El dolor de pantorrillas que aparece al caminar suele achacarse a la falta de forma física o a un día con demasiados pasos. Pero hay casos en los que la molestia sigue siempre el mismo patrón. Aparece tras recorrer una distancia parecida y desaparece al pararse. Eso puede indicar que la circulación arterial no lleva suficiente sangre a los músculos de la pierna. Los médicos lo llaman claudicación intermitente, y a menudo es el primer síntoma de una enfermedad vascular.
¿Por qué aparece el dolor de pantorrillas al andar?
Los gemelos y el sóleo trabajan en cada paso. Durante el esfuerzo necesitan más oxígeno, y ese oxígeno llega por las arterias de la pierna. A veces las placas de colesterol estrechan esas arterias, un proceso llamado aterosclerosis. Entonces el flujo sanguíneo alcanza en reposo, pero se queda corto durante la marcha.
Si al músculo le falta oxígeno, se acumulan sustancias de desecho que provocan un dolor tipo calambre, una opresión o una sensación de peso. Es una isquemia muscular pasajera. Al detenerse unos minutos, el músculo necesita menos sangre y la molestia cede. Ese ciclo de dolor y alivio separa el origen vascular de una simple sobrecarga después de entrenar.
¿Qué ha demostrado la investigación sobre los ejercicios de pantorrilla?
Una investigación publicada en 2025 siguió a 160 pacientes con enfermedad arterial periférica en estadio II, la fase en la que ya existe claudicación intermitente. Un grupo tomó solo la medicación habitual. El otro añadió elevaciones de talón y estiramientos de pantorrilla. El segundo grupo consiguió una mayor distancia de marcha antes del dolor. También caminó más rápido y tuvo menos síntomas.
Hay un dato llamativo. El índice tobillo-brazo, la prueba que compara la presión arterial del tobillo con la del brazo, no cambió entre los dos grupos. El ejercicio mejoró el rendimiento del músculo y su forma de aprovechar el oxígeno, aunque la arteria siguió igual de estrecha.

¿Cómo distinguir la claudicación del cansancio muscular normal?
Algunos rasgos apuntan a un problema de riego sanguíneo y no a la fatiga corriente de las piernas:
- El dolor aparece siempre tras recorrer una distancia similar, por ejemplo dos o tres manzanas.
- Desaparece en 2 a 5 minutos de reposo, incluso de pie.
- Empeora al subir cuestas, escaleras o al andar deprisa.
- La pierna afectada está más fría o más pálida que la otra.
- Los pulsos del pie se notan débiles o no se notan.
- En esa pierna crece menos vello y las uñas crecen más despacio.
Las agujetas, en cambio, aparecen después de un esfuerzo intenso y duran uno o dos días, también en reposo. Si los síntomas encajan con la lista, conviene saber más sobre la enfermedad arterial periférica, sus causas y los cambios de hábitos que frenan su avance.
¿Quién tiene más riesgo de sufrir mala circulación en las piernas?
La circulación arterial de las extremidades se deteriora más rápido cuando se suman varios factores de riesgo cardiovascular. Los más relevantes son estos:
- El tabaquismo, el factor más ligado a la obstrucción de las arterias de las piernas.
- La diabetes, sobre todo si la glucosa lleva años mal controlada.
- La hipertensión arterial.
- El colesterol LDL elevado.
- Tener más de 65 años, o más de 50 si además se fuma o se tiene diabetes.
- Haber sufrido un infarto o un ictus, porque la aterosclerosis rara vez afecta a una sola arteria.
¿En qué momento conviene pedir cita con el médico?
Un dolor de pantorrillas que vuelve cada vez que sales a caminar durante varias semanas merece una visita al médico de familia. Con una exploración de los pulsos y un índice tobillo-brazo, que se hace en pocos minutos en la consulta, puede confirmarse o descartarse la obstrucción. Algunas señales indican un estado más avanzado y requieren atención rápida:
- Dolor en reposo, sobre todo por la noche, que mejora al dejar la pierna colgando fuera de la cama.
- Heridas que no cicatrizan en los pies o los dedos tras dos semanas.
- Dedos que cambian a un color morado o negruzco.
- Una pierna que de repente se pone fría, pálida, sin pulso y muy dolorosa. En ese caso hay que acudir a urgencias de inmediato.
Andar sigue siendo parte del tratamiento
Puede sonar contradictorio, pero caminar hasta notar una molestia moderada, parar y reanudar la marcha es una de las pautas más respaldadas para la claudicación intermitente. Otra investigación en la misma línea indicó que el ejercicio en casa mejora la distancia caminada sin dolor, aunque se basó en pocos estudios. Si a esos paseos se suman dejar el tabaco y controlar la glucosa, la tensión y el colesterol, la circulación arterial de las piernas queda mucho mejor protegida.
Este contenido es solo informativo y no sustituye la evaluación de un profesional sanitario, ni tampoco su diagnóstico o seguimiento. Si notas dolor en las piernas al andar o tienes dudas sobre tu circulación, pide atención médica.









