Hay enfermedades que avisan con dolor, con fiebre, con un síntoma que obliga a parar. Y hay otras que trabajan en silencio durante décadas, sin ninguna señal visible, hasta que producen un infarto o un ictus que parece llegar de la nada. La aterosclerosis pertenece a ese segundo grupo, y un estudio publicado en septiembre de 2026 en el New England Journal of Medicine acaba de demostrar con la mayor precisión hasta ahora disponible lo temprano que empieza ese proceso silencioso y lo extendido que está en la población adulta sin diagnóstico cardiovascular previo.
Qué es la aterosclerosis silenciosa y qué reveló el estudio REACT
La aterosclerosis es la acumulación progresiva de placas de grasa, colesterol y otras sustancias en las paredes de las arterias. Con el tiempo, esas placas estrechan el espacio por donde fluye la sangre y, si se rompen, pueden desencadenar un coágulo que produce un infarto de miocardio o un ictus. Lo que hace especialmente peligrosa a la aterosclerosis es que puede desarrollarse durante décadas sin ningún síntoma, y que muchas personas nunca desarrollan síntomas hasta que ocurre el evento cardiovascular agudo.
El proyecto REACT, liderado por los cardiólogos Henning Bundgaard del Hospital Universitario de Copenhague y Borja Ibáñez del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares de España, reclutó a 16.808 adultos de entre 18 y 70 años en Dinamarca y España, ninguno de los cuales tenía diagnóstico previo de enfermedad cardiovascular. Los investigadores utilizaron ecografía para buscar placas en las arterias carótidas del cuello y en las arterias femorales de las piernas, y angiografía por tomografía computarizada para examinar las arterias coronarias que irrigan el corazón. Los resultados de los 13.186 participantes con imagen completa de los tres territorios vasculares produjeron un mapa sin precedentes de la enfermedad a lo largo de la vida adulta. Entre los participantes con imagen completa, más del 57% de los comprendidos entre los 18 y los 70 años ya tenía signos de aterosclerosis, aunque su prevalencia variaba drásticamente según la edad y el sexo.

Los datos por edad y sexo que cambian la forma de entender la prevención cardiovascular
Las cifras que el estudio reveló por tramos de edad son las que producen mayor impacto sobre la percepción habitual de la aterosclerosis como una enfermedad de personas mayores.
Incluso entre los participantes más jóvenes, de 18 a 29 años, la aterosclerosis silenciosa ya estaba presente en aproximadamente 1 de cada 13 personas. Desde ahí, su prevalencia ascendió rápidamente: en los 30 años, más de un tercio de los hombres, el 34,6%, ya tenía placa detectable, frente al 21,3% de las mujeres. Los hombres desarrollaron ese patrón aterosclerótico antes, con una ventaja estimada de entre 5 y 10 años respecto a las mujeres. Las mujeres mostraron una aparición más tardía pero un ascenso más pronunciado a partir de la mediana edad. A los 60 a 70 años, el panorama se había revertido casi por completo respecto a la juventud: solo el 1,9% de los hombres y el 8,1% de las mujeres no tenían ninguna placa detectable.
La extensión de la enfermedad también aumentó con la edad. Entre las personas en la treintena, la placa en dos o tres de los territorios examinados se encontró en solo el 6% de los hombres y el 2,6% de las mujeres. A los 60 a 70 años, los tres territorios contenían placa en el 56,3% de los hombres y el 30,7% de las mujeres. Eso significa que a esa edad, la mayoría de los hombres no solo tiene aterosclerosis sino que la tiene en las tres localizaciones vasculares exploradas de forma simultánea.
El desajuste entre el riesgo estimado y la enfermedad real que los modelos convencionales no detectan
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio REACT para la práctica clínica es la comparación entre lo que las herramientas de evaluación de riesgo cardiovascular convencionales predicen y lo que la imagen directa de las arterias revela. Cuando el equipo comparó los resultados de las imágenes con el SCORE2, una herramienta estándar para estimar el riesgo cardiovascular a 10 años de un paciente, muchas personas con aterosclerosis detectable no eran consideradas de riesgo particularmente alto. Entre los participantes de 40 a 69 años, el umbral de alto riesgo del SCORE2 identificó solo al 1,9% de quienes tenían aterosclerosis silenciosa. En términos prácticos, ese dato significa que casi el 98% de los adultos de mediana edad con enfermedad arterial ya presente no serían identificados como candidatos prioritarios a la prevención intensiva por los modelos de riesgo actuales.
Para entender mejor qué es la aterosclerosis, cuáles son sus factores de riesgo modificables, cómo se diagnostica mediante imagen y qué tratamientos están disponibles para frenar su progresión, conviene revisar también las diferencias entre la aterosclerosis coronaria, la carotídea y la periférica en cuanto a manifestaciones clínicas y manejo.

Qué implicaciones tiene para la prevención individual y qué puede hacerse desde hoy
Bundgaard resume el significado del estudio con precisión: durante décadas, las decisiones preventivas se han basado en una estimación del riesgo, pero no se sabía si la enfermedad ya estaba presente. REACT demuestra que la aterosclerosis puede detectarse décadas antes de que aparezcan las manifestaciones clínicas. Ibáñez añade que el futuro de la prevención cardiovascular debe ser más preciso y personalizado: si se identifica la aterosclerosis en sus estadios más tempranos, se puede intervenir antes, ajustar el tratamiento de forma más eficaz y reducir la carga de la enfermedad cardiovascular.
Los investigadores son explícitos en señalar que los resultados actuales de REACT no implican que toda la población deba someterse de forma rutinaria a imagen de las arterias para detectar aterosclerosis. Esta fase del estudio fue diseñada para mapear la prevalencia de la enfermedad, no para demostrar que el cribado mejora los resultados de salud. Esa es la pregunta que el segundo fase del proyecto, un ensayo clínico aleatorizado, intentará responder. Lo que sí implican los datos es que los factores de riesgo modificables, la presión arterial, el colesterol LDL, el tabaquismo, el sedentarismo, el exceso de peso abdominal y la dieta, tienen un impacto acumulativo que comienza a producir daño arterial mucho antes de lo que los modelos de riesgo convencionales capturan. Actuar sobre esos factores en los treinta años, o incluso en los veinte, tiene un potencial preventivo que ningún tratamiento disponible en la madurez puede igualar.
Lo que el estudio cambia en la forma de pensar la salud cardiovascular a cualquier edad
La imagen más perturbadora que deja el estudio REACT no es la de los mayores de 60 con placa en las tres localizaciones vasculares. Es la del adulto de 35 años que hace ejercicio, no fuma, tiene tensión normal y se considera perfectamente sano, pero que estadísticamente tiene más de una probabilidad entre tres de tener ya depósitos de placa en sus arterias que no producen ningún síntoma y que ningún análisis de sangre rutinario puede detectar directamente.
Ese hallazgo no es motivo de alarma sino de acción: la aterosclerosis silenciosa en sus etapas iniciales es modificable. La dieta mediterránea, el control del colesterol LDL, el ejercicio aeróbico regular, el abandono del tabaco y el control de la presión arterial son las intervenciones con mayor evidencia de reducción de la progresión de la placa aterosclerótica. Como señala el equipo del REACT, la detección en adultos jóvenes puede identificar a una población con mayor riesgo a largo plazo en una etapa en la que el beneficio del control de los factores de riesgo parece mayor. La enfermedad no empieza con el infarto: empieza silenciosamente décadas antes, y las decisiones que se toman cada día sobre la alimentación, el movimiento, el tabaco y el control de la presión arterial son las que determinan hasta dónde llega ese proceso silencioso antes de que se manifieste.
Este artículo tiene una finalidad exclusivamente informativa y no sustituye la evaluación médica profesional. Para una evaluación individualizada del riesgo cardiovascular y orientación sobre las medidas preventivas más adecuadas para su perfil, consulte con su médico o cardiólogo.









