La grasa visceral y la grasa subcutánea no se comportan igual en el organismo. Aunque ambas forman parte del tejido adiposo, su localización, su efecto metabólico y su relación con el riesgo cardiovascular son distintos. También cambia la forma de sospechar su exceso, y ahí el perímetro abdominal aporta una pista útil, aunque no lo cuenta todo.
¿En qué se diferencian la grasa visceral y la grasa subcutánea?
La grasa subcutánea es la que se acumula justo debajo de la piel. Es la que se puede pellizcar en el abdomen, los muslos o los brazos. La grasa visceral, en cambio, se deposita en el interior del abdomen y rodea órganos como el hígado, el páncreas y el intestino.
Esta diferencia importa porque no es solo una cuestión estética. La grasa visceral tiene mayor actividad inflamatoria y se relaciona más con resistencia a la insulina, alteraciones de la glucosa, triglicéridos altos, hipertensión y cambios en el metabolismo. La grasa subcutánea también puede aumentar con el exceso de peso, pero su impacto suele ser menos agresivo en comparación.
¿Cuál se asocia más con el riesgo cardiovascular?
Cuando se analiza el riesgo cardiovascular, la distribución de la grasa corporal pesa tanto como el número de kilos. Una investigación publicada en 2021 reunió 31 estudios prospectivos y observó que a mayor obesidad abdominal, mayor probabilidad de eventos cardiovasculares, con una relación progresiva a medida que aumenta la cintura. Puedes ver el hallazgo sobre el aumento del riesgo al incrementarse el perímetro de cintura.
Esto no significa que todo aumento del abdomen sea igual, pero sí refuerza una idea clave. La grasa visceral suele ser la más preocupante porque se asocia con inflamación crónica de bajo grado, peor perfil lipídico y mayor carga metabólica, tres factores muy ligados a infarto, ictus y enfermedad coronaria.

¿El perímetro abdominal sirve para detectar un problema?
El perímetro abdominal es una medida sencilla y práctica para valorar obesidad central en consulta o en casa. No diferencia de forma exacta entre grasa visceral y grasa subcutánea, pero cuando la cintura aumenta, la probabilidad de exceso de grasa acumulada en el abdomen también sube.
Si quieres profundizar en cómo se estima y qué hábitos ayudan a reducirla, en Tua Saúde explican cómo bajar la grasa visceral con alimentación equilibrada y ejercicio regular. Aun así, la medición aislada no sustituye una valoración clínica, sobre todo si hay hipertensión, diabetes o colesterol elevado.
¿Qué señales hacen pensar en un exceso de grasa abdominal?
No siempre da síntomas claros, por eso conviene fijarse en varios indicadores. El aumento del volumen de la cintura suele ser el dato más visible, pero no es el único.
- Cintura cada vez mayor, incluso sin gran cambio de peso.
- Analíticas con glucosa, triglicéridos o colesterol alterados.
- Presión arterial elevada de forma persistente.
- Antecedentes familiares de diabetes o enfermedad cardiaca.
- Sedentarismo, sueño insuficiente o consumo frecuente de ultraprocesados.
La grasa subcutánea puede notarse más al tacto, mientras que la grasa visceral pasa desapercibida con facilidad. Por eso una persona puede no tener obesidad marcada y, aun así, presentar un acúmulo abdominal relevante desde el punto de vista metabólico.
¿Se pueden reducir la grasa visceral y la grasa subcutánea?
Sí, pero la respuesta depende de los hábitos, del estado hormonal y del grado de exceso adiposo. La pérdida de peso sostenida, incluso moderada, puede mejorar parámetros como glucemia, tensión arterial y perfil lipídico, que suelen verse afectados cuando predomina la grasa visceral.
- Ejercicio aeróbico de forma constante durante la semana.
- Trabajo de fuerza para preservar masa muscular.
- Menor consumo de alcohol, azúcares y productos ultraprocesados.
- Mayor presencia de verduras, legumbres, fruta, proteína de calidad y fibra.
- Sueño suficiente y control del estrés mantenido.
Otra investigación de 2021 apuntó que la reducción del tejido adiposo visceral con tratamiento y hábitos es posible en personas con alto riesgo. El mensaje útil es este, el tejido abdominal no es fijo y puede disminuir con medidas bien dirigidas.
Entonces, ¿cuál es la más peligrosa?
La respuesta corta es clara, la grasa visceral suele ser la más peligrosa. Su cercanía a órganos internos y su efecto sobre la inflamación, la insulina, los lípidos y la presión arterial la convierten en un marcador más preocupante que la grasa subcutánea cuando se valora el pronóstico. El perímetro abdominal, las analíticas y el contexto clínico ayudan a interpretar ese riesgo con más precisión.
Este contenido tiene carácter informativo y no sustituye la evaluación, el diagnóstico ni el seguimiento de un profesional sanitario. Si notas aumento del abdomen o tienes dudas sobre tu estado de salud, busca atención médica.









