Media cucharadita de sal y media de bicarbonato en un vaso de agua tibia. Cuatro enjuagues al día, sin tragar.
Las aftas son úlceras redondeadas, de fondo blanquecino y borde rojo, que aparecen en la mucosa móvil de la boca y duelen de forma desproporcionada a su tamaño. El enjuague casero de sal y bicarbonato no las cura, pero limpia la lesión, neutraliza la acidez que irrita las terminaciones nerviosas expuestas y hace tolerables las comidas.
Lo que sí acorta el tiempo de cicatrización según los ensayos es otra cosa, y aparece en la segunda mitad de este texto.
La estomatitis aftosa recurrente es la enfermedad ulcerosa más frecuente de la mucosa oral. La forma menor, la habitual, produce lesiones de menos de un centímetro que cierran solas en 7 a 14 días sin dejar cicatriz. La Organización Mundial de la Salud recordaba en marzo de 2025 que las enfermedades bucodentales afectan a cerca de 3.700 millones de personas, en gran parte por causas prevenibles.
Cómo se prepara y por qué alivia

La receta es deliberadamente simple: 250 mililitros de agua tibia, media cucharadita rasa de sal y media de bicarbonato sódico, bien disueltos. Se enjuaga durante 30 segundos, se escupe y no se aclara con agua después.
La sal arrastra restos y crea un medio hipertónico que reduce el edema local. El bicarbonato eleva el pH de la boca, y esa neutralización del medio ácido es lo que corta el escozor cuando la úlcera queda al descubierto tras comer algo cítrico o salado.
Cuatro aplicaciones diarias, después de cada comida y antes de dormir, son suficientes. Más frecuencia no aporta ventaja y reseca la mucosa.
Qué demuestran los ensayos sobre el tiempo de curación
Conviene ser honesto con lo que hay medido. Una revisión de la literatura publicada en la revista Dentistry Journal el 31 de enero de 2025 analizó los tratamientos disponibles para la estomatitis aftosa recurrente y concluyó que los corticoides tópicos y la terapia láser reducen el dolor y acortan el tiempo de cicatrización, mientras que la evidencia sobre prevención de recaídas sigue siendo limitada.
En ese mismo trabajo, un estudio con una sola sesión de láser de CO2 frente a placebo bajó la puntuación de dolor de 8,48 antes del tratamiento a 0,68 justo después. Ningún enjuague casero se acerca a esas cifras.
El enjuague de sal y bicarbonato juega en otra liga: higiene, confort y control de la sobreinfección. Es el suelo del tratamiento, no el techo.
La miel, el remedio doméstico con ensayo detrás
Y aquí es donde cambia el escenario. Entre los remedios de despensa, hay uno con un ensayo clínico aleatorizado que lo comparó de tú a tú con un corticoide tópico.
Ese trabajo, publicado en Quintessence International en 2014, incluyó a 94 personas con 180 aftas menores y aplicó miel cuatro veces al día durante cinco días. El grupo de miel mostró diferencias estadísticamente significativas frente al corticoide tópico y frente a la base de Orabase en reducción del tamaño de la úlcera, días de dolor y grado de enrojecimiento, sin efectos adversos.
La secuencia práctica que se deduce es clara: enjuagar con la solución de sal y bicarbonato, escupir, secar suavemente con una gasa y aplicar una gota de miel sobre la lesión. La miel no se recomienda en menores de 12 meses por el riesgo de botulismo del lactante.
Qué empeora el afta sin que te des cuenta
Hay gestos cotidianos que reabren la úlcera cada día y alargan el proceso. Identificarlos suele valer más que cambiar de producto.
- Dentífricos con lauril sulfato sódico, un detergente que reseca y sensibiliza la mucosa.
- Cítricos, tomate, vinagre, piña y frutos secos con sal durante los días agudos.
- Cepillado agresivo con filamentos duros justo sobre la lesión.
- Prótesis o brackets con un borde que roza siempre el mismo punto.
- Tabaco y alcohol de alta graduación, que retrasan la reparación del epitelio.
Cambiar a un dentífrico sin lauril sulfato sódico durante unas semanas es la modificación más barata y una de las que más se nota en quien tiene brotes repetidos.
Cuándo la llaga deja de ser un afta corriente

Una úlcera que no cierra en tres semanas debe verla un profesional de odontología o de medicina de familia, sin excepciones. El tiempo es el criterio más útil que existe en la boca.
También merecen estudio los brotes de más de seis episodios al año, las lesiones mayores de un centímetro, las que aparecen junto a fiebre, lesiones genitales o afectación ocular, y las que se acompañan de aftas en la garganta. Detrás pueden estar un déficit de hierro, de vitamina B12 o de ácido fólico, una celiaquía no diagnosticada o una enfermedad inflamatoria intestinal.
A partir del próximo brote, el plan tiene tres capas: el enjuague de sal y bicarbonato para poder comer, la miel o un producto tópico específico sobre la lesión, y la cuenta de los días. Si llegas a tres semanas con la misma llaga, la conversación ya no es sobre remedios caseros. Para el resto de medidas, estos consejos para curar las aftas y la lista de alimentos cicatrizantes ayudan a sostener la reparación desde dentro.
Este artículo tiene un fin puramente divulgativo y no sustituye el diagnóstico de un profesional sanitario. Ante llagas persistentes, muy dolorosas o acompañadas de otros síntomas, acude a tu dentista o a tu centro de salud.









