La bolsa de verduras congeladas arrastra un estigma difícil de quitar: parece la opción de segunda, la que se compra por pereza. Lo “fresco” siempre suena mejor. Sin embargo, cuando la Universidad de California en Davis midió las vitaminas de ambas opciones, el resultado dejó a la verdura fresca en un lugar incómodo. Y la explicación tiene que ver con una palabra que casi nunca se define bien: fresco.
¿Qué significa “fresco” en realidad?

Ahí está la trampa del debate. La verdura del supermercado se recolectó hace días, viajó en camión, esperó en un almacén, estuvo expuesta en el lineal y luego pasó unos días más en tu nevera.
La congelada, en cambio, se recoge en su punto óptimo y se procesa en horas. Se escalda brevemente y se congela, deteniendo casi por completo el reloj. Así que la comparación real no es “fresco contra congelado”, sino “congelado contra fresco de hace una semana”.
¿Qué encontró el estudio?
Los investigadores analizaron cuatro vitaminas en ocho alimentos: maíz, zanahoria, brócoli, espinaca, guisantes, judías verdes, fresas y arándanos.
Según un estudio publicado en la revista Journal of Agricultural and Food Chemistry en 2015, de la Universidad de California en Davis, en vitamina C no hubo diferencias en cinco de los ocho alimentos, y en los tres restantes la congelada tenía más que la fresca. Es decir: la fresca no ganó en ninguno.
¿Y las demás vitaminas?
El patrón se repitió con la vitamina E, y con un matiz curioso sobre el escaldado.
Estos fueron los resultados:
- Vitamina E: más alta en la congelada en 3 alimentos, sin diferencias en el resto.
- Los guisantes y las judías congeladas duplicaron la vitamina E de las frescas.
- Riboflavina (B2): sin diferencias, salvo brócoli (mejor congelado) y guisantes (mejor frescos).
- Minerales y fibra: sin diferencias significativas.
- El escaldado parece liberar la vitamina E, lo que explica esas subidas.
¿Hay algún punto a favor de la fresca?

Sí, y conviene decirlo con claridad, porque la congelada no gana en todo.
Estas son las excepciones:
- El betacaroteno bajó de forma notable en guisantes, zanahorias y espinacas congeladas.
- El escaldado destruye una enzima de las crucíferas, lo que reduce la formación de sulforafano en el brócoli.
- La textura y el sabor suelen ser mejores en fresco.
- Hay verduras que se comen crudas y no tienen versión congelada útil.
- Los resultados varían mucho según el alimento y la variedad.
¿Cuál es el dato más revelador?
El de la espinaca resume todo el asunto. Una espinaca fresca guardada una semana en la nevera pierde alrededor del 75% de su vitamina C. Una espinaca congelada retiene en torno al 70% tras doce meses.
Ese contraste explica por qué el estudio se diseñó comparando la congelada con la fresca guardada unos cinco días, que es lo que la gente hace de verdad en casa.
¿Qué conclusión práctica sacar?
La lección no es abandonar la verdura fresca, sino dejar de sentir culpa por la congelada, sobre todo porque tiene ventajas prácticas enormes.
Estas pautas ayudan:
- La congelada es barata, dura meses y no se estropea.
- Elimina la excusa del "no me da tiempo a cocinar verdura".
- Consúmela pronto tras comprar la fresca, sobre todo la de hoja.
- Cocínala al vapor o poco tiempo, mejor que hervida en mucha agua.
- Lo importante es la cantidad total de verdura que comes, no su temperatura de origen.
Lo que conviene recordar sobre las verduras congeladas
La verdura congelada iguala o supera a la fresca en vitamina C y vitamina E, según el estudio de UC Davis, porque se procesa en horas mientras que la "fresca" lleva días perdiendo nutrientes. La excepción real es el betacaroteno, que baja en zanahorias, guisantes y espinacas congeladas, y el sulforafano del brócoli, que se resiente del escaldado. En la práctica: ninguna opción es mala, y la congelada tiene una ventaja imbatible, ya que la verdura que de verdad alimenta es la que acabas comiendo.
Este contenido tiene finalidad informativa y no sustituye la evaluación de un nutricionista. Ante dudas sobre tu alimentación, consulta con un profesional de la salud.









