El hígado puede sufrir daños durante años sin provocar señales evidentes. Esto ocurre con frecuencia en problemas como la esteatosis hepática asociada a disfunción metabólica, conocida como MASLD. Sin embargo, algunas molestias y cambios físicos pueden aparecer cuando existe inflamación o cuando la enfermedad empieza a afectar el funcionamiento del órgano. Reconocer cinco señales concretas puede ayudar a buscar una evaluación antes de que aparezcan complicaciones.
¿La fatiga persistente puede ser una primera señal?
La fatiga crónica es uno de los síntomas más frecuentes y, al mismo tiempo, uno de los más fáciles de atribuir a otras causas. Una persona puede sentirse agotada, tener menos energía para realizar actividades habituales o notar una disminución de su capacidad física sin relacionarlo con el hígado.
Una revisión publicada en Journal of Hepatology en 2024 analizó específicamente la fatiga en personas con enfermedades hepáticas crónicas. El trabajo fue realizado por un grupo internacional de expertos encabezado por el hepatólogo Zobair M. Younossi. Los autores explicaron que la fatiga puede aparecer incluso en fases tempranas y que su intensidad no siempre refleja la gravedad de la enfermedad. La investigación puede consultarse en el estudio sobre fatiga y enfermedad hepática crónica.
La fatiga, por sí sola, no permite diagnosticar una enfermedad hepática. Pero cuando es persistente y aparece junto con otros cambios, merece una evaluación médica.

¿Qué otros 4 síntomas pueden revelar un problema hepático?
Los cambios más llamativos suelen aparecer cuando el funcionamiento del hígado o el flujo de la bilis se ven afectados. Cinco señales merecen especial atención, aunque ninguna permite establecer un diagnóstico por sí sola.
- 1. Ictericia: la piel y la parte blanca de los ojos adquieren una coloración amarillenta debido a un aumento de la bilirrubina. Puede aparecer en enfermedades hepáticas, problemas de las vías biliares y otras alteraciones.
- 2. Molestias en la parte superior derecha del abdomen: algunas personas presentan dolor, presión o sensación de pesadez debajo de las costillas derechas. También puede existir aumento del tamaño del hígado.
- 3. Hematomas o sangrados con facilidad: las enfermedades hepáticas avanzadas pueden alterar la producción de proteínas implicadas en la coagulación y favorecer la aparición de hematomas o sangrados.
- 4. Hinchazón abdominal o de las piernas: la acumulación de líquido, conocida como ascitis cuando afecta al abdomen, puede aparecer en fases avanzadas de enfermedad hepática. También puede producirse edema en los tobillos y las piernas.
- 5. Cambios en la orina o las heces: una orina inusualmente oscura o unas heces muy pálidas pueden aparecer cuando existe una alteración en el procesamiento o el flujo de la bilis.
La presencia de estos síntomas no significa necesariamente que exista una enfermedad del hígado. Sin embargo, la aparición de ictericia, hinchazón abdominal importante, sangrado inexplicable o cambios persistentes en la orina y las heces requiere valoración profesional.
¿Puede la esteatosis hepática avanzar sin síntomas?
La esteatosis hepática es especialmente importante porque puede permanecer silenciosa. La MASLD está relacionada con factores como obesidad, diabetes tipo 2, resistencia a la insulina y alteraciones de los lípidos. Muchas personas pueden tener acumulación de grasa en el hígado sin experimentar dolor ni cambios evidentes.
El hepatólogo Zobair M. Younossi, profesor de Medicina y especialista en enfermedades hepáticas, ha dedicado gran parte de su investigación a la MASLD y a la identificación de las personas con mayor riesgo de progresión. En una revisión publicada en Liver International en 2025, Younossi y otros especialistas destacaron la importancia de la prevención y de identificar a los pacientes con mayor riesgo de fibrosis antes de que aparezcan consecuencias graves. La publicación puede consultarse en la revisión sobre prevención y manejo de la MASLD.
La preocupación principal no es únicamente la presencia de grasa. En algunas personas, la enfermedad puede progresar hacia inflamación, fibrosis avanzada, cirrosis y otras complicaciones. Por eso, la detección del riesgo metabólico y hepático tiene valor incluso cuando no existen síntomas.
Entre los factores que justifican una mayor atención se encuentran:
- Obesidad abdominal: especialmente cuando se acompaña de alteraciones metabólicas.
- Diabetes tipo 2: uno de los factores estrechamente relacionados con MASLD.
- Triglicéridos elevados: pueden formar parte del mismo perfil metabólico.
- Hipertensión arterial: suele coexistir con otros factores de riesgo metabólico.
- Antecedentes de enfermedad hepática: aumentan la importancia del seguimiento médico.

¿Qué pueden mostrar las enzimas hepáticas?
Las enzimas hepáticas forman parte de las pruebas utilizadas para investigar posibles alteraciones del hígado. La alanina aminotransferasa, conocida como ALT, y la aspartato aminotransferasa, o AST, pueden aumentar cuando existe lesión de las células hepáticas.
Sin embargo, estos valores no deben interpretarse de manera aislada. Un resultado elevado puede tener diferentes causas y un resultado dentro del intervalo habitual tampoco descarta todas las enfermedades hepáticas. Según el contexto, el médico puede solicitar bilirrubina, fosfatasa alcalina, gamma glutamil transferasa, albúmina y pruebas relacionadas con la coagulación.
Cuando existe sospecha de MASLD, la evaluación puede avanzar hacia métodos no invasivos para estimar el riesgo de fibrosis. Las recomendaciones internacionales actualizadas en 2026 ponen especial énfasis en la estratificación del riesgo y en identificar a las personas con fibrosis significativa. La guía de consenso, en la que participa Younossi, puede consultarse en las recomendaciones internacionales para evaluar la MASLD.
¿Cuándo conviene consultar al médico?
No es necesario esperar a que aparezcan síntomas graves para controlar la salud hepática. Las personas con factores de riesgo metabólico pueden beneficiarse de revisiones periódicas, incluso cuando se sienten bien. La evaluación puede incluir antecedentes médicos, exploración física, análisis de sangre y, cuando está indicado, pruebas de imagen.
Una consulta adquiere especial importancia cuando aparece coloración amarillenta de la piel o los ojos, orina muy oscura, heces persistentemente claras, hinchazón abdominal, sangrado inexplicable o dolor continuo en la parte superior derecha del abdomen. La fatiga que persiste durante semanas también merece atención cuando no existe una explicación evidente.
El objetivo es detectar alteraciones antes de que evolucionen hacia fibrosis avanzada o cirrosis. En el caso de la MASLD, controlar el peso, la glucosa, los lípidos, la presión arterial, la alimentación y la actividad física forma parte de la prevención. Este contenido es exclusivamente informativo y no sustituye la evaluación médica; ante ictericia, sangrado, confusión, dolor intenso o hinchazón abdominal importante, es necesario buscar atención profesional.









