Un cálculo renal es un cristal que se forma cuando la orina lleva más sales de las que puede mantener disueltas. Puede pasar años sin dar señales y desencadenar después uno de los dolores más intensos que se conocen. Lo esperanzador es que su prevención está bien estudiada y depende sobre todo de una cosa muy sencilla: beber más.
¿Qué son exactamente los cálculos renales?
Se forman cuando determinadas sustancias superan su punto de saturación en la orina y empiezan a cristalizar. El tipo de cristal condiciona por completo la estrategia de prevención, así que conviene conocerlos:
- De oxalato cálcico: los más frecuentes con diferencia, en torno a tres de cada cuatro casos
- De fosfato cálcico: relacionados también con el calcio urinario y con una orina alcalina
- De ácido úrico: asociados a orina ácida, obesidad, diabetes tipo 2 y dietas muy ricas en carne
- De estruvita: ligados a infecciones urinarias de repetición y capaces de crecer bastante
- De cistina: poco habituales y de origen hereditario
Lo que midieron los investigadores al aumentar la ingesta de agua
El pilar de la prevención se estableció con un ensayo italiano de cinco años. Según un análisis crítico publicado en BMC Urology en 2024 sobre aquel estudio, que repartió al azar a 199 pacientes entre beber al menos dos litros diarios o mantener su rutina habitual, las recurrencias bajaron del 27% al 12% en el grupo que bebía más.
Quienes recayeron, además, tardaron bastante más en hacerlo: casi 39 meses frente a 25. Sobre esos datos se construyó la recomendación que manejan hoy las guías, que no habla de litros bebidos sino de orina producida: al menos 2,5 litros diarios, un objetivo más fiable porque ya incorpora el calor y el sudor.
¿Qué hábitos previenen su formación?
Más allá del agua, hay medidas con respaldo que se combinan bien entre sí:
- Beber repartido a lo largo del día, no de golpe, con la orina clara como referencia
- Bajar la sal, porque el sodio arrastra calcio hacia la orina
- Moderar carne roja, vísceras y marisco cuando los cálculos son de ácido úrico
- Sumar cítricos, ya que el citrato del limón y la naranja inhibe la cristalización
- Moderar sin eliminar los alimentos muy ricos en oxalato, como espinacas, remolacha, frutos secos y té
- Cuidar el peso corporal y la tensión arterial
- Beber también algo por la noche si ya ha habido episodios previos
El indicador más práctico sigue siendo el color de la orina y la frecuencia con la que se acude al baño. Puedes repasar las señales de una hidratación insuficiente para ajustarlo.

¿Hay que reducir el calcio?
Esta es la parte que más veces se hace justo al revés. Según un ensayo publicado en The New England Journal of Medicine en 2002, que siguió durante cinco años a 120 hombres con cálculos de oxalato cálcico recurrentes, la dieta con calcio normal y menos sal y proteína animal redujo las recaídas a la mitad frente a la dieta baja en calcio de toda la vida.
La explicación ocurre en el intestino. El calcio de la comida se une al oxalato antes de que este se absorba y lo arrastra con las heces. Si se retira el calcio, más oxalato pasa a la sangre y acaba en la orina, que es exactamente lo contrario de lo que interesa. Los suplementos de calcio son otra historia y conviene consultarlos.
¿Qué síntomas produce un cálculo?
Mientras permanece quieto dentro del riñón puede no dar ninguno, y muchos se descubren por casualidad en una ecografía. El cuadro estalla cuando desciende por el uréter y lo obstruye: un dolor cólico intenso en la zona lumbar o el costado, que llega en oleadas, se irradia hacia la ingle y no mejora al cambiar de postura.
Suele acompañarse de náuseas, vómitos, inquietud, sangre en la orina y necesidad urgente y frecuente de orinar. Un dolor así justifica acudir a urgencias, y de forma inmediata si aparecen fiebre o escalofríos, porque una obstrucción acompañada de infección no admite espera.
¿Qué opciones de tratamiento existen?
Dependen del tamaño y de la localización. Los cálculos por debajo de unos cinco milímetros suelen expulsarse solos con hidratación y analgesia, a veces con ayuda de un fármaco que relaja el uréter para facilitar el paso. Por encima de ese tamaño, o cuando el dolor no se controla, existen la litotricia extracorpórea por ondas de choque, la ureteroscopia con láser y, en cálculos grandes, la nefrolitotomía percutánea. Si hay infección u obstrucción se coloca primero un catéter para drenar el riñón. Después conviene analizar el cálculo expulsado y hacer un estudio metabólico con analítica de sangre y orina de 24 horas, porque orienta la prevención y en algunos casos justifica un tratamiento con tiazidas, citrato potásico o alopurinol. Con una recurrencia que ronda el 50% a diez años, ese estudio es lo que separa repetir el episodio de no volver a pasar por él.
Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Ante un dolor lumbar intenso o sangre en la orina, acude a tu médico o a urgencias.









