niños se basa en la evaluación clínica realizada por el pediatra, considerando los síntomas, la evolución del brote y el antecedente de vacunación.
Para confirmar el diagnóstico y descartar otras enfermedades, se utilizan pruebas de laboratorio, como la detección de anticuerpos específicos en sangre y la identificación del virus mediante pruebas moleculares, especialmente en los primeros días de la enfermedad.
Cómo se contagia el sarampión
El sarampión se contagia principalmente por el aire, a través de gotitas muy pequeñas que una persona infectada libera al toser, estornudar, hablar o incluso al respirar.
Estas partículas pueden permanecer suspendidas en el ambiente o sobre superficies, por lo que el contagio puede ocurrir aunque no haya contacto directo con la persona enferma.
Una persona con sarampión puede transmitir el virus desde 4 días antes hasta 4 días después de que aparecen las manchas en la piel, incluso cuando aún no sabe que está enferma.
Por esta alta capacidad de contagio, el sarampión se propaga con facilidad en lugares cerrados, guarderías, escuelas y hogares, especialmente cuando hay niños o personas no vacunadas.
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La vacunación es la principal estrategia para prevenir el sarampión en niños y reducir sus complicaciones. Forma parte de los programas nacionales de inmunización en distintos países.
La vacuna puede administrarse de forma combinada y ofrece una alta protección cuando se aplican las dosis recomendadas. Incluso en contextos de brote, la vacunación reduce la gravedad de la enfermedad.
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El tratamiento del sarampión en niños debe ser indicado por el pediatra, el cual incluirá:
1. Reposo e hidratación
El descanso es esencial para que el organismo del niño pueda recuperarse y combatir el virus de forma natural.
Asimismo, mantener una buena ingesta de líquidos ayuda a prevenir la deshidratación, especialmente en casos con fiebre alta.
Lea también: Cómo curar el sarampión: medicamentos y principales cuidados tuasaude.com/es/tratamiento-para-el-sarampion2. Medicamentos
El médico podrá indicar el uso de medicamentos para bajar la fiebre y aliviar el malestar, como paracetamol e ibuprofeno, siempre bajo indicación médica.
Lea también: Paracetamol: para qué sirve, dosis y cómo tomar tuasaude.com/es/paracetamol3. Suplementación con vitamina A
La vitamina A en niños con sarampión se indica siguiendo las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ya que ha demostrado reducir el riesgo de complicaciones graves y mortalidad, especialmente en niños pequeños.
La dosis recomendada a partir de 12 meses es de 200 000 UI por vía oral, una vez al día durante 2 días consecutivos.
En casos graves, desnutrición o signos de deficiencia de vitamina A, puede indicarse una tercera dosis entre 2 y 4 semanas después, siempre bajo criterio médico.
La suplementación debe ser prescrita y supervisada por el pediatra, ya que dosis inadecuadas pueden causar efectos adversos.
Posibles complicaciones
Las principales complicaciones del sarampión en niños incluyen:
- Neumonía;
- Infecciones del oído;
- Diarrea severa;
- Deshidratación;
- Encefalitis;
- Alteraciones visuales.
Estas complicaciones son más frecuentes en niños pequeños, desnutridos o con el sistema inmunológico debilitado. Por ello, ante síntomas persistentes o empeoramiento del estado general, es fundamental acudir al pediatra para una evaluación inmediata.