La ashwagandha se ha convertido en uno de los suplementos de moda para combatir el estrés y dormir mejor. Esta planta, usada durante siglos en la medicina ayurvédica de la India, promete calma y descanso en forma de cápsulas. Pero más allá del marketing, conviene saber qué respalda de verdad la ciencia. La evidencia existe y es prometedora, aunque con matices. Conocerla ayuda a decidir si tiene sentido probarla y con qué expectativas.
¿Qué es la ashwagandha y para qué se usa?

La ashwagandha, cuyo nombre científico es Withania somnifera, es una planta considerada un adaptógeno. Ese término describe a las sustancias que ayudarían al cuerpo a adaptarse mejor al estrés físico y mental.
Tradicionalmente se ha empleado para aumentar la energía, reducir la ansiedad y mejorar el sueño. Hoy se vende sobre todo en cápsulas o polvo, a partir del extracto de su raíz. Su popularidad ha crecido de la mano del interés por el manejo del estrés.
¿Qué dice la ciencia sobre la ashwagandha y el estrés?
El efecto de esta planta sobre el estrés es el más estudiado. Varios ensayos han medido tanto la sensación de estrés como los niveles de cortisol, la hormona que sube en situaciones de tensión.
Según un metaanálisis publicado en la revista Complementary Therapies in Medicine en 2024, la ashwagandha logró una reducción significativa del estrés percibido y del cortisol frente al placebo. El mismo trabajo señala efectos favorables sobre la ansiedad, aunque advierte de que hacen falta más estudios de calidad.
¿Ayuda la ashwagandha a dormir mejor?
El otro gran uso de la ashwagandha es la mejora del sueño. Al reducir el estrés y la ansiedad, favorecería indirectamente un descanso más profundo. La ciencia ha analizado también este efecto de forma directa.
Un metaanálisis publicado en la revista PLOS One en 2021, que reunió cinco ensayos con 400 participantes, encontró un efecto pequeño pero significativo sobre el sueño. Los beneficios fueron mayores en personas con insomnio y con dosis de al menos 600 miligramos durante ocho semanas o más.
¿Cómo se toma la ashwagandha?
La forma habitual es en cápsulas de extracto de raíz, aunque también existe en polvo. Las dosis usadas en los estudios suelen rondar los 300 a 600 miligramos diarios. Los efectos no son inmediatos, sino que aparecen tras varias semanas de uso constante.
La línea de tiempo real de la ashwagandha
No hay un interruptor que se enciende al primer día. Así fueron apareciendo los efectos en los estudios.
Semanas 1 y 2: el cuerpo se ajusta
Es cuando, si van a aparecer, suelen notarse las molestias digestivas leves o algo de somnolencia. Casi nadie percibe todavía un cambio real en el estrés o el sueño.
Semanas 3 y 4: empiezan las primeras señales
Es la ventana donde los estudios sobre estrés percibido y cortisol suelen registrar los primeros cambios frente al placebo.
Semanas 5 a 8: aquí aparece el efecto sobre el sueño
El metaanálisis sobre el descanso encontró resultados justo en esta marca: dosis de al menos 600 mg sostenidas hasta las 8 semanas, con mejores resultados en quienes tienen insomnio.
Más allá de las 8 semanas
Si a esta altura no notas ningún cambio, probablemente no es la opción adecuada para ti. Lo sensato es replantearlo con un profesional, no subir la dosis por tu cuenta.
Estas pautas ayudan a usarla con criterio:
- Empieza con la dosis más baja y auméntala poco a poco.
- Tómala de forma constante durante al menos 8 semanas.
- Elige productos de marcas fiables y bien estandarizados.
- Consulta al médico si tomas otros medicamentos.
- No la uses como sustituto de un tratamiento pautado.
¿Tiene riesgos o contraindicaciones?

Aunque suele tolerarse bien, la ashwagandha no está libre de precauciones. Puede causar molestias digestivas o somnolencia en algunas personas. No se recomienda durante el embarazo ni la lactancia, y conviene cautela en enfermedades de la tiroides.
Tampoco debe verse como una solución mágica. Funciona mejor como apoyo dentro de un estilo de vida saludable, junto a otras técnicas de relajación. Para el descanso, opciones como el magnesio o ciertas infusiones para dormir también pueden ayudar, siempre con criterio profesional.
Lo que conviene recordar sobre la ashwagandha
La ashwagandha cuenta con evidencia que respalda su papel para reducir el estrés, bajar el cortisol y mejorar el sueño, sobre todo en personas con insomnio y a dosis de unos 600 miligramos durante varias semanas. Los efectos son reales pero moderados, y la calidad de algunos estudios aún es limitada. Puede ser un buen apoyo dentro de un estilo de vida equilibrado, nunca un sustituto del tratamiento médico ni de unos buenos hábitos de descanso.
Este contenido tiene finalidad informativa y no sustituye la evaluación de un médico. Antes de tomar cualquier suplemento, sobre todo si tienes alguna afección o tomas medicación, consulta con un profesional de la salud.









