Una cucharadita de sal en un vaso de agua tibia calma, pero no desinfecta.
El alivio depende de la física de la mucosa y no de un efecto antibiótico: el agua salada arrastra el moco espeso e hidrata el tejido irritado que duele al tragar. Un ensayo publicado en 2024 puso a prueba qué pasa al triplicar la sal, y el resultado aparece más adelante en este texto.
La faringitis aguda, es decir la inflamación de la faringe que se percibe como escozor y dolor al tragar, concentra buena parte de las consultas de atención primaria en España entre octubre y marzo. Entre un 80% y un 90% de las faringitis están causadas por virus, según el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos, que recuerda que los antibióticos no actúan frente a un virus.
Lo que hace la sal en una mucosa inflamada

La sal disuelta trabaja por ósmosis, el movimiento del agua entre medios con distinta concentración. El agua salada tibia despega el moco adherido a la pared faríngea y humedece las zonas resecas, que son las que más molestan al tragar saliva.
Ese lavado también arrastra restos de comida y células descamadas del fondo de la garganta. La irritación baja durante un rato, aunque el rinovirus o el adenovirus responsable siga replicándose dentro de las células del epitelio, y la cantidad de sal que uses importa menos de lo que parece, como muestran los datos más adelante.
Por qué el efecto se apaga tan pronto
El alivio es de superficie. Las gárgaras con agua salada calman los síntomas del dolor de garganta, pero no eliminan la infección que los provoca ni acortan por sí solas el curso de un catarro.
De ahí que la sensación de mejora dure minutos y haya que repetir el enjuague varias veces al día. Ese es también el motivo por el que una amigdalitis bacteriana no cede con gárgaras: necesita diagnóstico y, si procede, un antibiótico recetado por un médico.
Cuánta sal y cuánta agua para que no escueza
La preparación admite poco margen de error. Media cucharadita de sal disuelta en un vaso de agua tibia, unos 200 mililitros, basta para hacer gárgaras de treinta segundos y escupir después, sin tragar la mezcla.
Un agua demasiado caliente irrita más la mucosa ya inflamada, y una concentración excesiva de sal reseca y produce escozor. Repetir el enjuague tres o cuatro veces al día es el patrón que usan los protocolos hospitalarios que han estudiado esta práctica.
El ensayo que probó a triplicar la sal
Y aquí es donde cambia el escenario. Un equipo del Baylor College of Medicine y del Harris Health System de Houston repartió a 58 personas con infección confirmada por coronavirus en dos grupos: unos hacían gárgaras y lavados nasales con 2,13 gramos de sal por vaso, otros con 6 gramos, cuatro veces al día durante 14 días.
Según la investigación publicada en Journal of Global Health en diciembre de 2024, las dos concentraciones de sal dieron la misma duración de los síntomas. Ni el número de síntomas ni los días con molestias mejoraron al triplicar la sal.
La conclusión práctica es directa: más sal no alivia más. Los propios autores advierten de que la muestra fue pequeña y de que el ensayo no estaba registrado, así que el hallazgo orienta la preparación casera pero no convierte las gárgaras en un tratamiento.
Las señales que piden consulta y no otra gárgara
Hay molestias de garganta que no encajan en el guion del catarro. Conviene acudir al médico o al centro de salud, sin esperar a que el enjuague haga efecto, ante cualquiera de estas situaciones:
- Fiebre alta mantenida más de 48 horas junto con placas de pus en las amígdalas.
- Dificultad para tragar líquidos, babeo o cambios en la voz.
- Dificultad para respirar o sensación de cierre en la garganta.
- Ganglios del cuello muy aumentados y dolorosos.
- Dolor que persiste más de una semana o que empeora tras mejorar.
- Erupción cutánea acompañando al dolor de garganta.
Estas señales apuntan a una posible infección bacteriana con pus en la garganta o a una complicación que requiere exploración. El test rápido de estreptococo, disponible en muchos centros de atención primaria españoles, resuelve la duda en minutos.
Qué hacer mientras la garganta se cura sola

La mayoría de las faringitis víricas remiten en menos de siete días. Mientras tanto, mantener la mucosa húmeda con líquidos tibios, evitar el humo del tabaco y descansar la voz reduce la irritación tanto como el propio enjuague salino.
Si el dolor impide comer o dormir, el paracetamol o el ibuprofeno son las opciones habituales, siempre respetando las dosis del prospecto y las contraindicaciones. Existen además antiinflamatorios específicos para la garganta en pastillas y esprays que actúan sobre la zona inflamada.
A partir de ahora, la vara de medir es el reloj y no el sabor del agua: si al séptimo día el dolor no ha empezado a ceder, o si aparece fiebre alta con placas, la gárgara deja de ser la respuesta. Vigilar la dificultad para tragar líquidos es la señal más útil de todas, porque suele adelantarse a las complicaciones.
Este texto tiene una finalidad exclusivamente informativa y no sustituye la evaluación médica de un profesional. Ante un dolor de garganta persistente, con fiebre o con dificultad para respirar, consulta con tu centro de atención primaria.









