La artrosis de rodilla es la enfermedad articular más frecuente en mayores de 50 años y afecta con mayor intensidad a las mujeres, especialmente después de la menopausia. El cartílago que recubre los extremos óseos de la articulación se desgasta de forma progresiva, pero ese proceso no es inevitablemente rápido ni irreversible en todas sus fases. Los hábitos de movimiento, la alimentación antiinflamatoria y algunos suplementos con evidencia real pueden frenar la progresión, reducir el dolor y mejorar la funcionalidad de la rodilla de forma sostenida. Y el primer error que hay que desmontar es el más frecuente: creer que el reposo protege la articulación.
Por qué el ejercicio es el tratamiento más eficaz disponible para la artrosis
El cartílago no tiene vascularización propia y recibe sus nutrientes a través del líquido sinovial, que solo circula de forma eficaz con el movimiento. La inmovilidad favorece la rigidez, la atrofia muscular del cuádriceps, que es el principal estabilizador de la rodilla, y acelera el deterioro articular. Hacer reposo no protege la rodilla con artrosis: al contrario, es uno de los factores que más acelera su deterioro funcional.
Una revisión Cochrane publicada en 2023 que analizó 139 ensayos clínicos con más de 12.000 participantes confirmó que el ejercicio físico regular produce reducciones significativas del dolor y mejoras en la función articular en personas con artrosis de rodilla, con un tamaño de efecto comparable al de los antiinflamatorios no esteroideos y sin sus efectos secundarios gastrointestinales. Los ejercicios de bajo impacto son los más recomendados porque movilizan la articulación y fortalecen la musculatura sin generar carga excesiva sobre el cartílago ya deteriorado.
- Natación y ejercicio acuático: el agua elimina casi por completo la carga sobre la articulación gracias a la flotabilidad, permitiendo un rango de movimiento amplio sin dolor. Es la opción más recomendada cuando el dolor limita el movimiento en tierra.
- Caminata en superficie plana: treinta minutos diarios, aunque sean divididos en tres bloques de diez, mejoran la circulación del líquido sinovial, mantienen la musculatura activa y reducen la rigidez matutina.
- Fortalecimiento del cuádriceps: un cuádriceps fuerte actúa como amortiguador que reduce la carga directa sobre el cartílago. Los ejercicios más seguros son la prensa de piernas con carga moderada, las sentadillas parciales hasta 45 grados, la extensión de rodilla en máquina y la elevación de pierna recta.
- Bicicleta estática: genera movimiento de flexoextensión de la rodilla sin impacto axial. El sillín debe regularse a una altura que permita una flexión de rodilla no superior a 90 grados.
- Pilates y yoga adaptado: trabajan la flexibilidad, la propiocepción y la estabilidad articular sin impacto, mejorando el equilibrio y la coordinación.

Qué evitar para no acelerar el desgaste del cartílago
Algunas actividades y hábitos cotidianos agravan el deterioro del cartílago o aumentan el dolor de forma innecesaria. Correr sobre asfalto cuando ya hay artrosis establecida produce un impacto repetitivo sobre el cartílago deteriorado que acelera su desgaste. Subir y bajar escaleras de forma repetitiva y prolongada genera fuerzas de cizallamiento sobre la rótula. Permanecer de pie o sentado en la misma posición durante más de una hora sin moverse favorece la rigidez articular.
El sobrepeso es el factor modificable con mayor impacto sobre la progresión de la artrosis de rodilla: cada kilogramo de exceso de peso genera entre tres y cinco kilogramos adicionales de carga sobre cada rodilla al caminar. Una pérdida del 5% al 10% del peso corporal produce reducciones del dolor y mejoras de la función articular equivalentes a las de muchos tratamientos farmacológicos. Para entender mejor cómo se diagnostica la artrosis de rodilla, cuáles son sus grados de progresión y qué tratamientos están disponibles según el estadio, conviene revisar también los criterios que determinan cuándo el tratamiento conservador es suficiente y cuándo se indica la cirugía.
Alimentación antiinflamatoria que protege el cartílago desde dentro
La artrosis tiene un componente inflamatorio significativo. Una dieta que reduzca la inflamación sistémica de fondo no detiene el desgaste mecánico, pero sí puede reducir el dolor, mejorar la función articular y frenar la progresión al modular las citoquinas y las prostaglandinas que participan en la destrucción del cartílago.
- Pescado azul dos o tres veces por semana: el salmón, las sardinas, el atún y la caballa aportan omega-3 EPA y DHA que inhiben la producción de prostaglandinas y citoquinas proinflamatorias directamente implicadas en el dolor articular.
- Aceite de oliva virgen extra: el oleocantal, un polifenol presente en el aceite de calidad, tiene un mecanismo antiinflamatorio similar al del ibuprofeno a dosis bajas, sin efectos secundarios gastrointestinales.
- Cúrcuma con pimienta negra: la curcumina inhibe la enzima COX-2, implicada en la síntesis de mediadores del dolor. La piperina de la pimienta negra aumenta su absorción hasta en un 2.000%.
- Frutos rojos, cerezas y arándanos: ricos en antocianinas con efecto antioxidante y antiinflamatorio que reducen el estrés oxidativo en el tejido articular.
- Reducir ultraprocesados y azúcares refinados: que alimentan los procesos inflamatorios articulares y favorecen el aumento de peso que sobrecarga la articulación.

Suplementos con evidencia real para la artrosis de rodilla
El mercado de suplementos para las articulaciones es amplio y con frecuencia excede lo que la evidencia respalda. Estos son los que cuentan con estudios clínicos más consistentes.
- Colágeno hidrolizado tipo II: aporta aminoácidos que el condrocito utiliza como materia prima para la síntesis de colágeno articular. Un metaanálisis de 2021 encontró reducciones significativas del dolor y mejora de la rigidez con dosis de 10 gramos diarios durante al menos 12 semanas. Su efecto es más claro en artrosis leve o moderada.
- Glucosamina sulfato: el suplemento más estudiado en artrosis de rodilla. Los ensayos con glucosamina en forma de sulfato, a dosis de 1.500 mg diarios, han mostrado efectos modestos pero consistentes sobre el dolor y la función articular. La EULAR, la sociedad europea de reumatología, la incluye entre las opciones de tratamiento sintomático de la artrosis leve.
- Cúrcuma en extracto estandarizado: estudios con extracto de curcumina a dosis de 500 a 1.000 mg diarios han mostrado reducciones del dolor comparables a las del ibuprofeno en ensayos de 4 a 8 semanas, con mejor tolerancia digestiva que el fármaco.
- Vitamina D bajo indicación médica: su déficit, muy frecuente en personas mayores de 50 años, se asocia a mayor progresión de la artrosis y mayor intensidad del dolor articular. Un análisis de sangre previo es el único modo de saber si la suplementación está justificada y en qué dosis.
La artrosis de rodilla no tiene cura, pero sí tiene un margen real de manejo conservador que muchas personas no aprovechan porque nadie les ha explicado con claridad qué funciona y por qué. El movimiento adaptado, la alimentación antiinflamatoria y el control del peso son las tres intervenciones con mayor impacto documentado, y las tres están al alcance de cualquier persona independientemente de la fase de la enfermedad en que se encuentre.
Este artículo tiene una finalidad exclusivamente informativa y no sustituye la evaluación médica profesional. Ante dolor articular persistente o limitación funcional de la rodilla, consulte con su médico o reumatólogo para recibir un diagnóstico y un plan de tratamiento individualizados.









