Son las nueve de la mañana. Tienes una reunión y, antes de abrir la boca, carraspeas tres veces. La voz sale tomada, aunque no tienes catarro ni fiebre. Por la noche te despierta una tos seca que no termina de irse. Mucha gente con estos síntomas nunca ha notado ardor de estómago, así que no sospecha del reflujo laringofaríngeo. Es una forma de reflujo ácido que irrita la laringe y la faringe sin dar las molestias digestivas típicas.
¿Qué es el reflujo laringofaríngeo y por qué no siempre quema?
En el reflujo gastroesofágico clásico, el contenido del estómago sube por el esófago y provoca la conocida acidez detrás del esternón. En el reflujo laringofaríngeo ese material llega más arriba. Pasa el esfínter esofágico superior y alcanza la laringe, un tejido mucho más delicado que la mucosa del esófago. Basta una cantidad mínima de ácido y de pepsina, una enzima digestiva, para inflamar las cuerdas vocales. Por eso se le llama reflujo silencioso: el estómago no avisa, pero la garganta sí.
Los síntomas se confunden a menudo con alergias, catarros mal curados o cansancio de la voz. Los más habituales son estos:
- Ronquera o voz tomada, sobre todo al despertar.
- Carraspeo frecuente, con sensación de moco pegado.
- Tos seca persistente, a menudo después de comer o al tumbarse.
- Sensación de nudo en la garganta, llamada globo faríngeo.
- Goteo de moco por detrás de la nariz y leve dificultad para tragar.
¿Por qué aparece la tos seca cuando el ácido sube?
Un estudio de cohorte publicado en 2025 siguió a pacientes con reflujo laringofaríngeo confirmado mediante impedancia-pH de 24 horas. Esta prueba mide durante un día entero cuánto contenido gástrico asciende y hasta dónde llega. Los investigadores observaron que la tos crónica afectaba a cerca del 62 % de los pacientes. Además, cuanto más intensa era la tos al principio, más graves eran el resto de síntomas del reflujo.

El mecanismo tiene lógica. La laringe cuenta con receptores muy sensibles que disparan el reflejo de la tos ante cualquier irritante. Cuando el ácido y la pepsina los rozan una y otra vez, la tos seca se vuelve casi automática. No produce flemas porque no hay infección, solo una mucosa inflamada. Por eso los jarabes para la tos apenas sirven en estos casos.
¿Puede la ronquera persistente confundirse con una laringitis?
Sí. De hecho, el reflujo es una de las causas de laringitis crónica. Una ronquera que dura más de tres semanas sin catarro previo merece atención, sobre todo en personas que no fuerzan la voz. Conocer los distintos tipos de laringitis ayuda a separar una inflamación vírica pasajera, que cede en una semana, de una irritación química mantenida por el ácido. En el segundo caso, el reposo vocal alivia, pero las molestias vuelven en cuanto regresan las cenas copiosas y tardías.
¿Cuándo conviene pedir cita con el otorrino?
Si la voz tomada o el carraspeo duran más de un mes, lo indicado es acudir al médico de familia, que puede derivar al otorrinolaringólogo. Este especialista hace una laringoscopia, una exploración con una cámara fina que muestra el estado de las cuerdas vocales y de la garganta. Algunas señales obligan a ir antes: dificultad para tragar, pérdida de peso sin motivo, sangre al toser o ronquera en personas fumadoras. Ante estas alertas hay que descartar otras causas, como pólipos en las cuerdas vocales o tumores de laringe.
Hábitos que protegen el esófago y la garganta durante la noche
El tratamiento empieza por los hábitos. Muchos episodios de reflujo nocturno ocurren al tumbarse con el estómago lleno. Estas medidas reducen la cantidad de ácido que sube por el esófago:
- Cenar al menos tres horas antes de acostarse.
- Elevar el cabecero de la cama unos 15 centímetros.
- Reducir café, alcohol, chocolate, menta, picantes y fritos.
- Dejar de fumar, porque el tabaco relaja el esfínter esofágico.
- Perder peso si hay acumulación de grasa abdominal.
Los inhibidores de la bomba de protones, como el omeprazol, se recetan con frecuencia, pero su efecto sobre la voz es menor de lo esperado. Un análisis complementario de 2025 apuntó que la terapia vocal mejora más la voz, mientras que estos fármacos apenas lograron cambios. Por eso el abordaje suele combinar ajustes en la dieta, sesiones de logopedia y, si el médico lo indica, medicación durante un tiempo limitado.
La voz de la mañana como pista para el diagnóstico
Vuelve a esa reunión de las nueve y a esos tres carraspeos antes de hablar. Si la voz tomada aparece casi cada mañana, mejora a lo largo del día y empeora tras cenas abundantes, el patrón encaja más con el reflujo laringofaríngeo que con un catarro. Apuntar durante dos semanas la hora de la cena, lo que se ha comido y cómo amanece la garganta da al médico datos muy útiles. Con ese registro, la ronquera y la tos seca dejan de ser un misterio y pasan a tener un origen que se puede tratar.

Este texto es solo informativo y no sustituye la evaluación, el diagnóstico ni el seguimiento de un profesional sanitario. Si la ronquera, el carraspeo o la tos no desaparecen, pide cita con tu médico.









