Lo que verás
- • Descubre por qué la “cifra oficial” que te enseñaron es en realidad el mínimo para no enfermar, no tu ideal.
- • Encuentra tu multiplicador exacto según tu edad y nivel de actividad física.
- • Aprende el error silencioso del desayuno que hace que tu cuerpo desperdicie la proteína que comes de noche.
- • Conoce la verdad definitiva sobre el mito de que los batidos y el exceso de proteína “dañan los riñones”.
La proteína vive un momento de fama absoluta: batidos, barritas y yogures que anuncian su contenido en la etiqueta. En medio del ruido, la pregunta sencilla se queda sin respuesta clara: ¿cuánta necesito de verdad? La cifra oficial existe desde hace décadas, pero hay un matiz que casi nadie conoce: ese número es un mínimo para no enfermar, no un objetivo óptimo. Y cambia bastante con la edad.
¿Cuál es la cifra oficial?

La recomendación clásica es de 0,8 gramos de proteína por kilo de peso y día. Para una persona de 70 kilos, unos 56 gramos diarios.
Aquí está el matiz esencial: esa cantidad es el mínimo necesario para evitar la malnutrición en la población general, no la cantidad ideal para mantener la masa muscular con los años. Se calculó, además, con estudios en adultos jóvenes.
¿Qué dice la ciencia sobre los mayores?
El consenso de los expertos en envejecimiento es claro: esa cifra se queda corta a partir de cierta edad.
Según el documento de posición del grupo PROT-AGE, avalado por la Sociedad Europea de Nutrición Clínica, las personas mayores sanas deberían tomar al menos 1,0 a 1,2 gramos de proteína por kilo de peso y día. Quienes tienen enfermedades agudas o crónicas necesitan entre 1,2 y 1,5 gramos por kilo.
¿Por qué los mayores necesitan más?
Con la edad aparece un fenómeno llamado resistencia anabólica: el músculo responde peor al estímulo de la proteína. Hace falta más cantidad para conseguir el mismo efecto.
Esto tiene consecuencias reales:
- La masa muscular empieza a caer ya en la treintena.
- Su pérdida, la sarcopenia, causa fragilidad y caídas.
- El músculo es clave para la independencia.
- Comer poca proteína acelera esa pérdida.
- El aporte adecuado ayuda a frenarla.
¿Cuál es tu cifra según la edad y la situación?
Estas son las referencias que manejan las guías, siempre por kilo de peso corporal y día.
Esta es la orientación:
- Adulto sano sedentario: 0,8 g/kg como mínimo; 1,0 a 1,2 es más razonable.
- Mayor de 65 años sano: 1,0 a 1,2 g/kg.
- Mayor con enfermedad: 1,2 a 1,5 g/kg.
- Deportista: 1,3 a 1,6 g/kg, o más si busca ganar músculo.
- Enfermedad renal: la cifra la decide el médico, y suele ser menor.
¿Importa cómo se reparte?
Mucho, y es uno de los errores más comunes. La dieta española típica concentra casi toda la proteína en la comida y la cena, dejando el desayuno casi vacío.
El músculo responde mejor si recibe un estímulo suficiente en cada comida, en torno a 0,4 gramos por kilo. Repartir la proteína entre desayuno, comida y cena aprovecha mucho mejor la misma cantidad total.
¿Es peligroso pasarse?

En personas sanas, no. La idea de que la proteína daña los riñones no se sostiene en quien tiene la función renal normal. La cautela es real, pero se aplica a un grupo concreto.
Ten en cuenta que:
- Con enfermedad renal, la proteína debe ajustarse por indicación médica.
- En personas sanas, no hay evidencia de daño renal.
- Prioriza la comida real sobre los suplementos.
- Varía las fuentes: pescado, huevo, legumbre, lácteos.
- La proteína sin ejercicio de fuerza rinde mucho menos.
Lo que conviene recordar sobre la proteína diaria
La cifra oficial de 0,8 gramos por kilo es un mínimo para no enfermar, no un objetivo óptimo. Los expertos recomiendan 1,0 a 1,2 gramos por kilo para las personas mayores sanas, hasta 1,5 si hay enfermedad, y de 1,3 a 1,6 en deportistas. Igual de importante es repartirla entre las tres comidas, en lugar de concentrarla en la cena. En personas sanas no daña el riñón, pero quien tenga enfermedad renal debe ajustarla con su médico. Y sin ejercicio de fuerza, la proteína sola hace la mitad del trabajo.
Este contenido tiene finalidad informativa y no sustituye la evaluación de un médico o nutricionista. Si tienes enfermedad renal o dudas sobre tu alimentación, consulta con un profesional de la salud.









