Abres los ojos y la molestia ya está ahí, detrás de las orejas.
El dolor de cabeza en la nuca al despertar suele desaparecer en una o dos horas, y esa desaparición es justo lo que lleva a no darle importancia. La presión arterial elevada figura entre las causas posibles, aunque no es ni la única ni la más frecuente.
Los datos de una investigación con más de mil pacientes ordenan bastante el panorama, y aparecen más abajo.
La región occipital, la parte posterior del cráneo donde se insertan los músculos del cuello, concentra tensiones que vienen de la almohada, de la mandíbula y de la respiración nocturna. La hipertensión arterial se define a partir de 140 mmHg de presión sistólica o 90 mmHg de diastólica, y la Fundación Española del Corazón recuerda que no produce síntomas y puede pasar inadvertida, con mayor frecuencia a partir de los 40 años.
Lo que la tensión alta explica y lo que no

Esa última frase merece detenerse. Si la hipertensión fuese una causa habitual de cefalea, no haría falta el tensiómetro para detectarla, y sin embargo se diagnostica con un manguito precisamente porque casi nunca duele.
Las cifras muy elevadas sí pueden acompañarse de dolor occipital, opresivo y de predominio matutino. El umbral importa: hablamos de elevaciones marcadas, no de un 135/85 detectado un martes por la mañana con prisa. La única forma de saberlo es medir en casa, sentado, con cinco minutos de reposo previo y dos tomas separadas al menos dos minutos.
Los 1.131 pacientes que pasaron la noche monitorizados
Un equipo de la Universidad Médica de Lodz revisó los registros de polisomnografía de personas atendidas en una unidad del sueño entre 2013 y 2015. La polisomnografía es el estudio que registra respiración, oxígeno y fases del sueño durante una noche completa.
Según un análisis publicado en la revista Brain Sciences en 2020, firmado por Jakub Spałka y su equipo, el 29 % de los 1.131 pacientes refería cefalea matutina. La probabilidad de padecerla aumentaba en mujeres y en quienes tenían antecedente de hipertensión, sensación de sueño no reparador, episodios de atragantamiento nocturno y menor tiempo total de sueño.
El hallazgo más contraintuitivo llegó por descarte: no encontraron relación con la gravedad de la apnea ni con la caída de oxígeno durante la noche.
La almohada, la mandíbula y el cuello que no descansa

Las causas mecánicas explican buena parte de los casos y responden rápido a los cambios. Dormir boca abajo obliga a girar la columna cervical durante horas y castiga la musculatura suboccipital, ese grupo pequeño y profundo que une la nuca con la base del cráneo.
El bruxismo nocturno añade otro frente. Apretar los dientes mientras se duerme sobrecarga los maseteros y proyecta dolor hacia sienes y nuca, y el signo delantero suele ser el desgaste del esmalte, no el dolor. Una almohada demasiado alta genera un cuadro idéntico y se corrige en una semana.
El ronquido que convierte la noche en la causa
Aquí es donde cambia el escenario. La apnea obstructiva del sueño, es decir, el cierre repetido de la vía aérea durante la noche, mantiene una relación doble con este síntoma: provoca despertares fragmentados y, además, es una de las causas reconocidas de hipertensión resistente al tratamiento.
Eso significa que quien se levanta con dolor occipital y tiene la tensión alta puede estar viendo dos consecuencias del mismo problema en lugar de una relación de causa y efecto entre ellas. Las pistas que orientan a la vía aérea son concretas: ronquido fuerte referido por la pareja, pausas respiratorias observadas, boca seca al despertar y somnolencia diurna que no mejora aunque se duerman ocho horas.
El estudio polaco encontró justamente esa asociación con el atragantamiento nocturno y con el sueño no reparador. Preguntar a quien duerme al lado resulta más útil que cualquier autoevaluación, porque nadie se oye roncar.
Qué revisar esta semana y qué no puede esperar
Antes de la consulta conviene llegar con datos, no con impresiones. Tomar la tensión durante siete días, siempre a la misma hora y anotando los valores, ofrece al médico una información que una medición aislada no da.
Hay señales que no admiten demora: un dolor de instauración brusca e intensidad máxima en segundos, la fiebre con rigidez de cuello, la aparición de visión doble o pérdida de fuerza, y la cefalea que empeora progresivamente día tras día. En esos casos la puerta es urgencias.
Si el dolor cede al cambiar la almohada, era mecánico; si persiste tres semanas pese a los ajustes posturales, o si se acompaña de ronquido y somnolencia, la siguiente prueba lógica es un estudio del sueño. Repasar las causas del dolor de cabeza en la parte de atrás ayuda a preparar esa consulta, y conviene también conocer cómo se interpretan los valores de la presión arterial antes de sacar conclusiones del tensiómetro de casa.
Este contenido tiene únicamente finalidad informativa y no sustituye el criterio de un profesional sanitario. Si el dolor cambia de patrón o se acompaña de síntomas neurológicos, acude a valoración médica sin esperar.








